La Cabaña Brava - Despedida de Manolo Vazquez en Sevilla año1983 - La Cabaña Brava
www.mamboteam.com
La Cabaña Brava Advertisement
PORTADA arrow FOROS
jueves, 31 de julio de 2014
 
 
Menú principal
PORTADA
. : NOTICIAS
. : REPORTAJES
. : CRÓNICAS
. : OPINIÓN
LA TAUROMAQUIA
EL TAURONAUTA
FESTEJOS POPULARES
FOROS
DESCARGAS
GALERIA DE FOTOS
CONTACTAR
PLATAFORMA DE AFICIONADOS DE ZARAGOZA
RTV La Cabaña Brava
LCBTV 24 HORAS
LA CABAÑA BRAVA RADIO
LA CABAÑA BRAVA TV
VIDEONOTICIAS LCBTV
Blogs de socios
Don Pepe y Don Jose
"Corrochanito"
Cancionero Torero
Formulario de acceso
Don Pepe y don Jose
Blog de Corrochanito
Cancionero Torero
Ultimos Comentarios
RSS
Foros: Lo mas nuevo
La Cabaña Brava
Bienvenido(a), Invitado
Por favor Ingresar o Darse de alta.    ¿Te olvidaste de tu contraseña?
Despedida de Manolo Vazquez en Sevilla año1983 (1 Viendo) (1) Invitado
Ir al final Responder Favorito: 0
Tema: Despedida de Manolo Vazquez en Sevilla año1983
#464
aurelio (Usuario)
Expert Boarder
Mensajes: 84
graph
Usuario desconectado Haz clic aquí para ver el perfil de este usuario
Despedida de Manolo Vazquez en Sevilla año1983 hace 3 años, 9 meses Karma: -1  
http://videonoticiaslcb.blogspot.com/2010/10/videos-de-la-despedida-de-manolo.html#comment-form

Crónica de Vidal

Memorable despedida de Manolo Vázquez
JOAQUÍN VIDAL, ENVIADO ESPECIAL,
ELPAIS.es > CULTURA - 13-10-1983 - h.
Por la puerta del Príncipe salía a hombros Manolo Vázquez, después de haber protagonizado una tarde memorable. Su
despedida ha sido una continua apoteosis. Cuando su propio hijo le cortaba la coleta, rodeado de la cuadrilla y fotógrafos,
lloraba el torero y yo creo que llorábamos todos en la plaza. La emoción era incontenible. Las restantes cuadrillas, con
Anto ñete al frente, se romp ían las manos de aplaudir. Eramos conscientes de que habíamos vivido un acontecimiento
histórico y nadie quería abandonar los tendidos. ¿Qué había ocurrido allí?A las cinco en punto de la tarde, hora torera y hora
de romance, había comenzado el gran acontecimiento. Hubo un extraordinario tercio de quites en el primer toro. Manolo
Vázquez lo hizo por chicuelinas ceñid ísimas; Anto ñete, con verónica y media belmontina, que le salieron de antología. En la
muleta, el veterano maestro de San Bernardo empezaba a magnificar su despedida con un recital del toreo en redondo,
mediante tres series de alta escuela, rematadas con su torer ía peculiar. Este recital lo repetir ía en el quinto -el último toro de
su vida- el cual era complicado, violento y manso de los que se van del engaño, gazapón. Le hizo el toreo de frente que le dio
fama en su primera época. Alegraba con la voz, se cruzaba, y convertía el muletazo en un suave aleteo de fantasía.
Había brindado ese toro al público, en medio de una enorme ovación, a la que se sumó con los compases del pasodoble la
banda del maestro Tejera, y después de la clamorosa vuelta al ruedo, los aplausos no terminaban, sino que iban a más y eran
por bulerías. Hasta tres veces tuvo que salir al mism ísimo platillo a saludar y la plaza entera le aclamaba "¡torero!".
Pero la apoteosis se produjo en el tercero, un cinqueño terciado, manso, que acabó nobilísimo. O nobilísimo lo convirtió
Manolo V ázquez en los ayudados por alto ganando terreno y curvando a la cadera la trayectoria del viaje; los remates por bajo
en ligazón; las series de redondos y naturales. Del toreo puro hac ía esencia, y aquello ya no era torear, sino oficiar de
pontifical el rito de la tauromaquia. De frente o cargando la suerte, ligando pases de pecho de espeluznante exposición, pero
también de mágico dibujo. Lo tendidos se cuajaban de pa ñuelos la gente daba brincos y la Maestranza era un clamor:
"¡torero, torero!". Manolo Vázquez caminaba en majestad; ebrio de torería reemprendía el toreo de filigrana. Y además, pases
de pecho en vaivén, ligados, del corte de esos que han dado fama al torero de la vertical impavidez; hasta esos dio, a manera
de lección, y como con desd én. Un alarde de poderío, que abandonó, porque el toreo aut éntico, y el difícil, es el otro, el que
había desgranado y siguió desgranando después, en medio del delirio. La grandeza de la faena de Manolo Vázquez convirti ó
la Maestranza en un manicomio.
Anto ñete le brindó el quinto toro. Anto ñete tuvo una actuaci ón llena de detalles toreros y la gente le aplaudió a rabiar; pero
no redondeó su tarde. Aún no le ha llegado la hora de la despedida y ojalá esté lejana. Toreó bien a un toro manejable; no
redujo al manso del brindis, que escapaba del engaño; el último tenía mucha casta y no logró someterlo. Su vitola de gran
torero, sin embargo, supo entenderla el público, que le despidió con una fuerte ovación.
Y allí se quedaba la gente, en el graderío, remoloneando la salida, sin dejar de paladear la tarde memorable de Manolo
Vázquez, que ya es un torero para la historia. Yo no sé si es posible comprender lo que ayer llegó a crear en el albero de la
Maestranza. El tiempo, sólo el tiempo, podrá dar perspectiva a tanta grandeza.
La cuadrilla le sac ó a hombros
Eran las 19.20 horas cuando el hijo de Manolo Vázquez desprendía la coleta torera a su padre. Ambos se abrazaron. El torero
dio una vuelta al ruedo a hombros de su cuadrilla y ésta fue relevada para la salida por la puerta del Príncipe. Una multitud
acompañó al torero por el Arenal.Su primer toro lo brindó Manolo Vázquez a un amigo de Madrid, no taurino; el segundo, a
su hermana, y el tercero al público.
Manolo Vázquez, e1triunfo del toreo
JOAQUÍN VIDAL
ELPAIS.es > CULTURA - 14-10-1983 - h.
La memorable tarde de la despedida de Manolo Vázquez, el pasado día 12, en Sevilla, fue el triunfo del toreo, proclamado por
plebiscito. El maestro, firme en su propósito de completar una gran tarde, valent ísimo, inspirado, interpretaba las suertes
con perfiles antológicos y provocaba el entusiasmo de los tendidos. Pero ese mismo entusiasmo ten ía un significado de
primera magnitud: era la proclamación del toreo puro como base esencial de la fiesta; era el tácito rechazo a sustitutivos
enmascarados de alarde han invadido el espectáculo durante décadas.La proeza de Manolo Vázquez en la última tarde de su
vida torera conmovió la Maestranza, que estallaba de alegr ía y de emoción. No se puede estar más torero en la plaza; no se
puede estar más torero enAos tercios, en las suertes, en la lidia, incluso en las ceremonias y saludos. Tuvo contenida la
pinturería, que de natural le aflora, para que su actuación fuera más auténtica. Ni una sola concesión hizo a la galer ía.
Todo era lección: las distancias, los terrenos, la colocación; el mando, el temple, el ritmo de cada pase; los desplantes, el
dominio, la fantasía de los remates. Un conjunto armónico, perfectamente engarzado, desde el prirner muletazo hasta la
suerte suprema, que se producía en los medios, ligada a las anteriores; as í, segun dictan las tauromaquias más estrictas.
La del tercer toro adquirió caracteres de apoteosis. Jamás se habrá visto tal delirio en la plaza. En la segunda serie de
naturales ya estaba toda en pie, flameando pañuelos. Muchos espectadores daban saltos; todos aclamaban al torero, había
quienes se echaban las manos a la cabeza, y vimos Horar de emoción. Manolo Vázquez continuaba ligando pases llenos de
sabor y hondura; hize, un breve remedo del toreo de la verticalidad, con que otro pretende cimentar su fama; ebrio de
torería, se contoneaba ante la cara del toro, y mientras tanto, el tendido, todos en pie, era un alboroto. " ¡Torero, torero!",
gritaban miles de gargantas hasta enronquecer.
Durante la mañana de la corrida, Manolo Vázquez había asistido a una boda. Se vistió de luces en el hotel Alfonso XIII, donde
almorz ó con el diputado Enrique Múgica y el senador José Cabrera. A las cinco en punto de la tarde pisaba el albero de la
Maestranza, mano a mano con Antoñete, el otro maestro que nos queda, y empezaba la sucesi ón de grandes emociones, que
no terminaría hasta después de su salida a hombros por la puerta del Pr íncipe. Saludó montera en mano tras el paseíllo e
invitó a su compañero a compartir los aplausos. Cuando terminó la vuelta al ruedo, tras cortar la oreja al quinto, las palmas
no terminaban, sino que iban a más, por buler ías, y hasta tres veces hubo de salir a saludar hasta el centro del ruedo. A
hombros por el Arenal, una multitud le aclamaba, y otra, que había llegado de todas partes para despedir al maestro no se
quería ir. "Ha sido,un sueño", decian. Y unos a otros se felicitaban por haber podido presenciar un acontecimiento
irrepetible. Manolo Vázquez se ha ido, pero su toreo -el toreo- ahí queda. Su últi a lección magistral fue la mejor de todas.
 
Reportar al moderador   Reporte guardado Reporte guardado  
  El administrador ha desactivado la escritura pública.
Ir al inicio Responder
Potenciado por FireBoardObtener las últimas entradas directamente a tu equipo
 
Top! Top!