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CONTRAQUERENCIA

Público, espectador, aficionado.

José Manuel de la Cruz Velasco

La presencia de las personas que concurren a una plaza de toros es tan fundamental que nada sería posible sin ellas. Por un lado crean un ambiente indispensable y apropiado para la celebración del festejo, y por otro, muy importante, lo sufragan adquiriendo y pagando las localidades.

La totalidad de personas que acuden a este lugar se pueden dividir en tres grupos, bien definidos desde el punto de vista de los conocimientos que poseen del festejo: público, espectador y aficionado.

Público.- Integrado por el conjunto de personas que asisten a un determinado lugar, en este caso a la fiesta de los toros. Se incluye a todo aquel que asiste a un espectáculo taurino, a una plaza de toros. Grupo variado, heterogéneo, dispar, que acude a la plaza de toros en una determinada fecha, día del patrón o de la patrona de su ciudad o pueblo. Representado por los habitantes de ese lugar y forasteros, gente llana toda ella, con escasos conocimientos, en general, de lo que van a presenciar. También se incluyen a esas personas "snobs" que por imperativo político, social, comercial u otros intereses se ven en la "obligación" de acudir a la plaza de toros.

El público, suele ser benevolente, bullicioso, sin criterio. Acude por inercia, por costumbre, junto con los "obligados por sus circunstancias", no importándole lo que sale por chiqueros, le da igual, "apechuga" con todo, observa lo que ocurre en el ruedo con especial "dulzura", siente predilección por aquellos toreros de "cuello muy largo", de sonrisa permanente, gestudos, que ponen banderillas, se colocan de hinojos, que prodigan los adornos, es decir; de los que practican un toreo muy superficial que causa una histeria colectiva llevando a la petición de trofeos sin "oste ni moste". Con gran frecuencia, el paso de estas personas por una plaza de toros es efímero, de año en año, cuando es la feria lugareña. La única huella que les deja aquello que han presenciado, si es que les deja alguna, son los "trofeos" cortados. Público que tendría que ser respetado y hacerse respetar, pero, por desgracia, es "víctima" de su propio "jolgorio". Es el preferido de algunos "profesionales taurinos".

Espectador.- Persona que asiste a un espectáculo, a una diversión o función celebrada en un lugar, en este caso a una plaza de toros, donde se congrega para presenciar la Fiesta, caus ndole deleite, asombro, etc.; es decir, un impacto a favor o en contra. En el caso de la fiesta de los toros es un grado m s de público, generalmente asiste a los toros por el poder de la atracción que estos le han causado en funciones anteriores. Suele tener algún conocimiento, aunque no profundo de la Fiesta, distingue la forma de actuación de los toreros, es m s exigente con el ganado, con los diestros y a la hora de sancionar la labor de estos. Los espectadores pueden acudir de vez en cuando, ser asiduos e incluso los hay que se abonan a una temporada o a una parte de ella, profundizando en las facetas que definen la Tauromaquia. Algunos espectadores pueden pasar a la condición de aficionados.

Aficionado.- Es el entusiasta de la fiesta de los toros, que conoce, comprende, valora y profundiza la técnica de la lidia, o que la practica, así como la riqueza cultural, histórica, científica, sociológica y demás facetas a que da lugar la fiesta de los toros. Es responsabilidad del aficionado consciente proteger la pureza, tradición, acerbo cultural e histórico de esta Fiesta tan singular, tan única. El aficionado, en la actualidad, intenta abrirse camino entre una maraña de apariencias e intereses contrapuestos, expone o intenta exponer sus ideas, sus experiencias que luego la "realidad", el "mundillo", se encarga tenaz e inexplicablemente de desbaratar, convirtiéndolo o intentando convertirlo en un ser ciego, mudo y sordo. De forma general sabe, en mayor o menor grado, los "secretos" que conoce el "profesional" del toreo. Error de estos "profesionales" es el despreciarlo, orillarlo, no dándose cuenta que el aficionado mantiene encendido el fuego de la Fiesta y que es el mejor propagandista de la misma, a través de sus comentarios allá donde se encuentre.

No todos los aficionados est n cortados por el mismo patrón a la hora de enjuiciar un espectáculo taurino:

- Algunos son estudiosos, objetivos, ven la Fiesta con un interés casi científico, van a la plaza sin tomar partido, ni por el toro ni por el torero, reparten sus gustos entre los dos, les gusta el toreo, la conjunción, el acoplamiento que emana del encuentro entre el toro y el torero, se pueden llamar toreístas.

- Otros tienen sus pasiones a flor de piel, algo consustancial con la Fiesta, orientando su comportamiento de distinta manera:

Tomando partido por el toro, serían los toristas.

Tomando partido por el torero, todo lo que hace el torero est  bien hecho, serían los toreristas.

- Otro grupo quiere una Fiesta perfecta, quieren un toro-toro, (huyo de un término tan subjetivo como es el trapío), armónico en su morfología, íntegro, con poder, sin debilidades ni otras "circunstancias", con comportamiento de bravo, aspecto de la conducta expresada por una fiereza contrarrestada por la nobleza. Desean el cumplimiento del reglamento y un torero que vaya siempre de "frente", sin una sola concesión al ventajismo, seria el aficionado exigente, lo cual no significa intransigente.

- Grupo mas radical es aquel que busca siempre el fraude, el que persigue y denuncia las "trampas", el que aplica la máxima de "todo es estafa", es el grupo de los acusadores permanentes. Si bien hay que estar alerta, sobre todo en los tiempos actuales, no es menos cierto que hay que manifestarse, actuar cuando se debe, no cuando se quiere por capricho; es de sentido común el manifestarse a tiempo y con argumentos.

Considero que el aficionado debe participar de las ideas de cada grupo y así manifestarse con pasión, rigor y criterio ante una Fiesta caracterizada de siempre por la autenticidad, el riesgo, el valor y la emoción.

 

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