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Javier Sesma

PUNTO TOROS  Zaragoza, 4 de marzo de 2.005                                                                           (nº 4)

 

EL CIRCUITO DE LOS RETIRADOS

 

             El pasado sábado me fui con mi mujer a Madrid a ver el Festival del Padre Arrupe, por que tenía hambre de toros.   Se estaban pasado las canales del invierno y no había visto más pitones que los de las infumables corridas que nos trasmiten desde Méjico a través de “Galavisión” y necesitaba “meterme en vena” algo más sólido y más auténtico.

            Confieso que me ilusionaba ver de nuevo a “Joselito” -para qué nos vamos a engañar- y el madrileño no me defraudó.  ¡Cómo toreó con la mano izquierda!, ¡qué maravilla!.

            Mientras saboreaba este tipo de toreo, me preguntaba ¿y por qué tengo yo que renunciar a esto?.   La respuesta era obvia, por que “Joselito” está retirado… y con razón.      Un torero que ha ganado muchísimo dinero y llega un día en que le pesa el vestido de torear, debe retirarse.

            El problema de los toreros veteranos es que “tienen” que dejarlo pero no “pueden” dejarlo.   En la mayoría de los casos, después de un tiempo más o menos largo, el “torero” renace desde dentro y empieza a pelearse con el “hombre” en el que reside.   El corazón vuelve a pedirles guerra, mientras que la cabeza les aconseja paz.   Y empiezan los problemas de depresión, se les avinagra el carácter, comienza su aislamiento del resto de género humano y empiezan a considerar que la única alternativa que les queda es volver a torear de nuevo, a pesar de no estar preparados para ello.   No hace mucho, un veterano matador de toros retirado me confesaba que se encerrada en su finca ganadera para no hacer daño a los suyos, por que se le había quedado un genio de mil demonios.  

            Y, quizás, la solución a todo esto no sea tan complicada.    Si uds. se dan cuenta, los festivales cumplen perfectamente con las circunstancias que resolverían este problema.  En este tipo de festejos los toreros retirados (pero aún en buenas condiciones) matan el gusanillo, por que se visten de corto.  Pero lo hacen sin pasar miedo y sin sentir la responsabilidad del público al torear novillos arregladitos… y, al hacerlo con este material tan propicio, les aflora lo mejor del toreo que llevan dentro, ese que todos los toreros guardan para sí pero que, casi siempre, el miedo impide que salga a la luz.

            Además de las razones apuntadas, este tipo de festejos cumplirían otras importantes funciones: Primera, que promoverían la asistencia del público al ser más baratas las entradas;  segunda, que permitirían a los ganaderos dar salida a buenos novillos que no se hubieran podido lidiar en festejos oficiales por falta de hechuras, quedándonos los aficionados sin disfrutar de la bravura y la nobleza propias de su hierro;  tercera, que los ganaderos modestos y sin nombre podrían lidiar sus reses en la esperanza de que un triunfo sonoro les coloque en el circuito principal, aprovechando que uno de sus novillos lo lució un gran matador de toros, cosa que nunca hubiera ocurrido si no hubiera sido a través de  un festival; y cuarta, que, si el festejo produjera beneficios, éstos quedarían como legítima ganancia del empresario que montara el espectáculo o, en su caso, podrían ir a parar a alguna obra caritativa o alguna ONG que tuviera problemas económicos.

            Y fíjense que a este tipo de festejos les estoy llamando “festivales”, a secas, no festivales benéficos por que se podrían organizar (por que nó) sin un propósito benéfico concreto.  Imagínense, por ejemplo (y me lo estoy inventando) que pudiéramos anunciar un festival en Calatayud el segundo domingo de mayo que no hay toros en ninguna otra plaza aragonesa.   Se podrían lidiar novillos de deshecho del hierro del “Marqués de Domécq” (…o de la ganadería de “Juan Pérez López” de Orense, pongamos por caso) para los espadas retirados: Curro Romero, “Espartaco”, “Joselito”, Emilio Muñoz y “El Tato” acompañados del novillero de la tierra “El niño del Jalón”.    ¿Se lo imaginan?.

 

            Sería una especie de “tercer circuito” independiente de los escalafones y estadísticas oficiales, donde los toreros volverían a hacer el paseíllo en una plaza de toros y sentirían de nuevo el calor de los olés del público cobrando sólo los gastos.    Las cuadrillas torearían percibiendo sus honorarios correspondientes.    Los ganaderos de campanillas lidiarían sus buenos novillos en vez de mandarlos al matadero por feos, o los más modestos tendrían la ocasión de mostrar a los aficionados lo mejor de sus dehesas.   Probablemente, algún empresario inteligente ganaría sus buenos dineritos o alguna buena obra recibiría una ayuda económica, que le vendría de perlas.    Pero, sobretodo, los aficionados tendríamos ocasión de paladear un tipo de toreo que se ve raramente en un festejo… de los llamados oficiales.

            Si, ya se que es una utopía, pero… ¡a que sería genial¡.

 

PUNTO TOROS   Zaragoza, 11 de marzo de 2.005                                                                         (nº 5)

 

ASOCIACIONISMO CONTRA TODOS LOS PODERES

 

            Toda la vida hemos acusado al mundo de los toros de inmovilista y siempre hemos pensado que si seguía siendo tan egoísta e individualista como hasta ahora, podría ocurrirle que, ante un enemigo común y poderoso, fuera arrollado sin contemplaciones.   Y, mira por donde, el tan temido cataclismo ha venido disfrazado de “lengua azul”.   Pero ante esta circunstancia ha ocurrido un hecho singular; cuando todos pensábamos que la clásica indolencia del sector taurino iba a consentir que el problema le golpeara con fuerza quedándose cada cual agazapado en su madriguera, en ese momento los empresarios, toreros y ganaderos -sin excepción- se han cogido del brazo y, pidiendo ayuda a sus colegas de otros sectores económicos y empresariales, están plantando cara a la Administración.

            El pasado lunes, la ANOET (Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos), o lo que es lo mismo los grandes empresarios taurinos españoles, organizó una Asamblea informativa en la sede central de la CEOE, es decir de la gran patronal española, con la presencia y apoyo de la Asociación de Jóvenes Agricultores y la Federación de Restauradores y Hosteleros por estar económicamente implicados en el problema.  En una palabra, que, por primera vez, el mundo del toro y el mundo empresarial no taurino, están haciendo frente común contra la Administración del Estado, defendiendo un problema de la Fiesta.

            El portavoz de la Asamblea, Oscar Chopera (coempresario de la plaza de Zaragoza) manifestó que el mundo de los toros no tiene un interlocutor válido ante la Administración que cumpla sus dos cometidos básicos: ser un ágil y eficaz canal de comunicación con el Estado y un firme defensor de la Fiesta ante los poderes públicos.   Es por eso que se solicitó la creación inmediata de una Secretaría de Estado para el mundo de los toros que dependiera directamente del Mº de Cultura, para que se ocupara de eliminar el actual proceso de asfixia y discriminación administrativa que sufre el entorno taurino.

            En la Asamblea también se habló largo y tendido del problema de la “lengua azul” y se propusieron una serie de medidas urgentes que ayudarían a paliar el posible desastre que se avecina.  Estas medidas serían mínimas e indiscutibles y deberían entrar en vigor con la publicación de la próxima Orden del Mº de Agricultura prevista para el 31 de marzo.    Se exigió la clasificación de las plazas de toros como tales y no como mataderos.   La inclusión de todos los espectáculos taurinos en las Órdenes del Mª de Agricultura y no sólo las corrida de toros y las novilladas.   La autorización del retorno de las reses no lidiadas a sus ganaderías de origen.  La creación de un sistema que permita salir a las reses de lidia de las zonas infectadas y, por último, la autorización para que se puedan correr reses bravas por las calles.

            Se informó también de que hace meses que se ha solicitado una reunión con el Pte. del Gobierno y con los titulares de los Ministerios de Agricultura e Interior, sin resultado alguno.   Pero fíjense si la asamblea ha sonado en las alturas que, aquella misma noche, la Ministra de Agricultura hizo una llamada telefónica interesándose por lo que allí se dijo y que dos días más tarde la Directora General de Sanidad Animal de ese Ministerio se reunió oficialmente con representantes de ANOET para tratar de encontrar soluciones conjuntas.  Y eso no es todo, el Partido Popular informó ayer que, a través de su portavoz en el Senado, el gran aficionado Pío García-Escudero, preguntará en el próximo pleno a la Ministra de Agricultura si va a atender las sugerencias realizadas por ANOET y la Unión de Criadores de Toros de Lidia.    Todo un record de velocidad, después de tantos oídos sordos.

                        En definitiva, que cuando creíamos que el mundo taurino no sería capaz de reaccionar con rapidez ante un  grave problema, tenemos que reconocer que, como dijo en su día el gran Galileo… “y sin embargo se mueve”.

            Pero hay más noticias dentro de esta naciente tendencia asociativa en torno de la Fiesta y esta vez en nuestra ciudad.    El pasado miércoles se presentó la “Plataforma en defensa de la plaza de toros de Zaragoza” colectivo en el que están integradas, hasta el momento, un buen número de asociaciones y peñas taurinas del entorno capitalino.

            Después de varias reuniones han consensuado siete puntos básicos que giran alrededor de la plaza de toros zaragozana de la Misericordia y quieren invitar al resto de los colectivos taurinos para que se integren en la Plataforma, con el fin de seguir discutiendo, ampliando y desarrollando estos principios de acuerdo, así como para aunar esfuerzos de cara a la defensa de sus intereses… que son en definitiva los intereses de la Fiesta.

 

 

PUNTO TOROS  Zaragoza, 18 de marzo de 2.005                                                                         (nº 6)

 

LAS ILUSIONES DE LOS TOREROS

 

            Estos, son días de esperanza para muchos toreros.   Da lo mismo sin son matadores, novilleros o rejoneadores.   Me refiero a esa larga lista de chavales que flota entre los puestos de la parte media de sus escalafones respectivos, malviviendo de su arriesgada profesión y jugándosela en las contadas tardes en que les dejan hacerlo, soñando con ocupar esos puestos de honor que les permita, por fin, hacerse ricos y firmar autógrafos.

            Este año no han toreado todavía.  Tampoco esta vez se han visto anunciados en Valdemorillo, ni en Ajalvir, ni en Olivenza, ni, mucho menos, en Castellón.   Sus apoderados les han dicho que no hay dinero para montar “gaches”… ni siquiera al 33.   Algunos han podido tentar en casa de ganaderos amigos y, a estas alturas, ya están cansados de entrenar de salón.

            Se han cortado la barba que se dejaron en otoño y se han pelado las melenas que tanto les favorecían y, desde el mes pasado, también han colgado la escopeta de caza.    Y es que se ha terminado el largo invierno.

            A la mayoría ya se les ha pasado el cabreo de aquella mañana en que su apoderado les presentó las cuentas de la temporada anterior y comprobaron que, en el mejor de los casos, solo les había quedado para pagar a Hacienda.

 

            Pero este es el principio de una nueva temporada y piensan que hay que hacer borrón y cuenta nueva.   Y te cuentan que este año se van a hacer dos vestidos nuevos, uno azul marino -como el que llevaba “El Juli” aquella tarde ¿te acuerdas?- y otro verde manzana, que dice mi madre que me alarga la figura.   Y les vuelve a hervir la sangre.   Y vuelven a soñar con toros perfectos, que embisten perfectos, en una tarde perfecta.    El otro día les llamó el mozo de espadas y les dijo que ya tenía hecho el esportón y que estaba a sus órdenes.    Y sus apoderados llamando y llamando y llamando…  

            Afortunadamente, notan con ilusión que les retorna el miedo y vuelven a sentir que el estómago se les encoge.   Y cada minuto, cada segundo, piensan en lo mismo… ¡verás cuando deje de ser yunque y sea martillo ¡más de uno se va a enterar!   Y se duermen cada noche soñando con la misma maravillosa obsesión… ¡este año, voy a romper, seguro!.

            Ellos no quieren saber nada de la “lengua azul”, ni tampoco quieren enterarse de que existe una Administración que graba con los impuestos más altos posibles el mundo de los toros, a la vez que subvenciona con disparatados caudales públicos la industria del cine, aunque la Fiesta arrastre mayor número de espectadores e ingrese muchísimos más impuestos que el llamado “séptimo arte”.

            Y, mucho menos, quieren saber nada de esos empresarios que nunca habían movido un dedo para dignificar el mundo taurino ante los Poderes Públicos y ahora, cuando ven peligrar sus bolsillos, proclaman a los cuatro vientos la Guerra Santa contra la Administración.

            Ni de esos “ganaduros” -perdón ganaderos- que por cobrar las subvenciones de la Unión Europea permitieron en su día que el toro de lidia se equiparara a las razas bobinas cárnicas y lecheras y ahora, con el problema de la “lengua azul”, se rasgan las vestiduras por que les obligan a tomar las mismas medidas sanitarias que están exigiendo a estas razas mansas.

            Ellos sólo quieren torear y hacerse ricos.   Lástima que, como en el cuento de la lechera, pueda venir alguien con muy mala baba… y hacerles añicos el cantarillo de sus ilusiones.  

 

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