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Javier Sesma

ANÁLISIS DE LA FERIA DEL PILAR 2.005

            La Feria del Pilar de Zaragoza 2.005 ha transcurrido, como todas las ferias largas e importantes, entre luces y sombras. Como dice el poema “ni bien, ni mal… una de tantas”.  Creo que no ha sido para tirar cohetes, pero tampoco para maldecirla.

            La verdad es que los aficionados no acogieron desde el principio los carteles con demasiado entusiasmo.  Algunos opinaron -como yo- que la feria era muy barata y “manifiestamente mejorable” y otros que, lamentablemente, no había más mimbres que estos y que con ellos la casa “Chopera” había tenido que hacer el cesto.  Unos y otros se quejaron -nos quejamos- de que se anunciaran ganaderías que habían fracasado estrepitosamente el año anterior y a algunos les hubiera gustado ver anunciados a dos tardes a las llamadas “figuras”.  En definitiva, la clásica división de opiniones en un tema tan subjetivo como es la Fiesta de los Toros.  Luego, el viernes día siete, sonaron clarines y timbales y la máquina se puso en marcha, dándoles la razón a unos y quitándosela a otros.  Como siempre.

            Analizando el tema ganadero, en mi opinión, la presentación de las reses ha sido generalmente aceptable, sobretodo si tenemos en cuenta las limitaciones impuestas este año por el problema de la “lengua azul” y las fechas en que se celebra el ciclo, época en que, como todos sabemos, lo mejor de las ganaderías ya ha sido lidiado.  Quizás alguno de uds. ignore que los actuales empresarios de La Misericordia dialogaron en su momento con los estamentos políticos responsables de los asuntos veterinarios de nuestra Comunidad, acordando, con buen talante por ambas partes, que convenía sacar -y cuanto antes- las corridas a lidiar en la feria que pertenecieran a hierros ubicados dentro de la zona restringida, evitando con ello, llegado el caso, que los encierros tuvieran que quedar el último día en sus respectivas dehesas, por motivos legales.  Así lo hicieron los “Chopera” y seis corridas -de las once anunciadas- estuvieron estabuladas desde primeros de septiembre en los corrales de plazas de su propiedad o regentadas por ellos, como son: Bilbao, San Sebastián, Logroño o la propia Zaragoza.  Exigir que los toros que han saltado al ruedo esta feria estuvieran totalmente rematados, después de haber permanecido prácticamente inmóviles durante más de un mes es, cuanto menos, intemperante.  Algunos toros perdieron más de cincuenta kilos en esas semanas.  Pensando en todo ello deberíamos respondernos a esta pregunta: ¿que hubiera pasado con la feria, si hubiera regentando el coso de La Misericordia otro empresario que no hubiera dispuesto de la misma infraestructura?. 

            En cuanto al comportamiento de los animales deberemos admitir que, naturalmente, ha habido de todo.  Hemos visto grandes toros que recordaremos durante muchos años y otros que han fracasado estrepitosamente, como esos tres toros “de la casa” que manifestaron una actitud tan rara.  De pitones, irreprochables.  De caídas, más que aceptables.  Suspenso en cuanto a remiendos de carteles -cinco ganaderías titulares sufrieron variaciones, por una u otra razón- y otro suspenso mayor en el tema de los toros devueltos, por que siete reses reintegradas a corrales son muchas reses para una feria como la nuestra.  De todas formas tardaremos mucho tiempo en volver a ver una corrida como la de Cebada Gago o una novillada como la de Daniel Ruiz que, sin ser completas, hicieron que nos reconciliáramos, durante un par de tardes, con la cabaña brava española.  Pasaron con buena nota los hierros de Murube y La Quinta, así como algunos toros de Lagunajanda -que, por cierto, ha sido sancionada por afeitar el año pasado en la plaza de Logroño-, Valdefresno, Mª Isabel Sistac de Luna, Ortigao Costa y Antonio Pérez de San Fernando.  No deberían volver por nuestra plaza las ganaderías de Martelilla, Garcigrande y El Ventorrillo.

            También ha habido baile de toreros, pero de eso poca culpa tuvo la empresa.  Si acaso podríamos acusarles de que las sustituciones siempre se han cubierto con coletudos más baratos y con menos interés que los sustituidos.  Muy positiva la presencia de toreros aragoneses en los carteles iniciales y plausibles las sustituciones cubiertas con toreros de la tierra. 

            En cuanto a la disposición de los toreros, a mí me ha parecido encomiable en líneas generales.  Han salido más matadores reforzados de la feria, que fracasados.  A mí entender, han pasado con buena nota: Alberto Álvarez, Paulita, Serranito, Cayetano, El Juli, Enrique Ponce, Antonio Barrera, Salvador Vega, Sebastián Castella, Antonio Ferrera, Luis Miguel Encabo y los rejoneadores Pablo Hermoso de Mendoza, Francisco Benito y Sergio Domínguez. Tampoco me olvido de los becerristas Alejandro Lalana y El Santo.  Pasaron de puntillas por una u otra causa: Daniel Cuevas, José Mª Manzanares, Eduardo Gallo, Miguel Abellán, El Fandi, Jesús Millán y Joao Moura.  Han perdido cartel en La Misericordia: Juan José Padilla, López Chaves, Jorge Jiménez, Antón Cortés, Serafín Marín y Pepín Liria.  Por otra parte, el hecho de que estuvieran acartelados los tres poderdantes de los “Chopera” y el de su gerente, no tiene nada de extraño. Esto está montado así y punto.  Ha sido una feria que se recordará durante muchos años por las faenas de Cayetano, Pablo Hermoso de Mendoza y Luis Miguel Encabo. ¿Podemos decir lo mismo de las ferias anteriores?.  Por cierto, como casi siempre, se ha lidiado fatal y se ha picado peor.

            El estado del ruedo ha sido pésimo -seguramente por la instalación de tarimas y otros artefactos en los festejos populares- lo que ha motivado que tres reses se lastimaran las manos y hubieran de ser sustituidas.  Y eso sí que es responsabilidad de la empresa.

            El siempre trágico capitulo de las cogidas se ha saldado con dos percances graves: el del buen subalterno Pepín Monge y el del becerrista francés El Santo.  Siempre resulta doloroso ver trabajar a D. Carlos Val-Carreres y a su equipo, aunque en esta ocasión el balance final es bastante aceptable.

            El público ha estado de dulce.  Se ha comportado como lo que es, un colectivo educado y paciente -creo que, a veces, demasiado “educado y paciente”- y que, teniendo momentos justificados para la crispación y el enfado, ha preferido siempre manifestar su desdén a provocar la bronca.  

            Es de suponer que la empresa no tendrá queja alguna de las taquillas que ha habido en los 27 festejos programados durante toda la feria… aunque este es un tema empresarial en el que no debería meterme.  Recordemos que los empresarios tenían que enjugar las pérdidas -no demasiado excesivas este año- derivadas del primer ciclo de la temporada.  Además, me imagino que las retransmisiones televisivas a través de TVE y TV Castilla-La Mancha, también habrán ayudado lo suyo a engrosar la caja de la empresa.

            Mal la exhibición de pancartas y el lanzamiento de octavillas desde la andanada, en contra de los hermanos “Chopera” y del Diputado Delegado de la plaza de toros.  No entro en si tenían o no razón en lo que decían, pero sus responsables debieron tener la gallardía de firmarlas e identificarse, como es lo correcto en un estado de derecho.  Además, su redacción fue ramplona y demagógica. 

            Los Presidentes y sus Asesores han estado más que correctos, salvando momentos puntuales.  Los Veterinarios tuvieron que tragar quina más de una mañana, pero quizás ha sido el colectivo que mejor ha comprendido la problemática ganadera que se ha vivido este año y, por ello, se ha mostrado más tolerantes que en otras circunstancias.

            Entonces, por todo lo que aquí he dejado expuesto, ¿quiere decir que a mí me ha gustado la feria?... pues no.  Rotundamente.  A mi modo de ver, el resultado artístico ha sido muy pobre.  Cortar 16 orejas de 110 astados (becerrada aparte) no puede dejar satisfecho a nadie.  Pero tengo que reconocer que la feria, en su análisis final, ha conseguido salvar los muebles.

            Sabemos que desde el pasado día 10 de octubre la empresa ha solicitado a la Diputación Provincial que se le conceda la última prórroga de su contrato y lo más probable es que ésta acceda a ello.  Yo no pretendo defender a los “Chopera” por su gestión en esta temporada -ni tampoco por la de las anteriores- pero cuando me pongo a reflexionar, llego siempre a la misma conclusión; sí ellos no son los empresarios idóneos para la plaza de Zaragoza… ¿quiénes lo son?.   Analicen uds. la vida y milagros de la lista de empresarios taurinos de éste país y comprobarán lo que anda suelto por ahí.   Y yo me preguntó finalmente: ¿y no hará más frío, fuera… que dentro?.

 

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