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CONTRAQUERENCIA

De toros de cartón, toros escombro y confabulados

Corrochanito

Durante la pasada temporada tuvimos la oportunidad de escuchar nuevos términos que añadir a los diferentes diccionarios taurinos.

Los nuevos vocablos taurinos recibieron la aportación del presidente de la D.P.Z. quien, durante una retransmisión radiada y para referirse a un marmolillo de la acreditada ganadería de Miura, acuñaba el término "toro de cartón". Y no le faltaba razón al edil cuando formulaba tal metáfora, pues no han faltado durante la pasada temporada verdaderos toros de cartón, infames bestias venidas de los despojos ganaderos y carentes de cualquier tipo de casta, bravura o cualquier otra cosa que teóricamente debiera encontrarse en el genotipo del toro bravo. Esos borregos o toros no se diferencian de un cárnico charolés si no es en el tamaño de las defensas, aunque como sigan afeitando al final también tendrán menos cuernos que esos bueyes dedicados al aprovechamiento de su solomillo. Toros de Guisando era la definición que realizaban los aficionados hasta este momento para describir estos seudo-toros, pero haciendo un análisis más completo tengo que descubrirme ante la definición dada por D. José Ignacio Senao, pues la blandura y carencias de estos animales no son propias del mármol o del granito de los toros abulenses.

Otra novedad aportada, ésta debida al saber popular, es la de toro escombro. Dícese de aquel toro o novillo que al simple contacto con los vuelos de los capotes se derrumba estrepitosa y repetitivamente, siendo observado desde los tendidos como una ruina andante y desde el palco presidencial como una posibilidad de resurgimiento inexistente.

Pero lo más gracioso es que ahora resulta que los confabulados son los aficionados y todos aquellos que osan protestar cualquier circunstancia en una plaza de toros, resulta que van a ella organizados contra la Fiesta Nacional. Esta nueva conspiración, que ahora en vez de ser judeo-masónica debe ser eco-comunista, consiste en acudir al coso taurino, pagando entre cinco y ocho mil pesetas, a protestar a los diestros, al empresario y al ganadero para acabar con la fiesta. Y yo que hasta ahora creía que los únicos confabulados eran los de la C.A.P.T. y resulta que estos son el bastión que defenderá la Fiesta de cualquier ataque externo.

Yo pensaba que los confabulados eran esos que nos suben el abono año tras año (a ver cuanto suben este año que ha bajado el IVA), esos que afeitan los toros y cuando son denunciados responden con querellas contra aquellos que cumpliendo su deber descubrieron la estafa, aquellos que dejan en el campo los mejores toros por no querer enfrentarse con ellos, aquellos que han convertido el primer tercio en la suerte suprema y que cuando sale un toro que aparenta algo lo matan ya para evitar problemas, aquellos que aburren a las moscas dando trapazos y se encaran con el respetable que se lo recrimina o aquellos que, sin tener ningún conocimiento de la lidia y los terrenos, se empeñan en mostrar las carencias del astado y no ocultarle los defectos así como no lucir nunca un buen toro, para no descubrir sus propias carencias.

Esos que habiendo visto mil toros golpear con sus pitones paredes, troneras, burladeros, chiqueros y puertas, intentan justificar que un toro se pueda escobillar los pitones con la guata del peto del caballo de picar. Esos sí que están confabulados.

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