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CONTRAQUERENCIA

Domecq: de lo bueno, lo peor

David Díez

Cuando hace 70 años un industrial bodeguero jerezano llamado Juan Pedro Domecq adquiría a Manuel Martín Alonso los resto de la que durante muchos años había sido la más prestigiosa ganadería del campo bravo español, la del Duque de Veragua, muy pocas personas podían llegar a imaginarse la enorme importancia, tanto cualitativa como cuantitativa, que poco tiempo después iba a alcanzar la descendencia de esta vacada, ligada hoy ya a más del 70% de las ganaderías de lidia existentes en nuestro país. Este artículo tan sólo pretende ayudar al aficionado a valorar la aportación real de este encaste a casi un siglo de fiesta brava.

Pero bien, volvamos a los orígenes. Como he señalado anteriormente los toros vazqueños del Duque de Veragua que durante muchos años habían sido los preferidos de matadores y aficionados de todo el país pastaban en 1930 en tierras toledanas, bajo la propiedad de Manuel Martín. La realidad es que para entonces hacía unos años que este encaste había dejado de gozar de las simpatías de los que ya en ese momento gustaban de imponer más de la cuenta sus preferencias a la hora de elegir el ganado destinado a ser lidiado, es decir los toreros. Ciertamente puede señalarse que el modelo de lidia que para esa época se estaba comenzando a fraguar- mas orientada hacia el lucimiento estético de los matadores y basada fundamentalmente en el tercio de muleta- no dejaba demasiado espacio para un encaste que, como el vazqueño, siempre había producido reses mucho mas dirigidas hacia el tercio de varas-el fundamental en los primeros siglos de la fiesta- que hacia el de muleta, al que solían llegar bastante aplomadas. Esta precisión previa me parece interesante para llegar a entender como a partir de una simple operación de venta de una ganadería, pudo, en poco tiempo, generarse la formación de un nuevo encaste con la extensión tan enorme que a final de siglo ha alcanzado. Quede claro por tanto, y ésta es una opinión puramente personal, que el contexto temporal en que el primer Juan Pedro Domecq decidió iniciarse en el negocio del toro bravo condicionó en gran medida la repercusión de su trabajo posterior. Esto no quiere decir que haya que negarle a su fundador, y posteriormente a sus descendientes, el mérito de saber entender y adaptar su trabajo en la línea que demandaba un nuevo y emergente modelo de tauromaquia.

Bueno, sigamos contando. Como era lógico, inmediatamente después de llegar a su nueva vivienda, la legendaria finca "Jandilla", Juan Pedro Domecq decide desprenderse de casi la totalidad de su legado "veragüeño", optando al mismo tiempo por incorporar a la ganadería un lote de 27 becerras y dos sementales, de nombre "Carabella" y "Llorón", todos procedentes de la vacada del Conde de la Corte. Posteriormente, en 1931, nuestro ganadero incorpora el toro de nombre "Chucero", mientras que, finalmente, en 1932, adiciona a su vacada el semental de nombre "Bodeguero", ambos también de procedencia Conde de la Corte. Fue, por tanto, una transformación total tanto en el aspecto físico como en el del comportamiento, que pasó de la poderosa mansedumbre de los antiguos "veraguas" a la nobleza encastada de los nuevos "juanpedros".

Herencia ducal

Siete años después de iniciarse en el negocio taurino fallece Juan Pedro Domecq de Villavicencio pasando en ese momento la ganadería a manos de sus hijos Pedro, Alvaro, Salvador y Juan Pedro, quienes, salvo este último, deciden desprenderse de su parte proporcional. Es por tanto Juan Pedro Domecq hijo quien en primera instancia mantuvo la llama de la ganadería paterna, enarbolando el histórico hierro de Veragua. Por su parte el resto de hermanos adquirían en 1940 la vacada de Ramón y Jaime Mora de Figueroa, de procedencia Gamero Cívico- Parladé, anunciándola a nombre de Hijos de Juan Pedro Domecq de Villavicencio. Esta sería la ganadería que años mas tarde daría lugar a la del marqués de Domecq.

Posteriormente, en 1955, otro de los hijos del primer Juan Pedro Domecq, Alvaro, decidía separarse del resto de sus hermanos y emprender el camino en solitario formando un nuevo hierro ganadero, el de "Torrestrella". Con un criterio nada conservador y dando muestra de un alto grado de conocimiento, es quizás este Domecq, Alvaro, quien represente la más importante aportación de esta familia a la moderna genealogía del toro de lidia. Buena prueba de ello es que el crisol modelado por este ganadero a partir de las aportaciones de reses de Veragua, Núñez y Juan Pedro persiste hoy con enorme fuerza en ganaderías tan destacadas como, por ejemplo, la de Cebada Gago.

Dos años después de la emancipación de Alvaro del núcleo familiar es Salvador quien decide aventurarse a intentar en solitario la tarea de formar una ganadería. En este caso decide ir a lo seguro y forma su vacada, "El Torero", con reses originarias de su hermano Juan Pedro. Finalmente, el último hermano en independizarse es Pedro, quien, tras el fallecimiento de su hermano Juan Pedro, adquiere, junto a nueve de los diez hijos de éste, el hierro de la estrella, formando la vacada conocida como "Jandilla".Por su parte, el décimo de los hijos de Juan Pedro, de su mismo nombre, fue quien mantuvo el viejo hierro del duque de Veragua. Mas tarde, en 1987, es el representante de "Jandilla" ,Fernando Domecq, quién tras adquirir el histórico hierro de "Zalduendo", crea, con su parte proporcional de ganado, la ganadería de su mismo nombre.

El toro para el torero

A pesar de ser infinidad las vacadas que en la actualidad portan en sus venas sangre Domecq no resulta nada complicado el definir la principales características zootécnicas y de comportamiento que configuran en el presente este encaste pues casi todas, de manera más o menos homogénea, responden fielmente al patrón que les dio forma. Sí sorprende en todo caso el nulo parecido que guardan actualmente estas reses con sus ancestros "parladeños" del Conde de la Corte. Así, en contraposición con éstos, el toro de Domecq es un toro mucho más fino y pequeño que el toro "condeso", además, y eso salta a la vista, de estar dotado de bastante menos cara que los del conde. En todo caso y pese a lo que pueda parecer en la actualidad no son tampoco los "domecqs" toros capaces de estar muy cargados de kilos, hecho éste que va en contra de su juego posterior en el ruedo. Es, por tanto, el toro de Domecq un toro bajo de agujas, descolgado de cuello, construido cuesta abajo, dotado de bonitas capas- abundan las coloradas, castañas, burracas y negras-, recogido, y, si no se le manipula artificialmente, astifino.

Más serios son, por contra, los toros originarios de las otras vacadas formadas por distintos miembros de la familia Domecq. Mis favoritos como aficionado son, sin duda, los preciosos burracos que cría Alvaro Domecq en su finca "Los Alburejos". Creo objetivamente que se puede hablar ya de un encaste propio al referirnos al creado por este ganadero jerezano en su ganadería de "Torrestrella". A partir de la combinación de las tres sangres que dieron forma a esta vacada Alvaro Domecq ha logrado un tipo de toro que, sin ser excesivamente descarado de pitones, sí que alcanza mayor desarrollo de éstos que en el resto de las vacadas de sus hermanos. Son toros, además, de un tamaño más que considerable, poseedores de un morrillo bien configurado, finos de cabos, de gran badana y dotados de una considerable y espectacular variedad de capas entre las que destacan las burracas y salpicadas, sobre todo en negro y cárdeno.

Otro de los hierro procedente de la separación familiar de los primeros miembros de la familia Domecq, él del marqués de Domecq, también ha aportado algunas variaciones morfológicas interesantes con respecto al resto de vacadas de esta procedencia. Son estos toros, los originarios de la ganadería del marqués de Domecq, animales mucho más serios que sus parientes "jandillas" y "torrestrellas", de considerable hondura y cuajo y con desarrollados y acapachados pitones. Lucen, normalmente, pelos castaños o negros y en menor medida salpicados y burracos.

En cuanto a su comportamiento en la plaza también existen diferencias apreciables entre las distintas ramas de este origen común, aunque eso sí, en mayor o menor grado todos destacan por su nobleza, lo que les ha hecho durante estos últimos setenta años contar con las preferencias de las principales figuras de cada época. Los de comportamiento más pastueño y dócil son, sin duda, los "juanpedros", que son toros dulces, bondadosos y caracterizados por tener una embestida suave y agradable. Los "torrestrellas",por el contrario, son reses más temperamentales y aparte de una apariencia más seria aportan un grado de nobleza encastada que los hacen más apetecibles para los aficionados al toro con más transmisión. Por último, los "tamarones" del marqués de Domecq, han sido tradicionalmente reses dotadas de un alto grado de raza, nobles, móviles y con un alegre tranco en la larga distancia.

El toro para el negocio

Como he manifestado anteriormente son innumerables las ganaderías que en la actualidad portan sangre Domecq en sus venas. El acceso a la profesión ganadera de personas sin ningún compromiso ético, el creciente poder de los principales matadores del escalafón en su demanda de un tipo de toro más colaborador y , por qué no decirlo, una falta de ética profesional por parte de los vendedores, ha conducido durante los últimos años a una loca espiral que desembocó en la enajenación de multitud de vacas, sementales y pajuelas cuyo destino natural hubiera sido el desecho. Sinceramente pienso que este hecho, aparte de haber procurado sustanciales ingresos a los poseedores de tan apetecible materia prima, ha supuesto una manifiesta irresponsabilidad cuyas graves consecuencias se están pagando en la actualidad.

En todo caso y por citar alguno de los hierros que se escapan de la mediocridad habitual entre los "sucedáneos" del encaste Domecq citaría, sin lugar a dudas, el de Cebada Gago quien incluso, en mi opinión personal , ha logrado superar a su predecesor de "Torrestrella". En la línea de los "juanpedros" pueden destacarse las vacadas de Domingo Hernández, Buenavista, Hnos. García Jiménez, Paco Ojeda, y poquitas más. Por último, entre los descendientes de los "torrestrellas" pueden resaltarse los pupilos de Cayetano Muñoz, Carmen Segovia, "Torrenueva" y Laurentino Carrascosa mientras que de las ganaderías de procedencia marqués de Domecq destacaría por encima del resto las de "Torrealta" y Sánchez Ibargüen.

 

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