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CONTRAQUERENCIA

 

Peligra la variedad de encastes en la cabaña de bravo

Hacia el toro único

David Díez

 

Que el toro forma parte de nuestro más valioso patrimonio nacional es un hecho que a estas alturas nadie puede discutir. Hoy resulta incuestionable que, junto al caballo de raza española y la oveja merina, el vacuno de lidia constituye la mejor aportación española al conjunto de la zootecnia del planeta.

Pues bien, a pesar de esta realidad y salvo que se produzca un milagro, gran parte de los encastes que configuran actualmente ese complejo mosaico que es la cabaña de bravo española parecen condenados a desaparecer, víctimas de la insensibilidad de aquellos que tan solo son capaces de ver la Fiesta como un lucrativo y próspero negocio.

 Tres siglos de toros

Es bien conocido que hasta la segunda mitad del siglo XVIII la función del toro de lidia en aquellos espectáculos en los que por entonces participaba era sustancialmente distinta de la que a partir de ese momento le correspondió jugar. Es a partir de entonces, hacia 1760, cuando las reses comienzan a seleccionarse en base a criterios muy definidos, en busca, fundamentalmente, de animales que facilitasen una ejecución brillante de las diversas suertes de la lidia. De este modo, en muy poco tiempo y a partir de aquellas ganaderías que mejores resultados estaban consiguiendo, quedaron constituidas las denominadas seis castas fundacionales del toro de lidia moderno: Jijona, Cabrera, Gallardo, Vazqueña, Navarra y Vistahermosa.

Desgraciadamente, hoy, casi doscientos cincuenta años más tarde, la conclusión no puede ser más preocupante pues cinco de aquellas seis castas fundacionales -Jijona, Cabrera, Gallardo, Vazqueña y Navarra- se encuentran extinguidas o en trance de extinción.

Pese a lo que pudiera parecer las causas de este auténtico "genocidio" son claras y sencillas: la fiesta se ha convertido en un simple producto de consumo, como lo son las llamadas "figuras" del toreo y, por supuesto, el toro de lidia. Esta evidencia ha dado paso a matadores incapaces de resolver los lógicos problemas de cualquier toro encastado, lo que a su vez ha propiciado que los jefes de este "circo taurino" -al mismo tiempo, y éste es el problema principal, apoderados y empresarios- hayan optado por facilitar al máximo la labor de su poderdantes, anunciándolos con toros cada vez más dóciles e inválidos.

Así, la realidad es tan desoladora como que perdida ya la casta Jijona, tan sólo la ganadería de Miura mantiene viva la de Cabrera lo mismo que ocurre con la vacada de Partido de Resina, último exponente de la casta de Gallardo. Algo más optimista es el an lisis de aquellos hierro que todavía albergan sangre vazqueña en sus venas, pues son todavía una docena entre las que destacan las de Prieto de la Cal, Concha y Sierra y María do Carmo Palha. Finalmente, tan sólo el gran arraigo que en diversas zonas del norte de España -especialmente Aragón y Navarra- mantienen los denominados espectáculos populares permite que en algunas ganaderías de la zona sobrevivan las últimas gotas de la otrora b sica casta Navarra, sin duda una de las reservas históricas de casta y bravura de la ganadería brava española.

 Un plato único, Vistahermosa

Como es lógico la pr ctica desaparición de cinco de las castas fundacionales del toro de lidia ha propiciado que la casi totalidad de reses que actualmente saltan a los ruedos de todo el mundo taurino provengan de un mismo tronco común, el de Vistahermosa. Es obvio, por tanto, que de esta raíz ganadera proceden aquellos encastes presentes actualmente de forma mayoritaria en nuestra cabaña de bravo, como son los de Atanasio-Conde de la Corte, Núñez y Domecq. Pero también proceden de Vistahermosa, y esto es quiz s lo mas importante, algunos otros encastes dotados de las mejores cualidades inherentes al toro de lidia. Entre estos pueden citarse los de Hidalgo-Barquero, Urcola, Villamarta, Contreras, García-Pedrajas, Murube, Guardiola-Soto, Gamero-Cívico, y muy especialmente aquel que de forma mas directa está  sufriendo la situación de acoso anteriormente descrita, el de Santa Coloma.

De la gravedad de la situación actual de este encaste da cuenta el hecho de que tan solo unas cien vacadas españolas, ya sea en estado puro o cruzadas, mantienen sangre santacolomeña. De entre aquellas que más recientemente han abandonado la cría de reses de este encaste deben situarse ganaderías otrora tan prestigiosas como las de Chopera, Daniel Ruiz, Carolina Diez Mahou. Los Eulogios y Enrique García Serna, mientras que otras como las de La Guadamilla, Sotillo Gutiérrez, Alipio Pérez Tabernero, Palomo Linares, Juan Luis Fraile o S nchez Fabrés se han visto obligadas a reducir de forma considerable sus reses de origen santacolomeño ante la imposibilidad de "colocarlos" en el mercado.

 

Condenados a desaparecer

Lógicamente, si mala es la situación del encaste matriz mucho peor resulta la situación de aquellos otros encastes que aun manteniendo características morfológicas y de comportamiento propias proceden directamente del encaste Santa Coloma. De entre estos merecen destacarse los de Saltillo, Albaserrada, Vega-Villar, Graciliano Pérez Tabernero, Coquilla y los ya desaparecidos de Dionisio Peláez, Félix Suárez y Cervantes.

Mención especial merece sin duda la situación en nuestro pais del encaste Saltillo. Este encaste, ampliamente mayoritario en la América taurina, donde su regularidad y nobleza le ha situado en cabeza de las preferidas de toreros y aficionados, en nuestro país este encaste se encuentra prácticamente extinguido debido fundamentalmente a los recelos que las "figuras" y sus apoderados muestran hacia cualquier toro encastado. Afortunadamente, la lucha de ese gran ganadero que es Moreno Silva está logrando el milagro de mantener a los serios y bonitos Saltillos en un destacado lugar entre las preferencias de los aficionados.

Tres cuartos de lo mismo se puede afirmar de la situación del encaste Albaserrada. Salvo esa especie de excepción como es el caso de la ganadería de Victorino Martín poco o nada de este importante encaste nos queda, salvo la reducida aportación de otros dos grandes ganaderos como son Adolfo Martín y José Escolar. Finalmente queda hablar del encaste Vega-Villar, uno de los más importantes durante la primera mitad del presente siglo. Lamentablemente en la actualidad estos bellos toros se encuentran marginados de las principales ferias y tanto las reses de origen Galache como las más encastadas de Sánchez Cobaleda sobreviven a duras penas, refugiadas en los festejos de rejones.

 

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