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CONTRAQUERENCIA

Los ganaderos

Emilio Pérez

Ganaduros

El concepto de bravura es muy relativo entre los ganaderos. Más aún si su afición queda guarecida tras el burladero del negocio. El toro se lidia, en la mayoría de los casos, si las "figuras" lo piden. O sea, la ley de la oferta y la demanda que obliga a muchos ganaderos a moldear su toro conforme a las pretensiones de algunos matadores. El toro que no estorbe, colaborador, obediente y que se deje. No se pueden firmar cien o más tardes y estar en todas delante del toro fiero y encastado. Son ganaderos que no tienen en cuenta para nada la suerte de varas, verdadero test de la bravura y que refleja fielmente la falta de casta y de fuerzas. Se quedan plenamente satisfechos si cualquiera de sus toros se deja pegar treinta muletazos en una faena ausente plenamente de emoción y llena de sosería y aburrimiento. Habrá un gran triunfo para el torero y el ganadero pensará que el próximo año deberá desechar menos vacas, ya que sus toros serán más demandados y la camada tendrá que ser mas larga. O sea, ganar más duros.

 Aprovechados

Hay ganaderos que, aunque en su mente tengan utopizado un tipo determinado de toro, cometieron un día el error de querer tener los encastes que demandaban las figuras. Desecharon lo suyo, porque no tenía venta, y compraron sangre de relumbrón y renombre. Por supuesto el vendedor no les vendió lo mejor de su camada sino el desecho de su selección; a estas vacas les echaron un semental grandón y con cara, para poder lidiar en plazas importantes. Los resultados son descastamiento, sosería, mansedumbre y falta de fuerzas.

Otros ganaderos, con buena base de casta y aupados por el éxito de un par de camadas, empiezan a tentar con algunas figuras, que visto que sus toros no se "comían" a nadie se anunciaron con sus ganaderías un par de tardes. Y empieza el bajón, porque, a ver quien le dice a una figura –durante una tienta, que más que tienta era una bulliciosa fiesta campera, entre invitados famosos y periodistas del papel couché– que el ganadero manda esa vaca, a la que enjaretó sesenta muletazos jaleados por tan "selecto" público, al matadero, porque, aunque en la muleta fue colaboradora y obediente, en el caballo se repuchó y dobló las manos varias veces.

Estos ganaderos son "aprovechados", porque aprovechan las ganaderías de moda para crear las suyas propias a partir de los desechos de las mismas.

 Ganaderos de lidia

También existe la mala suerte para aquellos ganaderos que cuidan todos los detalles, que en su casa mandan ellos, que no se dejan influenciar por las modas –ya que las ganaderías no saben de modas y el toro debería de ser siempre poderoso, codicioso, bravo o manso, pero por encima de todo encastado–, que consultan sus libros ganaderos, que en su casa no hay sitio para toros escobillados y mogones, que sus fincas son poco frecuentadas por los veedores y que hacen de las tientas un acto serio y accesible sólo a unos pocos.

Un semental que no liga bien con las vacas, un garbanzo negro, de una buena reata, un mal año campero, un semental cobardón que en la tienta estuvo bravucón y tapó todos sus defectos en un día en que los otros toros tentados eran peores_ y tantos factores que se escapan sin poderse corregir a tiempo. Otra desgracia para estos ganaderos es que echen un toro bravo y el torero lo tape, no lo luzca, lo masacre en el caballo y lo despache con un bajonazo tras una faena de alivio. Lo que lleva a la desesperación de ganaderos y aficionados que no pudieron disfrutar del toro, porque un torero desalmado y lleno de "canguelo" fue incapaz de someterlo, poderle y atemperar su casta.

Pero este ganadero puro del que hablamos seguirá criando, afortunadamente, un animal cuya bravura tendrá poco que ver con los conceptos anteriormente citados. Un toro que en su lidia tendrá que descubrir dos tesoros: por temperamento, su casta; o, por su comportamiento, su bravura.

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