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CONTRAQUERENCIA
 

PRIMER HECHO IMPORTANTE: BONIJOL.

 

Me da  cierta pena contemplar como el primer tercio de la lidia carece en la mayoría de corridas de la importancia extrema que desde mi punto de vista debería tener siempre. Las suertes de varas, desde mi modesto punto de vista,  son las más emocionantes junto con las de matar.  El toro en   varas aún conserva todas sus fuerzas, apenas ha sido castigado, tan sólo  algo de capote  siempre y cuando  le hayan buscado adrede las costillas y el respectivo quebranto.

 

El toro, en varas, con casi todas sus fuerzas y en su estado levantado arremete obligado por su bravura contra el caballo y a la pica que le castiga y a la vez ahorma. Es el tercio en el que el toro  manifiesta mejor su poder, su pujanza y  arrancada. Es el momento en el que ese poder se adivina como  de bravo o de menos bravo. El tercio de varas existe fundamentalmente para ahormar al toro, quiere esto decir para conseguir que el toro embista con el cuello recto y no de cabezazos hacia los lados, pero a su vez con ella mejor que con las otras suertes de la lidia se puede apreciar  la bravura y el poder que guarda el toro.

 

Me da mucha pena que una plaza como la de Bilbao en donde la presentación del toro todavía hoy es tema de conservación, no de un premio al mejor tercio de varas. ¿Qué pasa?. Hay premios al momento más redondo, al matador mejor vestido... y otra serie de martingalas. ¿Y al mejor tercio de varas?. Como si fuese sencillo o carente de importancia el picar en el morrillo a un toro grande como los de Bilbao cuando viene de lejos y al trote.

 

La base del toro de lidia radica en su poder. El poder no está bien definido si  simplemente se entiende como  la fuerza. El poder es la capacidad de imponerse y este lo tiene cualquier ser vivo, lo tenemos en mayor o menor medida todos. Cuando el toro de lidia reúne un considerable poder y además contiene el valor suficiente para ser ofensivo nos encontramos con el toro bravo. Si por el contrario contiene poder pero su condición es la de cobarde nos encontramos con lo que hoy llamamos toro manso.

 

A mí no me gusta llamar a los toros como mansos, aunque algunas veces lo haga para que  me entiendan. Como los antiguos pienso que el manso es sólo y exclusivamente el buey y que los toros de condición cobarde o reservona se deben  denominar como menos bravos: bravucones, huidizos, marmolillos... El termino manso es un cajón desastre donde caven muchos tipos de toros y por tanto lo deberíamos rechazar de nuestro vocabulario porque sólo nos conduce a equívocos. Aún resulta más estúpido calificar la mansedumbre como encastada con la formula: manso encastado.

 

El toro como decían los tratados antiguos durante su lidia pasa por tres estado. El Levantado, en el que está  sin fijeza y se corresponde más o menos con el primer tercio. El estado Parado que lo adquiere el toro cuando se fija. Y el estado Aplomado que es el estado en el que  comienza a desarrollar sus querencias.

 

La querencia no es sólo dirigirse hacia un lugar, hacia un sitio determinado de la plaza, ejemplo toriles. La querencia de un toro puede ser permanecer quieto en el mismo lugar que está. Los toros denominados como  marmolillos generalmente han entrado en su estado  aplomado y están desarrollando la querencia que antes les he comentado.

 

Los estados de los toros son muy importantes. Baste como las  tauromáquias antiguas nos decían que el toro debía morir justo antes de entrar en su estado aplomado. (Montes nos advierte que los estados de los toros no dependen de los pies del toro. Un toro puede llegar al estado aplomado manteniendo los mismos pies que en estado parado). Este último consejo es el que marca el momento de la suprema, es de mucha utilidad en los toros que enseguida  aprenden.

 

Volviendo a la suerte de varas, antaño con aquellos toros y sin peto era un espectáculo en el que el picador procuraba salvar el caballo para salvarse él. Los caballos eran apropiados para el toreo de la vara de detener, estaban bien domados y eran valientes. El resumen  la suerte era un tremendo acto en donde el toro ponía toda su fuerza y entrega  y el picador la vara en el morrillo y  la fuerza para detener y  expulsar por la cara. En aquellos tiempos del siglo XIX los picadores  cobraban más aún que los matadores e iban de oro  del mismo modo, debían  saber montar y picar en el morrillo; y por otro lado el caballo era siempre el apropiado.

 

Todo esto se fue pervirtiendo con el transcurso de los años hasta llegar a hoy. Actualmente  los picadores no toman  la alternativa de manos de otros picadores. Hace poco, antes de una  novillada  en Vic - Fezensac hablé con un picador francés: El Fritero. Un buen picador. Me recordaba con pasión y vehemencia sus tiempos jóvenes y como a él le dieron la alternativa. Recordaba con admiración a sus maestros y me contaba como  llevaban a gala quitarle mientras picaban la divisa a los toros para que les invitase el ganadero. La importancia de este tercio se está perdiendo en España pero  en Francia, gracias al cielo, no.

 

En Ceret hay un hombre que quiere cambiar la suerte de varas a mejor. Un criador de caballos que doma a los caballos intensamente para que piquen dando espectáculo, para que el picador esté seguro cuando los monte pero  a su vez el toro pueda en la  pelea  mover al jinete y equino. Sus  caballos están  hechos sólo para picar y para buenos jinetes. Su nombre es Bonijol y quiso ser torero. En la escuela de tauromaquia no le explicaron más razones para la suerte de varas que las que interesan al matador. Ahora piensa distinto.

 

Sus caballos son un espectáculo. Este año, en la feria de Vic por Pentecostés, un toro levantó de manos a uno de sus caballos, un caballo  bayo. El toro siguió empujando  al caballo cuando este  estaba sólo sobre sus pies. El caballo ando hacia atrás dos o tres pasos.  Cuando el toro comenzó a empujar con menor intensidad, el caballo ando hacia delante tan sólo con sus pies. Una hazaña en estos días. Me da pena  no poder recordar el nombre del picador y del caballo. No obstante me quito el sombrero y espero que algún fiel lector que estuviese allí aquel día me lo pueda comunicar.

 

Bonijol poco a poco va entrando en las plazas del sur de Francia. En Ceret lleva muchos años dando espectáculo, en Vic ha ido este año por  primera vez obteniendo un éxito muy grande. En la corrida de Cebada Gago, una vez que salió el mayoral de la ganadería  a saludar, la plaza puesta en pie gritaba: ¡Bonijol!¡Bonijol!... Y Bonijol salió a saludar, bien se lo merecía, fue   uno de los grandes triunfadores de Vic-Fezensac ese día y en la feria. Un día irrepetible que nos quedará siempre en la memoria a los que la dicha nos hizo estar allí.

 

Bonijol está  picando con un peto más ligero, un peto de otro material. Por cierto este año he ido a tres corridas de Cebada Gago de momento: Vic, Pamplona y Bilbao. Las tres muy interesantes. Vuelvo a ser seguidor de Cebada.

 

En la feria de Pentecostés de Vic me enteré que había acudido gente de Arnedo. Incluso a un amigo y muy buen aficionado francés, alias el Papa de Foie, le invitaron a ir a Arnedo en septiembre y le dieron un pinck del club Taurino. Me resultaría muy agradable que  hubiesen tomado nota de esta sensacional cuadra de caballos con el fin de llevarla a picar a Arnedo. También espero que tomara nota el que  creo es vicepresidente de la peña Cocherito, pertenece a  la junta Administrativa de la plaza de Bilbao, en el apartado de Bilbao se coloca detrás del ponente y  algunas veces preside en Vic.

 

Bueno y ya para terminar. Un  deseo para reyes: Que nos traiga la empresa de Zaragoza  a esta Inmortal, Leal, Muy Noble... ciudad de Zaragoza la cuadra  de caballos de Bonijol. Cuadra y todo dicho sea de paso que ganó un premio en una corrida concurso de toros y de cuadras de caballos aquí no hace muchos años.

 

Para terminar una cita sobre la suerte de varas:

 

“ Trasplantada del histórico toreo a caballo, la suerte de varas brilló en el preludio de las corridas a pie. Pero los azares y desventuras del asendereado primer tercio, o tercio de varas y de quites, sobrevienen muy aína. Mientras reciente el trueque de la vara larga por la puya, el picador, resabio del caballero y del garrochista, monta y pica, puede atender al doble y clásico cometido: “salvar el caballo, salvándose”. La suerte resulta entonces “varia, gallarda, entretenida y útil”. Sin embargo, en seguida degenera hacia un logro más simple: “ entregar la montura al toro para ponerse a salvo”. Al caballo robusto y domado lo reemplaza el penco de desecho. Y durante más de un siglo, el espectáculo, tildado a menudo de “zafio, triste, cobarde y repulsivo”, es oprobio de las fiesta y blanco directo de sus aristarcos.

 

Con todo ello, la pelea de varas al desnudo no deja de dar la tónica de las corridas, ni de ser la piedra Lydia de la lidia, anticipo de las cualidades del lidiador; banco de pruebas de la bravura del toro, cuyo número de varas y modo de tomarlas calificaba su nota y, en caso extraordinario, su fama. Más bárbara y cruel, aunque bizarra y necesaria, el gesto de repulsión a través de las varillas de un abanico real, secundado por la nueva sensibilidad y nuevo ambiente de la concurrencia nueva, nutrida de féminas y extranjeros, aconseja al poder público, que ya  lo tiene en  las cajas de su Gaceta el peto protector de los caballos, mal que mixtifique la suerte de varas, ha tiempo de desnaturalizada y en quiebra.

 

Desde  luego que el modelo aprobado definitivamente dista mucho de la muralla en la que habrá de transformarse – duplicando su peso reglamentario – por obra y gracia del progresivo engorde del murillo y  alargamiento de sus haldas (...)

 

El peto y la puya de tres filos, las rebajas de peso y de edad, le han dado media estocada a la fiesta de los toros. Las manipulaciones fraudulentas y la selección de casta a la inversa, la apuntillarán. Y dentro de unos años ya no será cuestión si lo que se hace es mejor o peor que lo que se hacia en orden al arte, sino lo que se irá dejando de hacer: ni varas, ni quites, ni banderillas realmente maestras, ni verdaderos volapiés... Eso  y la ausencia del tuétano de la fiesta: la emoción.

 

Pues que Dios me ha alargado la vida hasta conocer las consecuencias permítaseme adelantar las concausas.”

(Memorias de  Clarito, Cesar Jalón)

 

Olegario “el ole”. Zaragoza 27 de Agosto de 2004.

 

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