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Luis Alonso Hernández

LA CORRIDA DEL HIERRO DE LA ESTRELLA DE ALFÉREZ EN VALLADOLID.

 Con una diferencia de 41 kilos entre el toro más liviano y el más pesado de lo enviado por Jandilla a Valladolid, se ha lidiado una corrida de toros en el coso del Paseo de Zorrilla de la capital de la Comunidad Autonómica de Castilla y León.

Toros que a decir verdad han dado juego, si bien los accidentes y el viento reinante han enmascarado su comportamiento al no poder, materialmente, los espadas hacer “las cosas” como indudablemente ellos hubieran querido.

Contra Eolo nada se puede hacer que no sea poner el sombrero al coso, cosa por otro lado impensable en una plaza que ni por años ni por ubicación interesa hacerlo a nadie. Y contra la rotura de esos ligamentos que sujetan los huesos de la parte final de las extremidades tauricas, menester es que se mejoren esos penosos y larguísimos viajes en camión en sentido perpendicular a la marcha, que los toros han de soportar desde cerca de ochocientos kilómetros, en medio de equilibrios continuos tratando de buscar estabilidad en el estrecho reducto de esos cajones que, a imitación del inventado por D. Pascual Mirete allá por el año 1860, forman parte de la caja del camión dedicado al transporte de reses de lidia.

Pues los tendones sufren y quedan tocados de tal suerte que al menor movimiento brusco se rompen al haber perdido consistencia desde el forzamiento del viaje, sin querer sumar otras causas carenciales de oligoelementos en la dieta que imagino que el ganadero no dejará de analizar.

Un análisis pormenorizado de lo acontecido en la tarde nos lleva a:

Primer toro: TRAMOYISTA de 528 kilos y herrado con el número 59.

Toro que califico como de comportamiento “dubitativo” y que chocó con un también “dubitativo” Javier Conde. Es un toro soso que se encuentra con un oponente torero, demasiado pausado en todo, que no parece “estar por la labor” al encontrarse con la dificultad de un viento que le dejaba al descubierto de continuo ante un toro que acudía con presteza “al toque”, que no él, sino el viento se encargaba de dar.

En una de estas, el “viento que toca” el toro que acude y en esa incordinación de acciones la cuartilla de la pata derecha del burel que se luxa para romperse el ligamento en el siguiente movimiento y ante este doloroso cuadro, hiriente de la sensibilidad de cualquier espectador, faena inconclusa y frustración en todos.

Tanta dubitación nos había llevado a un Javier Conde que pasó su primera prueba, inédito.

Claro que afortunadamente quedaba otro Jandilla en chiqueros y la ilusión en los espectadores por ver a ese torero “distinto” cual es Javier Conde.

Y salió el cuarto toro: JACHEADOR de 487 kilos .

Toro que de salida no se emplea y hace que Conde no pueda “estirarse” en los capotazos de recibo. Es un toro “escarbón” que al igual que sus compañeros de corrida acude con prontitud al caballo donde el sorprendido picador le coloca un picotazo caído que propicia, al no romper el “ligamento funicular”, que el toro eche la cara arriba.

En banderillas Corroco de Algeciras gana tanto terreno al toro que se “pasa de listo” y ha de pasar en falso al quedarse sin toro, si bien parea al segundo intento de forma caída. Y lo mismo le pasó al “tercero” de Conde que no quiso “dejar mal” a su compañero de cuadrilla si bien en el segundo intento puso un buen par. Finaliza el tercio Corroco en par trasero.

Conde comienza trasteando suavemente al toro, dándose cuenta que el “piton bueno” es el izquierdo. Cambia la muleta por otra de doble cuerpo al arreciar el viento y torea por naturales, con parsimonia y naturalidad que impregna de arte. Dos tandas la primera toda relajación en medio de ese pasodoble titulado “Churumbelerias” que la banda de Iscar dedica, en un dechado de oportunidad, al torero de corte gitano. Y este se crece en medio de un desafío a Eolo para dar una tanda de 7 redondos 7, de mano templada y baja que son abrochados con un redondísimo lento como un mercancías de los años cuarenta. Nueva serie toda ligazón y arte que ponen el sello de este torero genial.

El arte de Javier Conde que es una mezcla de sentimiento + naturalidad + técnica + conocimiento del comportamiento animal + apasionamiento.

El toro que se pone pesado en cuadrar, que enfría el ambiente, para a la postre dar una media estocada en la suerte natural y arriba que propicia una oreja por la tardanza del toro en doblar.

Es lo único resaltable de una corrida que España pudo ver por la 2 de Televisión Española.

Sus compañeros de terna, Abellán y Tejela estuvieron dignos pero sin nada digno de reseñar.

 

 

Luis Alonso Hernández.- Veterinario y escritor taurino. 8 de septiembre del 2003.

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