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LAS RETRANSMSIONES TAURINAS EN CANAL SUR.

 

Por LUIS ALONSO HERNANDEZ, Veterinario y escritor taurino.

 

Sábado 29 de julio del año 2006. Nos encontramos en Tarifa, la ciudad más meridional de Europa.

Por la mañana habíamos ido a darnos un baño en esa “piscina artificial” de uso casi exclusivo de los tarifeños, que es la “Playa Chica”, puesto que los foráneos aparte de desconocerla buscan lugares menos encasillados en extensión, donde pueden campar a sus anchas. ¡Ellos se lo pierden!.

La tarde la dediqué a sumar audiencia de la “caja tonta” y me programé para ver el partido que TeleMadrid retransmitía al equipo colchonero de la capital de España del que, a pesar de los pesares, soy hincha seguidor desde siempre.

Y luego, a renglón seguido, me pasé a Canal Sur para visionar ese Ciclo de Novilladas de Promoción que dicha cadena autonómica andaluza retransmite anualmente en los periodos estivales.

En este medio televisivo actúan como comentaristas taurinos, Enrique Romero (sustituto de la pareja anterior formada por Juan Belmonte y Parejo) y el matador de toros Francisco Ruiz Miguel (sustituto de José Luis Parada) con la colaboración especial desde el callejón y resto de plaza de la ínclita y risueña Sonia Gil, que aunque siguiendo directrices de Enrique cumple con gracejo y soltura su misión.

Estos personajes se pasan la tarde loando a los erales (ellos les nombran siempre novillos) sobre lo bien hechos que están, lo bien que embisten y como hay que torearlos, a pesar de que muchos de estos animalitos tienen defectos de conformación y de implantación de cornamenta.

El locutor, tiene obsesión con la edad de los que actúan. Siempre nos dice los “años de existencia” de los subalternos de a pie y picadores, mientras su colaborador está obsesionado con que los neófitos becerritas toreen “por abajo” a todos los erales, como si esta máxima fuera “dogma de fe” en el toreo.

Que sepamos no hay edad de jubilación en el “arte de Cúchares” y los astados requieren una determinada lidia acorde con sus características psíquicas, físicas y de temperamento, puesto que si a un eral con poca fuerza se le somete excesivamente es muy probable que termine “aculado en tablas” en defensa, simplemente, de su integridad física. Cosa que se paliará toreándolo a “media altura” pues ayudándolo de esta manera, se evita que “se rajen” como se dice en términos taurinos.

Utilizan palabras demasiado pueblerinas en un medio de cobertura nacional. Los componentes de la Banda de Música de Berja no se “arrebujinan”con el público asistente por falta de sitio, ¡Maestro Ruiz Miguel!. Tampoco es de rigor recomendar al torero, con quien establecieron comunicación telefónica en directo, eso de: en banderillas “no me pegues esa vueltecita. ¡Picha!. El “asín es”o el “ojú que lío quillo, debe dejarlo el maestro para otra ocasión cuando esté fuera de las cámaras en animada tertulia con sus colegas de dicción.

¡Y de todo esto aprende el locutor! que está encantado de la sapiencia de su maestro-compañero.

Se pasan la tarde llamando maestro a todos los que se han “puesto delante”. ¡Maestro! La palabra que horroriza a quien verdaderamente lo fue, Francisco Romero López.

El locutor conductor del programa a raíz de haber llevado como colaboradores a rejoneadores en la retransmisión de festejos de rejones debe haber leído algo, sobre el capítulo CAPAS de la asignatura que se da en la Licenciatura de Veterinaria denominada Exterior del Caballo, y ahora está obsesionado con reseñar las capas de los caballos de los alguacilillos que despejan plaza.

¡Enrique!. ¿Sabe usted cuando es un caballo OVERO, ROANO, ROSILLO o APALLUSA?. ¡No ponga en aprietos, en cuestión de reseñas de capas, a la sonriente Sonia!.

¡Enrique!: es mi opinión que debería enseñarnos a los televidentes el nombre con que se conocen los lances que realizó en su quite con la capa el novillero Juan Carlos Cabello, puesto que fue lo mejor de lo realizado en toda la tarde en el tercio de capa, ya que si no la mayoría de los televidentes, no aficionados, nos vamos a quedar con las ganas de saber que es una “tafallera” o una “gaonera” puesto que las “verónicas”, “chicuelitas” y “revoleras” casi todos las conocemos por manidas.

¡Menudo dilema hubiera tenido si le hubieran encargado de comentar los variados tercios de capa que José Miguel Arroyo “Joselito” llevó a efecto en aquella corrida Goyesca que toreó, en solitario en Madrid!.

Para los aficionados lo importante es el torero y su oponente. Nos importa muy poco Sonia y la señora a la que entrevista durante la faena del novillero sin caballos, por muy esposa que sea del director de la Escuela a la que pertenece el becerrista

Con el “chupe de cámara”por parte de la señora nos dejan sin ver como resuelve la papeleta el torero en ciernes.

Sonia: ¡Debe quedarte quietecita mientras toro y torero estén en la arena!. Fíjese en lo que ocurre en Madrid, donde no se mueve “ni una mosca” durante las faenas. Pues con ese deambular, incluso hasta presidencia, durante la faena  del torero está quitando importancia a lo que se ha dado en denominar como “la profesión más difícil del mundo”. ¡Y son ustedes precisamente quien deberían dar ejemplo de bien hacer.

¡Sonia!: al profesor de la Escuela se le entrevista en otro momento no cuando está el becerrista delante del eral haciendo las cosas perfectamente, toreando a media altura porque es lo que requiere el burel y así lo ha visto este becerrista a pesar de sus 16 años que, por otro lado, es la edad a la que las primerísimas figuras del toreo son ya matadores de toros. El chaval lo vio perfectamente aún contradiciendo al ¡Maestro Ruiz Miguel!

Francisco Ruiz Miguel:¡Las estocadas caídas! (descaradamente caídas), no son “desprendidillas”a pesar de que por su efectividad acaben de inmediato con la vida del burel y propicien los máximos trofeos.

Finalmente pudimos darnos cuenta de lo subjetivo que es el toreo cuando uno de los novilleros pinchó en lo alto al eral y falla. El maestro comentarista lo achaca a que “se ha pasado de faena”, mientras que el director de la escuela a la que representa el becerrista lo achaca a que “el eral no cuadra porque se ha rajado”. Tras dos intentos el torero agarra una estocada en todo lo alto que tira al eral sin puntilla y ahora los comentaristas piden las dos orejas para el becerrista.

La verdad es que al final nos divertimos, vimos incluso maneras taurinas buenas por parte de los neófitos y aprendimos de los maestros muchas cosas que no se deben hacer, por eso lo denunciamos para el bien de la Fiesta.

 

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