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NUEVO TRIUNFO DE EL CID CON LOS VICTORINOS EN SEVILLA.

 Por LUIS ALONSO HERNANDEZ.- Veterinario y escritor taurino.

 

“Al árbol hay que enderezarlo desde chuiquitito”

“A los chiquillos hay que educarlos desde chiquititos

Estos han sido axiomas de siempre, que de llevarlos a efectos y tras vigilancia continuada, generalmente nunca han fallado.

Pues si estos axiomas lo llevamos al toro de lidia una vez en el ruedo, nos dan un nombre “El Cid” pero no el que hemos encontrado en los libros de historia conocido como “El Campeador”, sino Manuel Jesús Cid matador de toros por la gracia de Dios y de la mano de “Luguillano” con “Finito de Córdoba” de testigo, una tarde del 23 de abril del año 2000 en la Plaza de Toros de Madrid con el toro “Gracioso”.

El torero de Salteras debió respirar ese día las esencias toreras de; sus compañeros de cartel, del albero que pisaba, y de la afición de la plaza con tal fuerza que, impregnado su cuerpo de ellas, es al día de hoy el mejor profesor de toros para que estos cumplan con rigor en los veinte minutos de enseñanza, la misión que tienen como principal protagonista en la Fiesta de los Toros.

En Sevilla y con los dos toros de desigual comportamiento que el sorteo le deparó de la mítica divisa  Santa Coloma origen Saltillo de Victorino Martín, demostró como se “doma” a un colegial taurico desde el primer encuentro (que no contacto) con los engaños, para que trate de seguir- con la intención de coger- aquello que se le ofrece pero no llega más que a olerlo como tantas veces ha dicho el gracioso y gran torero zamorano Andrés Vázquez: “A los engaños que los huela pero no los toque”.

¡Es el secreto del toreo!, pues cuando el toro ha tocado las telas, poco a poco se va desengañando, al captar el centro sensitivo del cuerno -colocado a unos 6 centímetros de la punta del pitón -, que aquello no tiene consistencia y no puede herir, desistiendo de seguirlo porque ya ha descubierto el secreto.

Jesús “El Cid” tiene esa virtud que Dios le ha dado, de poder llevar a la práctica la enseñanza que todos los matadores de toros han aprendido a lo largo de su profesión, pero que la mayoría de ellos son incapaces de llevarlo a efecto para enseñar al toro a embestir que es en lo que consiste el prolegómeno de cualquier faena importante.

Y lo hizo con el primero de su lote un toro de capa cárdena que atiende por Borgoñes herrado con el número 184 y con 550 kilos de báscula. Un toro bravo de verdad, que de salida remata en el burladero arrancando el estribo del mismo, al que supo desengañar y llevar por el camino que debía seguir a los engaños ofrecidos, en una labor que no estaría de más ser impuesta como enseñanza en todas las Escuelas Taurinas con la catalogación de  “lección magistral”.

Y comienza la lección que me voy a permitir narrar con todo detalle:

“Cinco verónicas extraordinarias de mando y largura, rematadas con dos medias perfectas, hacen humillar al toro”

Lo lleva perfecto al caballo que monta José Manuel Espinosa con pases por delante sin permitir que toque en ningún momento el capote. Todo es suavidad y enseñar el camino. El toro es picado perfectamente si bien al final ha de ser coleado al derribar, para que no hiera al caballo, a lo que colabora de manera eficaz el capote de Pepín Liria que le tapa la cara al morlaco”

Nuevamente lo mide perfectamente El Cid, para llevarlo al segundo encuentro. Aplausos del público. Lo deja tan cerca que el piquero realiza la suerte de la aceituna con lo cual pica arriba.

Quita Salvador Cortés demostrando su insuficiencia, ante un toro bravo, en tres verónicas enganchadas si bien la media es buena.

El Cid, en  el único fallo de la tarde. Pide el cambio de tercio con el tirabuzón de los dedos. En Sevilla ha de hacerse a través del alguacilillo que actúa de intermediario con el Presidente.

Lidia Alcalareño y parean sin lucimiento, pero de forma eficaz, El Boni y Julio López

Ante ese murmullo que presagia las buenas faenas, brinda al público.

El toro está en la raya concéntrica de dentro que marca la demarcación de picadores. Lo cita El Cid desde el centro del ruedo con la diestra, el toro se arranca y le enjareta un redondo perfecto. Siguen cuatro redondos perfectos rematados con un doble pase de pecho de pitón  a rabo. Ovación cerrada.

Sigue con la diestra en una nueva tanda de cuatro rematados con el de pecho, perfectos. Ovación.

Victorino que apareció dormido en su localidad muestra su áurea dentadura. ¡Ha despertado!.

Nueva serie de cuatro redondos y el de pecho largo, muy largo, de pitón a rabo. Suena la música. Mientras el público se levanta de sus asientos.

Con la muleta en la izquierda una serie de siete naturales ligados, rematados que acaba con u  farol y el de pecho. Ovación

Nueva serie de naturales que finalizan con dos pases seguidos de pecho y una trincherilla.

Vuelve a la mano diestra para instrumentar dos redondos. En el tercero el toro se le cuela, pero se repone, le administra un circular cambiado que acaba en una trincherilla y uno de pecho de los de pitón a rabo.

No le ha tocado la muleta el toro en ningún momento de la faena.

Se pide el indulto del toro por un sector minoritario del tendido

En la suerte natural gran estocada que tumba al toro sin puntilla.

Se pide la oreja unánimemente y el Presidente concede las dos del tirón.

El Cid pide la vuelta al ruedo del toro, que Trujillo concede.

Vuelta al ruedo triunfal.

 

Su segundo toro tiene otra condición. Su nombre Baratero herrado con el número 270 y con un peso de 505 kilos. Su capa cárdena oscura.

La faena completa es así:

El Cid le recibe confiándole a base de verónicas largas sin quebrantarlo para seguidamente ajustarse en siete verónicas soberbias rematadas con una media superior. Ovación.

El Cid trata de llevarlo al caballo que monta Alberto Parrón pero el toro se niega. El Boni lo deja debajo del caballo. El picador se agarra arriba.

En el segundo encuentro El Cid lo lleva con mimo al caballo. Lo deja un poco más largo. El toro se arranca con fuerza y el piquero pica arriba.

Mientras el caballo abandona el ruedo El Cid se queda con el toro.

Las banderillas donde lidia El Boni parean con desigual acierto Alcalareño que pasa apuros y Julio López que lo hace bien y arriba.

En la faena de muleta el toro comienza dudando en la arrancada, pero El Cid impávido le administra una tanda de tres redondos rematados con el de pecho. Superiores.

Con la izquierda comienza con un ayudado y seguidamente seis naturales rematados con un colosal pase de pecho.

Nueva serie natural a base de cuatro rematados por el afarolado y elo de pecho. Ovación. Suena la música.

Se separa del toro para darle un respiro. El torear sin torear mientras se aproxima al toro.

El secreto. Dejarle la muleta muerta en la cara con un valor sereno.

Dos series de tres y tres rematadas ambas con el de pecho.

Va por el estoque de muerte.

El Cid ha hecho al toro en una lidia perfecta de colocación, tiempo y temple.

Un natural muy bueno, una trincherilla, un ayudado por bajo, nueva trincherilla son los previos a la gran estocada arriba que hace doblar al toro. El tercero de la cuadrilla Julio López lo levanta al ir a apuntillar siendo enganchado y sufriendo una cornada en la corva derecha. Mientras pasa a la enfermería lo intenta apuntillar el puntillero de la plaza que levanta nuevamente al toro, que finalmente cae rodado con la muleta de El Cid sobre los lomos.

Petición unánime de la oreja. El Presidente le concede una oreja que le faculta para salir por la Puerta del Príncipe.

Así consigue Jesús “El Cid” su Puerta del Príncipe consecutiva en dos ferias de Sevilla y eso que estafa enfadado porque no fue despertado a tiempo en el Hotel y hubo de vestirse a la carrera ese terno lila y oro y tomar su propio coche al que el mismo llevó a la plaza para llegar puntual a una cita necesaria para todos.

 

 


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