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Luis Alonso Hernández

EL CADA VEZ MÁS FRECUENTE CAMBIO DE TERCIO POR PETICIÓN DEL MATADOR.

                 Hay veces que las verdades que se dicen en los chats, son tomadas por ciertos contertulios como notas de humor que transmite quien las escribe, al que tildan de “guasón”

Y como no había nada de “burla” en lo aducido pues…trataré de aclararlo convenientemente para general conocimiento y muy en particular para que cambie el concepto que de mí tiene, quién me tomó, no por una persona seria, que es lo que en realidad soy, aunque eso sí con cierto sentido del humor.

Porque estar todas las noches con el manido tema de los toros “descafeinados” procedentes del encaste que está “in mente” de todos, de los toreros que no saben lidiar y de las figuras, también “in mente”, que se lo “llevan crudo”, resulta cargante. De ahí que se opte en ocasiones puntuales por las anécdotas taurinas como elemento enriquecedor de nuestros conocimientos en el tema “cuernos”, a la vez que como elemento censor que evite que los chateadores se vayan por derroteros de “prensa del corazón”.

 Que “Santa Lucía conserve la vista” al contertulio no creyente ( del cual no voy a decir su nick) que seguro se identificará cuando lea estas notas, por su buena psicología para juzgar al compañero informador.

¡Va por ti, Santo Tomás!

Lo que en cierta ocasión fue una equivocación por parte de un Presidente, hoy está legalizado. Me refiero al “monterazo” cuyo origen no es otro que:

“En cierta ocasión, un espada novel se desesperaba al ver como a consecuencia del castigo infligido en la suerte de varas, sus toros se venían a “cero”, con lo que era imposible triunfar. Y estaba el hombre tan preocupado que la sangre le afluía en demasía a su cabeza. Por ello, al congestionársele las sienes decidió quitarse la montera al tiempo que estaba mirando al palco presidencial. El presidente creyó que era un saludo y correspondió agitando lo que más a mano tenía, que no era otra cosa que el pañuelo, con lo que de forma involuntaria cambió el tercio.

Y como ese toro no se agotó y ello propició el triunfo del torero, los demás compañeros le imitaron en su afán de triunfar y la casualidad del acierto del cambio, se hizo ley”

Siempre hemos creído que con la petición de desairaba al Presidente y asesores al tener como que “abrirles los ojos para el cambio de tercio” la sapiencia del matador.

Así debió creerlo también el diestro Pepe Luís Vázquez, quien de forma excepcional quiso en Madrid que un toro suyo fuera privado de castigo excesivo en varas. Para ello le dijo a su apoderado:

“Voy a salir con el toro hacía las afueras. Cuando esté lejos de las tablas, haz que telefoneen al Presidente diciéndole que le ruego cambie el tercio”

¡Elegante manera de “salirse con la suya”  sin restar autoridad  a la presidencia!.

Hoy los diestros suelen hacerlo con normalidad en todos los toros quizá; para “cargarse” la competitiva y a la vez bonita suerte de quites, o para “alardear” de conocimientos taurómacos. Y claro, las equivocaciones están a la orden del día, porque muchos toros se “vienen arriba” después de la suerte de banderillas – por algo se llaman “avivadores”-, porque hay toros muy bravos que no demuestran lo que son hasta que han entrado al caballo tres o cuatro veces, circunstancia que en la actualidad, donde predomina la monovara, es una utopía, y finalmente porque el castigo moderado pero progresivo descongestiona ( según dicen algunos) a los toros que, para disimular su falta de años, están demasiado “regordíos

                Hay muchos presidentes que prefieren sea el profesional quien se equivoque con su petición hecha a la vista de todos los asistentes, máxime cuando hoy el cambio se pide de manera descarada y cuenta con el beneplácito del lerdo público asistente. Estos presidentes que declinan su  responsabilidad y la de sus asesores, diez minutos más tarde deberían tener en cuenta las escasas dotes aportadas por el toro y minimizadas por el espada oponente, para naturalmente condicionar la concesión de trofeos posteriores a las incapacidades tauricas para rebasar ese fielato de trapío, poder y bravura inherente al toro bravo.

 

Luis Alonso Hernández. Veterinario y AFICIONADO.

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