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¿Se torea hoy mejor que nunca?

miércoles, 13 febrero 2002

La evolución del toreo continúa siendo una de las preguntas que más se hacen los aficionados, mientras unos defienden a capa y espada épocas precedentes, no faltan otros muchos que dicen que hoy se torea mejor que nunca.

Cañamero

Ayer u hoy; pasado o presente. Así, a secas esta es una cuestión que se pregunta el aficionado, unos porque añoran el pasado, otros porque confían en el presente. Por ello, vamos a desgranar la cuestión con datos y detalles. En primer lugar, es obvio resaltar que los toreros hoy poseen técnica y conocimientos para enfrentarse a lo que salga por chiqueros. Pero cierto es que parecen copias, pues no existe variedad ni personalidad. Antecedentes Para analizar las distintas épocas del toreo, desde la Guerra hasta hoy se debe reflejar el protagonismo de sus máximos exponentes. Así, la década de los 40 trajo nombres como Manolete, Arruza, Pepe Luis, Pepín Martín Vázquez, Parrita, Manolo Escudero, Paquito Muñoz..., que además compartieron carteles con dos veteranos maestros de la talla de Marcial y Ortega, casi nada. Después llegaron los 50 y surgen Ordóñez, Julio Aparicio, El Litri, Manolo González, los hermanos César y Curro Girón, Rafael Ortega... que acaparan la atención. Ellos fueron los precedentes de Mondeño, Puerta, Camino, El Viti, Andrés Vázquez, Ostos, El Cordobés..., quien tanta importancia tuvieron, a pesar de que El Cordobés trajo mucho descrédito, pues de él quedaron infinidad de trampas que se han incrementado en nuestros días. Con los 70 aparecen Manzanares, Dámaso, Ruiz Miguel, Capea, Robles, Domínguez... cuyo protagonismo en principio quedó ensombrecido por los difíciles momentos del país y también por la categoría de los precedentes, por lo que tardaron en darle, el sitio ‘merecido’. Hasta esos momentos, el toreo gozaba de amplia variedad, cada intérprete era diferente y existía una larga nómina de profesionales, con lo cual las empresas tenían menos problemas para confeccionar sus ferias. Basta decir que en los 60 llegó a haber casi ¡40! toreros en el grupo especial, lo que es un hecho que habla por sí mismo. Pero es a partir de los 80, principalmente con la irrupción de Espartaco como máxima figura cuando llega la monotonía, desaparecen los quites y se empieza a criar un toro, llamado ‘comercial’, carente de emoción, al que le quitan la casta. Si Espartaco trajo tanto mal se incrementa en una época donde el público –excepto en Madrid– se vuelve menos exigentes y desgraciadamente empieza el ‘todo vale’. Luego, cuando Ponce se alza en lo más alto, el aburrimiento goza límites insospechados, desaparece la brevedad y variedad y todo es más de lo mismo. Con Ponce las faenas se hacen eternas, después de ‘amontonar’ infinidad de pases para calentar al público, tanto que casi siempre le suenan los avisos y todavía sigue toreando, como si tal cosa. Vamos, que el colectivo de timbaleros y clarineros, va a plantear un aumento salarial los días que toree el de Chiva, por el trabajo extra. Pero, bromas aparte, hace poco me contaba Jumillano que cuando él estaba en activo, un aviso era señal de fracaso, «aunque hubieras cortado las orejas». De la misma opinión era Camino, que sólo oyó tres en su carrera, «y pasé la mayor vergüenza que se pueda uno imaginar». Por eso, si Ponce surge en otra época y tiene que compartir carteles con aquellas figuras, no pasa de ser un mediocre. Además, en otros tiempos, los públicos le gritarían ¡pesado! y le harían la vida imposible como se la hicieron en sus primeros años a Dámaso González, un torero grandioso, mucho mejor que él, con el que se cometieron tantas injusticias, sobre todo en Madrid cuando le contaban sus pases, porque decían que eran interminables, aunque comparadas a las de Ponce no llegaban ni a la mitad. Además, por si fuera poco, ahora no hay más que tres figuras, el mentado Ponce, El Juli, que es el número uno y José Tomás, con lo que el panorama es para echarse a correr. Y luego dicen que ahora se torea mejor que nunca. Vivir para ver.


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