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HAY QUE SABER; SUERTES DE BANDERILLAS

El tercio anterior, el de varas, tiene la finalidad de castigo y quebranto del toro, quedando mermado de fuerza por los encuentros con el caballo y los puyazos recibidos. El segundo tercio de la lidia, o el de banderillas, tiende a reanimarle o alegrarle ( se llaman también alegradores a las banderillas). La verdad es que sólo a medias se cumple este fin, pues lo cierto es que en la preparación para clavarlas se le quebranta con excesivos capotazos, tirones y recortes.

Es una de las suertes más vistosas de la corrida, especialmente cuando es ejecutada con arte y elegancia (circunstancias estas que suelen ser aprovechadas por el espada cuando para ello tiene facultades). Es de mucha exposición cuando ésta se realiza con pureza. No todas las formas de clavar son de lucimiento; algunas se inventaron como recurso para los toros con dificultades, tales como a la media vuelta, al relance, al revuelo de un capote, o a toro corrido.

Si no se le aplicaran banderillas, el toro quedaría falto de agilidad, y aunque sea bravo y de casta, , llegaría al tercio de muleta con una arrancada lenta, falta de brío y acometividad. Este es el motivo principal para que se le coloquen las banderillas. Además, tambien el matador aprovecha para ver la embestida por cada uno de los pitones ( es normal que, al menos, se ponga un par por cada pitón). Se busca con ello, mantener constante un leve castigo que le supone al toro el continuo movimiento del arponcillo de la banderilla, colocado entre carne y piel. De esta manera se reaviva su bravura y embestida, que facilitará al diestro un mayor lucimiento en su faena de muleta.

La banderilla es un derivado del rejón, consiste en un palo resistente y recto de 70 centímetros de largo, 6 de hierro, 4 de arpón, y 16 milímetros de ancho, forrado con papel de vistosos colores.

En el siglo XVIII se empleaba la espada y la muleta, poco después empezaron a usarse los arponcillos por los lidiadores de a pie, para castigar a las reses que habían de ser muertas a estoque. Estos arponcillos parecidos a las banderillas actuales se clavaban de una en una y para esta suerte de la banderilla no guardaban turno haciendo cada uno cuando y donde buenamente podían. No es posible fijar la fecha sin caer en error en la que se empezaron a colocar a pares ni quien fue su autor, aunque se le atribuye la primacía al célebre Bernardo Alcalde "Licenciado de Falces".

Las banderillas de castigo o banderillas negras, son las que verdaderamente infieren al toro un castigo notorio, y suelen emplearse cuando, a juicio de la Presidencia, el toro no ha recibido suficiente castigo en el tercio de varas, por su carácter de manso y falto de casta. Se diferencian de las normales en que su arponcillo es unos dos centímetros más lago y cuatro milímetros más ancho. Estan enfundadas en papel rizado en negro con una franja blanca de siete centímetros en la parte media.

Las banderillas de fuego fueron empleadas por primera vez en Aranjuez en 1791 por su inventor José Rodríguez "Calesero", que las colocaba a caballo. Al principio se utilizaron para dar más variedad al espectáculo y después para castigar a los toros que no cumplían en el primer tercio, en sustitución de los perros de presa. Fue muy discutida la utilidad de estas banderillas. No parece muy descaminado el suponer que la quemadura de la pólvora y el ruido de los petardos, unidos al dolor del arponcillo, debían excitar al toro; pero esta excitación era momentánea, y la que podía tener carácter más constante era la del arpón de la banderilla que era idéntica en una y otra clase.

Estas banderillas son suspendidas en 1928, vuelven a restablecerse en 1930 y en el reglamento vigente en 1943 quedan definitivamente proscritas.

Suertes:

Por los adentros. Cambiando los terrenos. En circulo. Al cuarteo. De dentro a fuera. De frente. Galleando. Al hilo de las tablas. A la media vuelta. De poder a poder. A portagayola. Al quiebro. Relance a la salida de un par. Relance a la salida de un capote. Relance a cuerpo limpio. Al sesgo. Par de sobaquillo. En silla sentado. A topacarnero. A toro corrido. Zig- zag, bicicleta o avión.

Para un mayor conocimiento de la suerte en este tercio de la lidia recomendamos la lectura del Reglamento de Espectáculos Taurinos, Real Decreto 145/1996, de 2 de febrero. Articulos 76,77 y 78

J.M. CUBERO

(Bibliografia: " Los Toros" de José Mª de Cossio, "La Fiesta Taurina" de Tomás Mingües y "Tauromaquia "de José de la Cal)

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