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LA LIDIA

Diversos autores han definido la lidia. Así para Pepe Hillo, quien identifica lidiar con " lides o contiendas ", es "el acto de jugar con toros".

José María de Cossio dice que es "el conjunto de suertes que se practican con el toro desde que se le da suelta del toril hasta que se arrastra".

En semejantes términos se expresa Luis Nieto, para quien es "el conjunto de suertes que se practican con el toro desde la suelta del toril hasta que se arrastra", para hacer a continuación distinción entre la de a pie y la de a caballo.

Por su parte, el lingüista José Carlos de Torres define lidiar como "La acción de dar lidia al toro o, correr, sortear al astado; torearlo según las características que ofrece en cada momento de los tres tercios".

Por último José Antonio del Moral la define como "el aprovechamiento inteligente de todas las reacciones espontáneas del toro, combinado con las que le provocan los toreros".

Desde el punto de vista de Miguel Angel Moncholi la Lidia es el "Conjunto" de decisiones, acciones y suertes que por parte del torero se practican con el toro, para, de forma inteligente, obtener el máximo rendimiento de sus reacciones". Así lo entiende por cuanto, la lidia no se reduce sólo a la práctica de las suertes, ni a la división en tercios de la misma. Tampoco cree que sea tan sólo jugar o correr al toro sin más, sino de una forma inteligente, para obtener el máximo rendimiento de las reacciones del toro.

Al igual que el genial Miguel Ángel expresaba que el bloque de mármol contiene la escultura y que lo que tiene que hacer el escultor es quitar lo que sobra, cada toro tiene su lidia, y lo que tiene que hacer el torero es moldearla.

Tan importante es la lidia, que Corrochano afirmó que: "sin lidia, no hay toro aprovechable".

La lidia de un toro, según estableció José Delgado, "Pepe Hillo", en su Tauromaquia se divide, en función de las suertes que menciona, en:

a) Tercio de capa, - actual tercio de varas -,

b) Tercio de banderillas y,

c) Tercio de muleta.

El toreo:

El toreo se basa en la conjunción de dos líneas. La horizontal del toro, que va y que viene, y la vertical del torero, que gira sobre sí misma. Ambas deben complementarse gracias a la inteligencia del hombre.

En su Enciclopedia, José María de Cossio define torear como "toda acción que se verifica en la plaza para burlar y dominar al toro, bien a favor de engaño, capa, muleta u otro cualquiera, bien a cuerpo limpio, entra en el amplísimo concepto", la versión reducida de su obra se limita a definir el concepto torear tal cual lo hace el Diccionario de la Real Academia, esto es, como "lidiar los toros en la plaza" y añadir que Sánchez de Neira, lo amplía de la siguiente manera: "Corriéndolos para hacer en ellos suertes, ya de capa y las demás que se conocen de a pie".

En semejantes términos a los recogidos en la obra reducida de Cossio se expresan otros autores.

No así, Gregorio Corrochano, quien la completa afirmando que torear es "mandar en el toro (...), si no se manda en el toro, si el toro no va por donde quiere el torero que vaya, no torea el torero".

Por otro lado, Luis Nieto define torear como: "Ejecutar suertes el torero con la capa y la muleta a reses bravas; o el rejoneador a caballo".

Por parte de Moncholí entiende que torear es la: acción de lidiar los toros, con naturalidad, mediante la ejecución de las distintas suertes, considerando los terrenos, la distancia, conforme a los cánones vigentes del toreo de parar, templar, mandar, ligar y cargar la suerte con el fin de prepararlo para la suerte suprema.

Considera por tanto, que torear es lidiar, conforme a lo definido, con inteligencia, conforme a las condiciones del toro, pero que lo es cuando se practican las suertes del toreo, conforme a unos cánones heredados y establecidos, y todo ello practicado con la naturalidad de quien así lo interpreta y transmite.

"Se torea como se es", decía Juan Belmonte. Y añadía: "Como si no se tuviera cuerpo". Tal es la naturalidad.

El 20 de marzo de 1950, en su célebre conferencia del Ateneo, Domingo Ortega afirmó: "Ustedes aficionados, a poco que recuerden, habrán visto muchas veces en las corridas de toros faenas de veinte, treinta, cuarenta pases y el toro cada vez más entero... ¿Cómo es posible que con esa cantidad de pases que fueron aparentemente bellos para gran parte del público, el toro no se haya sometido?. La respuesta es muy sencilla: Lo que ha ocurrido es que el torero ha estado dando pases, y dar pases no es lo mismo que torear". Y es que, en el toreo, todo se hace para preparar al toro para la suerte suprema.

Como aportación, estas son algunas reflexiones sobre el toreo:

* Domingo Ortega: "Torear es llevar al toro allá donde no quiere ir".

* Luis Francisco Esplá: "El toreo clásico es el equilibrio entre la técnica y la estética".

* José Alameda: "El toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega".

* Manolo Vázquez: "Se torea con la palma de la mano".

* José Bergamín: "El toreo se hace y se dice".

* Rafael de Paula: "Lo más grande de torear es soñar cuando se torea"

 

PARAR

Acorde con la evolución del toreo, el concepto de parar es, por un lado, tal como lo recogen la mayoría de los autores, y entre ellos Pepe Hillo: "la acción que ejecuta el diestro, cuando se está parado en el terreno sin mover los pies, hasta que el toro llega bien a jurisdicción y le hace la suerte".

Es decir, parar no es otra cosa que quedarse quieto, o como gráficamente define el maestro Andrés Vázquez: "cuando se marca sobre la arena el número de las zapatillas".

En este sentido decía el matador de toros y poeta Sánchez Mejías que "un hombre quieto vale más que dos hombres en mal movimiento".

Dicho lo anterior cabe también aplicar el término parar al hecho de aminorar la embestida del toro en el engaño, como primer paso para llegar a templarlo.

 

TEMPLAR

Como segunda premisa de lo que es torear, se establece el templar la embestida del toro.

Como regla general, templar es acompasar la velocidad de los engaños a la velocidad de la embestida del toro. Como complemento de lo anterior, para algunos, templar es también tratar de lograr que dicha embestida se vaya acoplando poco a poco al movimiento de las telas. "El temple es el fluido sosegado en el que se desarrolla el buen toreo", dice Felipe Garrigues.

Así lo entiende Marcial Lalanda, quien afirma: "El temple, que según mi padre comenzó a practicarlo El Guerra, es acompasarte a la embestida del toro y, poco a poco, hacer que él se acople a la tuya".

Para el maestro Santiago Martín "El Viti", "El temple es algo más que torear con lentitud, es dar la impresión de que paras al toro".

El temple no es torear despacio, y puede serlo a la vez. No es torear deprisa y puede serlo a la vez. El temple lo marcan las condiciones del toro, la velocidad del toro. Pero, insisto en que, como dice el maestro Joaquín Bernadó, el temple es también "insuflar tú con los engaños un cierto ritmo a la embestida del toro, para llegar a ralentizarla". Algo que, como decía Pepe Luis Vázquez, se produce "poco a poco, al ir reduciendo velocidad el toro".

En Andalucía se haba del "son del toro". Eso es el temple, torear al son que marca el toro y a continuación imponer el ritmo del son.

 

MANDAR

El mando se consigue cuando se hace que "el toro se movilice tras el engaño siguiendo la voluntad del diestro", afirma Cossio.

Y es verdad. Pero, yendo más allá, hay que considerar que mandar es la consecuencia de dominar en la embestida, de ahí que se manda en tanto en cuanto se alargan los muletazos, y a su vez se alargan en tanto en cuanto se manda en la embestida.

Pero ni lo uno, ni lo otro, - ni mandar, ni alargar -, son términos baladíes, pues ambos son necesarios para poder colocarse, tras el oportuno remate, y así poder ligar.

Por último, habría que considerar, según lo definido, que se manda más a partir del segundo y tercer pases, o lo que es lo mismo, que la acción de mandar tiene más mérito a partir de dichos muletazos.

 

LIGAR: CITE, EMBROQUE Y REMATE

La acción de ligar es la consecuencia de la evolución del toreo, primero por el toreo en redondo, - aportación de Joselito -, y más tarde por el toreo ligado - aportación de Belmonte -, y que viene a ser definida como: "la serie de lances o suertes en sucesión de continuidad".

La ligazón es lo que llega al tendido, al respetable. Es el espectáculo hecho ritmo en movimiento.

Como dice Garrigues: "En el toreo ligado, a diferencia del empalmado, debe haber cite y remate en cada uno de los pases y no "retazos" de un mismo pase empalmados. Cada lance o muletazo deben ser rematados, e iniciar después el otro".

Y es que para ligar es preciso marcar los tres tiempos en que se fundamenta la interpretación de cada unidad del toreo: el lance y el muletazo, y que son:

a) Citar: desde que así lo definiera Pepe Hillo, es "cuando el diestro llama al toro y lo incita para que embista".

Para el cite se emplea el llamado "toque", y también la voz, el golpe de zapatilla, etc. No debe abusarse de este tipo de cites, y en cualquier caso deben emplearse, dentro de lo posible, con la mayor naturalidad.

Se puede citar:

1) De frente, es la manera más añeja, cuya dificultad para ligar radica en el fuerte movimiento de cadera y muñeca que exige.

Con el cite de frente la trayectoria del toro es más en línea recta, y por tanto se manda menos en la embestida.

2) Dando el medio pecho, ligeramente oblicuo con respecto a la línea imaginaria de los pitones del toro, y

3) De perfil, forma ésta que no es la más ortodoxa, sin que ello quiera decir que nunca deba emplearse.

b) Embrocar: Es el momento en que el toro, mandado en su embestida por el torero, entra en la jurisdicción de éste.

En el momento del embroque el diestro suele acompañar la embestida con el movimiento de la cintura.

c) Rematar: Es la consecuencia del embroque, y que pone fin al lance o al muletazo, dejando al toro en disposición del siguiente o como conclusión de la serie.

Dice Gregorio Corrochano que "el remate de las suertes, dejar al toro donde se debe quedar, para seguir toreando sin enmendarse, para ligar las faenas, es lo perfecto, la quintaesencia del toreo".

El remate más ortodoxo en el toreo de muleta es el que se interpreta sacando la muleta por debajo de la pala del pitón, técnica que permite poder a los toros más enrazados.

Pero, puede ocurrir también que si el toro se nos presenta justo de remos, sea necesario que se le alivie el final de la embestida, remantando por tanto arriba, para que no se caiga o pierda el celo del engaño. De donde puede deducirse que el toreo no tiene la exactitud de las matemáticas.

Manuel Mejías Rapela, fundador de la dinastía de los Bienvenida, definía el buen muletazo como el que se interpretaba: "de fuera a adentro; de arriba a abajo; y cuanto más despacio mejor". ¡No es mala definición!.

Abundando en ello, el maestro de Vaciamadrid, Marcial Lalanda, dice que: "No hay que confundir ligar los muletazos con dejar el engaño, tapando la cara al toro. Ligar una suerte con otra supone terminarla, de una a otra".

Pero, analizando qué es ligar, ¿debe quitarse mérito al muletazo que se interpreta de frente, el llamado "unipase", como el que interpretaba Pepe Luís Vázquez y en el que rompía la embestida del toro a base de cintura y remate atrás?... El toro, sólo las condiciones del toro, pueden permitirnos valorar el mérito o el demérito. Una vez más hay que apelar a que en Los Toros dos y dos pueden ser cuatro... o no.

 

CARGAR LA SUERTE

Anticuada queda ya la definición que de cargar la suerte hizo Pepe Hillo, y que reza así: "Es la acción de torear el diestro su cuerpo de perfil, alargando los brazos y teniendo los pies en la mayor quietud para llamar al toro y hacerle la suerte a un lado".

Anticuada, sin duda por la evolución misma del toro y del toreo, que más próximo a nuestros días vivió Domingo Ortega. El maestro de Borox (Toledo), en su conferencia del Ateneo, impartida el 29 de marzo de 1950, afirmó: "Parar, templar y mandar. A mi modo de ver, estos términos debieron completarse de esta forma: Parar, templar, cargar y mandar; pues posiblemente, si la palabra cargar hubiese ido unida a las otras tres desde el momento en que nacieron como normas, no se hubiera desviado tanto el toreo".

Lamentablemente, y aunque tuve el honor de conocerlo en persona, desconozco si el maestro Ortega quiso decir desviado a propósito, pero lo cierto es que para muchos, cargar es "hacer descarrilar al tren", y así lo interpretan. El toro viene entre las dos vías, el torero echa la "pata" adelante y con ella el engaño, provocando un movimiento brusco que echa hacia fuera la embestida del toro. ¿Es esto cargar la suerte?. Ciertamente, no.

Para el maestro "Antoñete", "cargar la suerte es cambiar el toreo lineal por la hondura y la profundidad, al cargar el cuerpo sobre la pierna contraria". Según esto, cargar no es tanto echar la "pata" adelante, cuanto cargar el peso del cuerpo sobre la pierna contraria, la de salida.

Pero ¿por qué es tan importante cargar la suerte dentro de la estética moderna del toreo?. Bien sencillo. Al insistir en que cargar la suerte es echar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida, es decir la del sentido de salida del toro, lo que acontece es que el hombre está volcado en su quehacer torero, lo que le permite componer mejor su figura, al tiempo que, sin duda, expone más. De ahí que descargar, si se admite el término, sea una ventaja.

Mas, ¿ cuándo es preciso echar la pierna adelante, a fin de conseguir ese máximo de entrega y exposición ?. Y ¿ cuánto es conveniente abrir el compás ?. Porque ¿acaso no se carga la suerte con el compás cerrado?.

Pues, vayamos por partes:

La pierna debe adelantarse antes de que se inicie el lance o el muletazo, con el compás tan abierto como dicte la propia estética del toreo. Si bien, con el compás prácticamente cerrado es posible cargar la suerte.

Tranquilícese el aficionado purista que acaba de pegar un respingo sobre su asiento al leer la última frase. Tranquilícese y piense. O si lo prefiere póngase de pie:

1.- Eche la pierna contraria adelante y el peso del cuerpo sobre la pierna de entrada. Comprobará que es posible hacerlo. Eso es justo lo que hacen algunos diestros que, aparentemente, cargan la suerte.

2.- Ahora, apenas abra el compás. Pero simule un muletazo al viento y eche el peso del cuerpo sobre la pierna de salida. Ve como es posible. Bueno, pues acaba de aplicar la misma técnica de cargar que aplicara el mismísimo Manolete. No está mal ¿verdad?.

 

En definitiva, cargar es echar el peso del cuerpo sobre la pierna contraria o de salida, lo que supone la máxima expresión de entrega del torero y dominio del toro, sin que sea lícito desplazar al astado hacia fuera en su embestida.

 

TERRENOS, DISTANCIA Y COLOCACIÓN: EL PICO

Un día dijo Andrés Vázquez que en el toreo eran fundamentales la distancia y la colocación. No le faltaba razón.

1.- La distancia, es el espacio que media entre el toro y el torero.

2.- La colocación, es el espacio en el que se coloca el torero con respecto al toro, para ejecutar la suerte, y

3.- El terreno, es el espacio del ruedo en el que se desarrolla la suerte.

De la importancia en la elección del terreno es oportuno lo que un día escribió Gregorio Corrochano: "Cuando va cada uno (toro y torero) por su terreno, anda por la plaza el toreo. Cuando los terrenos del toro y del torero se confunden, se mezclan con las pisadas comunes, anda por la plaza la muerte".

Y una vez más, cabría preguntarse si existen fórmulas matemáticas. La respuesta de nuevo sería: sí, pero no.

Me explico. Cuando se dice que cada toro tiene su lidia, se debe decir también que cada toro tiene su distancia, su espacio, su terreno.

A) De la distancia dice el maestro "Antoñete": "Es fundamental, entre otras cosas, para que surja la belleza de la arrancada del toro y la repetición de la embestida".

Fijémonos que dice: para que surja la belleza de la arrancada... es decir, para que se luzca el toro. ¿Cabe mayor generosidad por parte del torero?. Claro que el sacrificio por la exposición del torero tiene su recompensa inmediata: se incrementa también la belleza del espectáculo.

Lo contrario de la distancia en el toreo es el encimismo, del que Marcial Lalanda afirma en su Tauromaquia que: "este toreo encimista es uno de los grandes males de la forma actual de interpretar el toreo", y añade en sus reflexiones, con motivo de la vuelta de Antoñete en los años 80, en medio del encimismo imperante de la época, "Quizás ése ha sido uno de los secretos del éxito de Antoñete, aparte de su gran calidad: muchos espectadores han descubierto la emoción que supone llamar al toro de lejos, darle su distancia, verle venir, aguantarle, darle la salida adecuadamente. Para muchos nuevos aficionados, resultaba, por desgracia, algo insólito".

La distancia es espectacular, pero sin olvidar que cada toro tiene la suya, y que hay que encontrársela. El buen toreo es el que respeta la distancia del toro, el equivocado es el del diestro que quiere imponer a toda costa la suya. Y por supuesto, siempre teniendo en cuenta que la distancia puede ir variando a lo largo del desarrollo de la faena.

En teoría, podemos considerar que:

a) Si el toro tiene recorrido, la distancia para torear será mayor, citando con la muleta adelantada y rematando lo más atrás posible, aprovechando en toda su extensión la largura de la embestida.

b) Pero, si el toro es de los que tiene poco recorrido y se queda corto, la distancia debe ser menor, la muleta debe dejarse a la altura del cuerpo del torero y para el remate debe considerar el realizar un juego de muñeca perfecto que le permita dejar al toro colocado para el siguiente muletazo.

Permítaseme hacer referencia de nuevo al pensamiento que sobre el particular tiene maestro "Antoñete": "Hay que respetar el terreno de los toros, - dice -, como hay que respetar el terreno de los hombres. Primero es el saludo, la lidia, el poder. Y luego, toreando, ya se estrechan las distancias. Lo contrario es una falta de respeto. Al toro y al hombre no se les puede avasallar de salida. Siempre que el toro sea toro y el hombre sea hombre".

Y si la línea longitudinal nos mide la distancia, la transversal con respecto al eje del toro, nos marca, la colocación.

Y de nuevo viene el lío. Pues ¿dónde debe colocarse el torero?. ¿Al hilo del pitón, - el de dentro, por el que embiste el toro -, o cruzado, es decir, colocado hacia el pitón contrario, el de fuera?.

2.- Una vez más hay que decir que depende del toro. Como norma general puede decirse que es necesario cruzarse:

a) Con el toro complicado e incierto, y

b) Con el toro parado, para incitarlo en su embestida.

Curiosamente, estar cruzado podría considerarse una ventaja, toda vez que, al citar al pitón contrario del toro, éste tiene que describir una curva hacia el exterior del eje del torero, mientras que al hilo del pitón, el toro, en su trayectoria natural, que es la línea recta, puede echarse encima del torero. Claro que, cuando hablas con los toreros, te confirman que, psicológicamente, es más duro meterse entre los pitones del toro, que quedarse al hilo.

El quedar al hilo con el toro que requiere cruzarse se denomina "estar fuera de cacho".

Cuando el torero se cruza, y considerando que la muleta debe ser una prolongación del brazo, cabe que el conjunto quede ligeramente oblicuo a la embestida del toro.

Es entonces cuando se dice que el torero está " metiendo el pico ". Mas, lo grave no es "meterlo" o, mejor dicho, "ponerlo", sino usarlo. Es decir, el torero cruzado obligatoriamente tiene que dejar oblicua la muleta, pero teniendo en cuanta que:

a) una cosa es torear "con el pico de la muleta", llevando al toro mandado con dicho extremo exterior, y provocar un desplazamiento hacia fuera, lo cual sí puede considerarse una ventaja, y

b) otra cosa es hacerlo con la panza de la muleta, describiendo la siempre estética y clásica curva natural, con la que se rompe la línea recta, base de lo que es el concepto de mando que define al actual toreo moderno.

Paquiro ya registraba la bondad del uso de la muleta oblicua con los toros que se ceñían, con el fin de desplazarlos hacia fuera.

Pero que no le engañe nadie. Cuando de verdad es una ventaja es cuando se emplea durante la embestida del toro, y no previamente. Vale más citar algo oblicuo y dejar la muleta así, que ponerla plana para, a continuación, hacer uso del pico y echar la embestida hacia fuera.

3.- En cuanto al terreno tampoco vale con frotar la varita mágica.

El ruedo está dividido imaginariamente en tres tercios, que de dentro a fuera son:

a) Tablas o adentros,

b) Terrenos del tercio y

c) Medios o afueras.

A su vez, se considera que los terrenos del toro son los medios, y, que los terrenos del torero son los adentros.

En el momento de elegir el terreno más adecuado para la lidia de tal o cual toro debe tenerse en cuenta su querencia.

Tanto Pepe Hillo como Francisco Montes "Paquiro" dedican en sus respectivas Tauromaquias una especial atención a las querencias de los toros. Es digna de tener en consideración la afirmación que al respecto hace "Paquiro": "Toda suerte que se haga dejando al toro libre de su querencia, además de ser segurísima, es muy lucida, y por consiguiente, las suertes que se efectúen sin este requisito serán expuestas y desairadas".

El toreo debe hacerse en un primer intento en el terreno del toro, es decir en los medios, y siempre a contraquerencia del manso, esto es, fuera del abrigo de las tablas.

Pero, todo en el torero tiene un límite, pues dicho lo dicho, al manso, una vez intentado en los medios, se deberá intentar en tablas, eso sí, sabiendo que le costará trabajo tomar los muletazos en sentido hacia los medios, por lo que se revolverá en busca de su refugio, probablemente quedándose corto, con peligro para el diestro.

Así pues, la norma de ganar terreno al toro con el capote, sacándolo a los medios, y de realizar la faena de muleta en los medios, sirve como norma general, pero ya sabe: en la lidia de un toro, dos y dos pueden ser cuatro... o no.

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