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LA LIDIA

El Tercio de Banderillas

El segundo tercio de la lidia o de banderillas tiene varios cometidos que generalmente por desconocidos son menos valorados que el resto que conforman la tauromaquia. Las banderillas reciben a su vez el nombre de avivadores y es porque después de la dureza del tercio, de varas y lo aplomado de su transcurrir, el arponcillo de las banderillas hace despertar al toro, así como las largas embestidas francas hacia el banderillero le devuelven al toro la alegría de acometer en la distancia. Un punto fundamental del segundo tercio es la brega del lidiador. Esta brega tiene la misión de poner al toro en suerte y a la vez enseña al matador la embestida del toro y su condición por ambos pitones. Existen diferentes maneras de ejecutar la suerte de banderillas pero lo fundamental es la colocación de todos los implicados en la lidia durante su ejecución. Los matadores que no actúen en ese toro se deberán poner al quite en posición, uno, detrás del banderillero que deba entrar en acción y el otro a la salida del par. Acompañando a este otro se situará el banderillero tercero de la cuadrilla del matador siguiente en el orden de lidia. Esta disposición no es por estética sino para proteger al banderillero actuante que se enfrenta al toro a cuerpo limpio y sin posibilidad de defensa ante un embate del astado. El principal mérito de la suerte se encuentra en eficiencia del lidiador ahorrando capotazos y el devenir de unos encuentros francos en la cara del toro y una conseguida reunión de los arponcillos. En este 2º tercio se tiene que entrar a parear por ambos lados, no por uno sólo, tan frecuente en los tercios de banderillas realizados por los matadores. Este 2º tercio tiene que realizarse con agilidad, debe de durar poco.

.    Dentro del segundo tercio encontramos diversas suertes; para hacer una clasificación de todas ellas, las dividiremos en dos: las suertes naturales y las suertes cambiadas. Empezaremos comentando las suertes naturales, que son aquellas en las cuales toro y torero ocupan los terrenos que les son propios. Dentro de este tipo de suertes encontramos las banderillas al cuarteo, que es la manera más común de clavar las banderillas y que se puede realizar de varias maneras:

   A la media vuelta: es la forma más antigua de clavar las banderillas. Hoy en día es una suerte más eficaz que lucida pero, antiguamente, era la forma normal de clavar las banderillas. Las banderillas al relance se practican viniendo el toro rebrincado de salida de otro par que se le ha puesto anteriormente o siguiendo un capote, pero siempre levantado y aprovechándose el diestro de esta carrera le sale al encuentro, se cuadra, mete los palos y marcha por su terreno, ordinariamente con calma porque no suele revolverse el toro. En esta suerte se suele buscar más la eficacia que el lucimiento.

   Banderillas al cuarteo entrando de frente: esta suerte es la que se practica con mayor frecuencia en los festejos que se dan en la actualidad y es la más conocida por los aficionados. El diestro se colocará a una distancia proporcionada ya se halle el toro parado, ya venga levantado y llamándole partirá de sesgo para encontrarse con el toro, el cual tomará necesariamente el mismo giro en busca del torero. Luego que se haya reunido con aquel en el centro de la suerte, se quedará para meterle las banderillas en el cerviguillo en el mismo acto que baje la cabeza para dar la embestida.

  Suerte de banderillas de poder a poder. Consiste en citar desde lejos para luego ir hacia el toro, en la mitad de ese viaje se provoca la arrancada del animal, en cuyo preciso momento el diestro desvía su trayectoria cambiando el toro también la suya y entablando el poder a poder.

   De las tablas por dentro inicia el banderillero colocado con su espalda junto a la barrera, cerrado el toro arranca por lo terrenos de adentro para clavar en una zona muy reducida. Esta suerte de banderillas es muy espectacular y tiene mucho riesgo.

   Las suertes cambiadas son aquellas que se realizan estando el toro en los terrenos de torero y viceversa. En este apartado encontramos suertes muy lucidas y espectaculares como las banderillas al quiebro,  a pie firme se coloca el lidiador frente al toro, y en su rectitud, teniendo unidos los talones. En esta disposición llama la atención de la res. Cuando ésta arranca, el lidiador, sin moverse, la deja llegar a jurisdicción e inclina su cuerpo y brazos a un lado, marcando allí a la res el sitio del bulto hacia donde se ha encaminado. Cuando humilla el toro, el lidiador recobra su posición primitiva y clava los palos libre del derrote, puesto que el toro da la cabezada en vago por el quiebro que el torero imprime a su cuerpo. El animal toma su terreno, continuando el viaje, y el diestro, rematada la suerte o bien se queda en el sitio, que es lo más vistoso, o bien sale andando con una ligereza ajustada a la que lleva la res, para evitar un percance si se revolviera.

   Algunos matadores, para hacer esta suerte más arriesgada y espectacular de lo que ya es, citan al toro sentados en una silla y después se incorporan para realizar el quiebro.

   Banderillas al sesgo: esta suerte se suele utilizar como un recurso para banderillear a aquellos toros que tienen muy poca movilidad y que por norma general se encuentran muy cerrados en tablas. El torero deberá ir en busca del toro, que le estará esperando muy pegado en tablas para lanzarle el derrote en el momento del embroque. El lidiador deberá ser muy hábil, clavar los garapullos y salir hacia los terrenos de afuera.

   De dentro a afuera: se realiza estando el matador muy cerca de las tablas e incluso subido al estribo y el toro ubicado en el tercio. De esta manera, el diestro llamará la atención del toro y en ese momento arrancará con fuerza hacia afuera, para encontrarse con el toro, embrocar y salir airoso de la suerte.

De sobaquillo no es una forma muy estética ni muy ortodoxa de clavar las banderillas, pero la vemos con frecuencia en las plazas de toros. Consiste en clavar una banderilla en el cerviguillo del toro y correr para tomar la barrera. Otra forma de poner los garapuyos aliviándose es clavar a pitón pasado. Ocurre cuando ya el diestro tiene el cuerpo fuera del alcance del toro y éste lo ve claro, entonces le pone los palos desde el cuello.

La forma más pura y ortodoxa de realizar la suerte es DE PODER A PODER. Para ello, estando frente a frente toro y torero y a bastante distancia, para poder preparase, éste deberá llamar la atención de aquél Y ESPERAR A QUE EL TORO SE ARRANQUE PRIMERO. Una vez que el toro está en movimiento, el torero deberá cuartear, es decir, curvar la trayectoria del toro hasta buscar sobre la marcha un punto de encuentro, donde el torero pueda llegar unas décimas de segundo antes que el burel, para que le dé tiempo a enfrentarle entre los dos pitones (lo que se llama asomarse al balcón), sacar los palos de abajo, levantar los brazos y colocarlos en lo alto, pero siempre con los dos pies en el suelo, todo lo más sobre las puntas pero nunca con el saltito o el saltazo que se ve ahora. El pinchazo que siente el toro debe ser tal que le sorprenda y en esas décimas de sorpresa es cuando el torero debe retirarse rápidamente de la jurisdicción del toro, para que le dé tiempo luego a salir andando airosamente de la suerte, andando bien de espaldas o hacia atrás, esto ya es para mí aleatorio, pero nunca corriendo como un poseso tipo Juli ni saltando la barrera, salvo en casos excepcionales. Por eso es muy importante que el torero que pone banderillas sepa recortar en un palmo de terreno, pues tras el recorte pude salir despaciosamente, ya que la columna vertebral del toro no está para muchos movimientos bruscos en zig-zag. (Por esta razón se cuartea, porque un toro en línea recta es un obús). A propósito, ¡qué listos eran los que dieron en esto los primeros pasos! Me estoy refiriendo a los pioneros de los siglos XVIII y XIX, que son los que crearon estas reglas para poder realizar las suertes. Cada vez les admiro más.
Sigamos. Como el toro es muy listo (o debería serlo si no es el tonto artista), hay que tratar de cambiar los terrenos, el lado por el que se cuartea y la forma de poner las banderillas cada vez, pues si todas las veces se repiten estas circunstancias puede llegar a que el toro esté esperando al torero, lo que le provocaría la cogida. (Así pasó, desgraciadamente, en la última cogida que sufrió Mariano Jiménez, en la Feria de Otoño 2001).
Bueno, esta es, a mi entender, la forma más ortodoxa de banderillear.

Joaquín Moffil

 

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