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LA LIDIA

El Tercio de muleta

Por el devenir de la fiesta esta suerte que se componía de una serie de regates para colocarle la estocada al toro ha venido a ser el capitulo fundamental de la lidia. La faena de muleta suele comenzar en terrenos de tablas con pases de tanteo o sometimiento cuya finalidad reside en calibrar la embestida del toro. Larga, corta, bonancible, fiera, pronto, remiso, etc. A la vez se observa como pasa por cada pitón. La obligación en estos pases seria siempre ir sacando el toro hacia las afueras ganándole terreno, a la vez que se descubre la distancia a la que mejor se arranca un toro. Por lo tanto descubrimos aquí una de las necedades varias con que nos obsequian cada tarde de toros. Cierran al toro después del tercio de banderillas para que sea luego el matador quien lo saque para realizar la faena. Este devenir del toro hacia dentro y hacia fuera no propicia ganancia ninguna sino que en todo caso puede hacer aquerenciarse al toro con los terrenos interiores y perder la posibilidad de lucimiento en las afueras. Esta manía actual viene propiciada por encontrarse el torero más seguro en terrenos de tablas que en los medios a la hora de domeñar las primeras embestidas del astado.

Siendo mejor el cornúpeta cuanto de más lejos se arranque. Estos pases se suelen realizar de diversas maneras, ya sean para castigar a un toro demasiado boyante o de enfermería para cuidar las pobres arrancadas de un animal blando de condición. Para castigar al toro se emplearan pases bajos y largos con mucha violencia, y para cuidarlo se emplearan lances por alto y muy suaves. Algunos diestros cambian este prologo por cites de rodillas o cites desde los medios buscando la gloria basándose en el valor y la exposición.

Los pases los dividiremos en cuatro clases como son los derechazos, los naturales, los cambiados y los ayudados. Los derechazos y naturales se refieran a los que se dan por la mano derecha o la izquierda, Siendo derechazos los que da la mano derecha que monta la muleta con la espada y por tanto presenta mayor superficie y rigidez y los efectuados con la izquierda que reciben el nombre de naturales porque como ya hemos dicho con anterioridad este tercio era para regatear al toro mientras se intentaba matar y entonces la muleta se llevaba en la mano izquierda mientras la derecha portaba presta la espada para matar al burel. Estos pases tienen siempre que dar la salida al toro por la misma pierna con la que se torea. Llamamos pases cambiados a aquellos que citando con una mano dan la salida del toro por la pierna opuesta a la mano que los citó. Son estos la trincherilla, el trincherazo, el molinete, el afarolado, el de pecho, etc. Y se suelen utilizar para cerrar una serie de pases pues ya es obligado el torero a darle la salida contraria pues según va ligando pases el toro va quedando cada vez más alejado de la posición de cruce inicial. Los pases ayudados son aquellos en los que si bien la muleta se toma con la mano izquierda se ayuda con la espada para mayor consistencia de la misma. Son más deslucidos que los naturales pues como su nombre indica son ayudados. Importante en todas las suertes, sobre todo en la faena de muleta es la colocación del torero con respecto a las astas, a los cuernos, esta colocación debe de ser enfrente de ellas, en el centro, dando el medio pecho y no a un lado de ellas, es el torero al hilo del cuerno; la muleta la tiene que asir por el centro del estaquillador, del palo que sujeta a la tele, a la franela y citar con el centro de la misma y no con el pico

La sucesión de pases en la faena de muleta debe ser lógica y por tanto, una vez hecho el torero con la embestida del burel después de los pases de tanteo que antes describíamos deberá pasar a torear. Al citar siempre intentando el máximo cruce ante los pitones y pretendiendo siempre conducir la embestida del astado y realizar una línea imaginaria a través del recorrido del toro en forma de signo de interrogación, quedando siempre el torero en el centro de la circunferencia que realice el bovino. Es decir que citando en rectitud hacer describir al toro un circulo alrededor del torero. No que el toro pase mas o menos cerca del torero en rectitud y gire una vez llegado al final del viaje de la muleta. El valor se demuestra en la colocación del torero y la largura del pase. No por estar muy cerca es de mayor mérito el pase sino que lo que de verdad da valor a este es su largura y profundidad. Contra más largo sea un pase y de mayor distancia provenga el toro mayor es el trago para el torero. Siendo mucho más desahogado el sacarse el toro de debajo con un pase hacia fuera. A todo esto de la colocación y el recorrido hay que añadirle el mando y el temple. El mando es eso de hacerle girar al toro alrededor del torero rompiendo la rectitud de su viaje. Y el temple que para algunos es la facultad del torero para adecuar el pase a la velocidad del toro evitando siempre que le toque las telas. Para los grandes aficionados y toreros es adecuar la velocidad del toro a aquella que el torero quiere para su pase. Sea pues mandar de verdad en el toro obligándole a pasar tal como el torero quiere y no como la naturaleza del animal le dicta.

Como decía el maestro Domingo Ortega, las normas clásicas del Parar, Templar y Mandar, necesariamente deben completarse con el término "Cargar", quedando de esta forma: Parar, Templar, CARGAR y Mandar, siendo cargar la suerte una de las piedras angulares del toreo.

¿Cómo se debe cargar la suerte? El toro estar a la distancia que dicte su bravura, su codicia y sus pies. El torero se debe de situar frente al toro, dando ligeramente el medio-pecho, nunca de perfil ni al hilo del pitón, lo que se denomina "fuera de cacho". Así colocado el torero, manteniendo una actitud natural y relajada, presentar el engaño. Si es con el capote, deber levantar m s levemente la mano con que va a dar la salida al toro; si es con la muleta, el diestro siempre debe presentarla agarrada por la parte media del estaquillador, citando con la panza de la muleta y echándola siempre por delante, no dejándola retrasada ni a la altura de su cadera. Una vez arrancado el toro y justo en el instante en que entra en el terreno del torero, trayéndolo toreado desde el momento del cite, el matador, dejando asentado en la arena el pie que le ha dado, deber adelantar suavemente el pie de salida, siempre hacia el frente, "ganando terreno".

Con esto lo que se consigue, es embraguetarse al toro al describir éste en el albero con su trayectoria un signo de interrogación imaginario, cuya curva gira alrededor del torero.

Siempre se debe avanzar al frente, nunca abriendo el compás en paralelo, porque así el torero lo único que consigue es alargar el muletazo, nunca profundizarlo. La profundidad la adquiere cuando la pierna avanza al frente, y el toro en plena galopada es obligado a quebrar su trayectoria natural. Es entonces cuando el torero debe dejar caer el peso de su cuerpo y mantener su punto de equilibrio en la pierna de salida y quebrando su cintura, rematar el pase, siempre detrás de la cadera.

El cargar la suerte, algo que parece tan sencillo sobre el papel, es muy difícil de realizar ante el toro, sobre todo si este es encestado y con poder. Hoy en día son contados los toreros que lo realizan como mandan los cánones, siendo mayoría los que nos tienen acostumbrados al toreo en línea, sin obligar al toro y siempre al hilo del pitón. ­ ¡Qué pocos son los que torean "echando la pata pa'lante" jugándose los muslos con verdad! En los tiempos que corren es más habitual ver "cargarse la suerte".

Los pases de pecho son pases de remate de las series no siendo lo fundamental de las tandas o series de muletazos. Este pase suele llegar por inercia propia del toro y el torero, como el torero intenta siempre salirse de la suerte para evitar la cercanía del toro y va escupiendo el toro hacia fuera llega un momento en que por la distancia entre uno y otro solo puede ser ejecutado este pase sin necesidad de rectificar los terrenos por parte del diestro.

Una vez hecha la faena considerara el torero adornarla o no. Y esto se suele realizar con los molinetes, manoletinas, etc. Pero recuérdese siempre que estos son pases de adorno que sirven para lo que su nombre indica, adornar, y no son el fundamento de ninguna faena. Por lo tanto no se deben de premiar con vehemencia.

Todo lo descrito anteriormente es el fundamento de la lidia en un toro de características más o menos bravas y nobleza suficiente para hacer estas cosas. En ocasiones saltan al ruedo toros de carácter extraño para estas lides que plantean muchos problemas y no se les pueden ejecutar limpias suertes. Bien por mansedumbre o mala condición del astado al tener una embestida descompuesta, tobillera, gazapona, tornillazos, etc. No dejan torear como serian los cánones pero si ofrecen posibilidad de observar las posibilidades lidiadoras del diestro actuante a la hora de hacerse con indómitas embestidas o reiteradas huidas. Para este tipo de faena hace falta una mayor sapiencia lidiadora y por lo tanto entender en que terrenos y a que distancias se tragará el cornúpeta algún lance. Así como prepararlo para una buena muerte que puede ser el colofón de una mala faena con un mal toro pero que siempre se debería culminar con la mejor de las estocadas.

LO QUE DICE EL REGLAMENTO
  • Antes de comenzar la faena de la muleta a su primera res, el espada deberá solicitar, montera en mano, la venia del Presidente. Asimismo, deberá saludarle una vez haya dado muerte a la última res que le corresponda en turno normal.
     
  • Se prohíbe a los lidiadores ahondar el estoque que la res tenga colocado, apuntillarla antes de que caiga, o herirla de cualquier otro modo para acelerar su muerte.
     
    • El espada no podrá entrar nuevamente a matar en tanto no se libere a la res del estoque que pudiese tener clavado a resultas de un intento anterior.
    • El espada podrá descabellar a la res únicamente después de haber clavado el estoque. En otro caso, deberá realizar nuevamente la suerte con el mismo.
       
  • Transcurridos diez minutos desde que se hubiera ordenado el inicio del último tercio, si la res no ha muerto, se dará por toque de clarín, de orden de Presidente el primer aviso; tres minutos después el segundo aviso y dos minutos más tarde el tercer y último, en cuyo momento el espada y demás lidiadores se retirarán a la barrera para que la res sea devuelta a los corrales o apuntillada.
    Si no fuese posible lograr la devolución de la res a los corrales, o el que sea apuntillada, el Presidente podrá ordenar al matador que siga en turno al que hubiera actuado, que mate la res, bien con el estoque o directamente mediante el descabello según las condiciones en que se encuentre aquella.
     
  • Los premios o trofeos para los espadas consistirán en el saludo desde el tercio, la vuelta al ruedo, la concesión de una o dos orejas del toro que haya lidiado y la salida a hombros por la puerta principal de la plaza.
    Únicamente, de un modo excepcional, a juicio de la Presidencia, podrá ésta conceder el corte del rabo de la res.
     
  • Los premios o trofeos serán concedidos de la siguiente forma:
     
    • Los saludos y la vuelta al ruedo los realizará el espada atendiendo, por sí mismo, a los deseos del público que así lo manifieste con sus aplausos. La concesión de una oreja se realizará por el Presidente a petición mayoritaria del público.
       
    • La segunda oreja de una misma res será de la exclusiva competencia del Presidente, que tendrá en cuenta la petición del público, las condiciones de la res, la buena dirección de la lidia en todos sus tercios, la faena realizada tanto con el capote como con la muleta y, fundamentalmente, la estocada.
       
    • El corte de apéndices se llevará a efecto en presencia de un alguacilillo que será, a su vez, el encargado de entregarlos al espada.
       
    • La salida a hombros por la puerta principal de la plaza sólo se permitirá cuando el espada haya obtenido el trofeo de dos orejas como mínimo, durante la lidia de sus toros.
       
    • El Presidente, a petición mayoritaria del público, podrá ordenar, mediante la exhibición del pañuelo azul, la vuelta al ruedo de la res que por su excepcional bravura durante la lidia sea merecedora de ello.
       
    • El saludo o vuelta al ruedo del ganadero o mayoral podrá hacerlo por sí mismo, cuando el público lo reclame mayoritariamente.

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