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LOS GRACILIANOS

 

Hablamos de unos toros que escribieron muchas páginas gloriosas en la historia del toreo: los GRACILIANOS, pero que ahora, en los tiempos actuales, sólo se pueden ver muy de tarde en tarde (en algunas plazas no precisamente de 1ª categoría y, curiosamente, en alguna francesa).

   A nosotros, aficionados, nos gustaría que las figuras actuales (que se supone son los que están más preparados y con más conocimientos de la profesión) se disputasen lidiar toros de este encaste (los pocos que quedan ya, como luego veremos), tal como ocurría no hace muchos años. Y todo ello por una razón fundamental: ahora que el toro de lidia sale tan «uniforme» y bobalicón en la mayoría de las corridas, sería importantísimo para revitalizar la fiesta que la sangre y la casta de los «difíciles» gracilianos volviese a emocionar a los tendidos. No en balde se les denominaron «los miuras de Salamanca».

   Y con la esperanza y el deseo de que no se pierda este encaste, os dedicamos este artículo, queridos y asiduos lectores.

   LA ASOCIACIÓN EL TORO DE MADRID

 

   Como veremos, este encaste, posiblemente sea la más famosa de las ramas de origen Santa Coloma, con una personalidad propia, debido a una selección cuidadosa de los ganaderos. Por tanto, antes de hablar de los gracilianos daremos un sucinto repaso a la historia para conocer cómo se llegó a su tronco originario, es decir los santacoloma.

   Genealogía de Santa Coloma.- Este encaste, formado a principios del siglo, fue de los más apreciados, tanto por aficionados como por los toreros. Para nosotros, los aficionados, sigue gozando de nuestro favor, no así para los toreros actuales. Fueron unos toros andaluces de gran abolengo y fama, que se formaron de la unión de otras dos ramas fundamentales en el siglo XIX, una parte de la rama lesaqueña, vía saltillo, y la procedente de la mitad de la vacada de Ibarra, de origen murubeño. Como puede verse, lo más granado de la ganadería brava española.

   Vamos ahora a ver, por separado, cómo se formaron los dos encastes que originaron los santacoloma.

   1 . Saltillo. Don Benito Ulloa y Halcón de Calas, que así se llamaba el 2º Conde de Vistahermosa, recibió la ganadería que había fundado su padre en 1772 en Utrera (Sevilla) y seleccionó su propio ganado con gran esmero, en cuanto a comportamiento pero reduciendo la variedad de capas (dejando solo negros, cárdenos y colorados). Su

antigüedad, es decir, su debut en Madrid, data de 1790. Debe destacarse que el 90% de las ganaderías de bravo actualmente en el mundo es de origen vistahermosa.

   Al fallecimiento del Sr. Conde, a principios del siglo XIX, su célebre ganadería se dividió en varias porciones. La mayor fue a parar al célebre Barbero de Utrera, Don Juan Domínguez Ortiz, en 1823, al que luego volveremos, y otra de las partes menores llegó vía Salvador Varea e Ignacio Martín hasta D. Pedro José Picavea de Lesaca, vecino de Sevilla y reputado criador de toros bravos, en 1827. Al fallecer éste, la ganadería pasó a su viuda, Dª Isabel Montemayor, a cuyo nombre se lidiaron los famosos lesaqueños en Madrid, en la 9ª corrida de la temporada el 2 de julio de 1832, en la plaza de la Puerta de Alcalá, frente al Retiro (con divisa blanca y negra, que cambió varias veces hasta la definitiva celeste y blanca).

   Gran parte de esta ganadería la pasó Dª Isabel a su hijo D. José Picavea de Lesaca en 1841, con cuyo nombre debutaron en Madrid el 16 de junio de 1850, en la 13ª corrida de la temporada. En 1854 vendió finalmente la mayor parte de su vacada (unas 800 cabezas) a D. Antonio Rueda y Quintanilla, Marqués del Saltillo. El Sr. Marqués, con gran afición, tentó nuevamente toda la vacada y eliminó lo que no era de su agrado, estando sin lidiar corridas varios años, hasta que se jugaron sus reses por primera vez, que curiosamente se anunciaron así:

   «Seis toros de la ganadería de D. José Picavea de Lesaca, hoy propiedad del Sr. Marqués del Saltillo, vecino de Carmona (Sevilla), con divisa celeste y blanca, para la 16ª corrida de la temporada, verificada el 7 de julio de 1856». Destacamos esto por ser un ético proceder de los ganaderos de entonces, para que nadie pudiera llamarse a engaño en cuanto a origen del ganado a lidiar. (Lo mismo que ahora ¿verdad?, decimos nosotros). Así se siguieron anunciando hasta octubre de 1859, en el que ya se dejó el nombre del Sr. Marqués en solitario.

   Como dato anecdótico destaquemos que el 3 de octubre de 1859 se lidiaron 6 saltillos en Madrid, que tomaron 79 varas, provocaron 20 caídas de picadores y mataron 8 caballos (!). (Impresionante, ¿no?).

   Los pelos lesaqueños predominantes que quedaron después de la retienta fueron los cárdenos - en sus diferentes variantes - y negros, con muy pocos berrendos y castaños. Esas son pues las capas que podrán aparecer por regresión en sus descendientes puros, pero no otras.

   En 1880 fallece el Sr. Marqués y se anuncian los toros a nombre de su viuda, Dª Francisca Osborne y finalmente al de su hijo D. Rafael Rueda Osborne, 2º Marqués del Saltillo, que mantuvo la ganadería completa hasta comienzos del siglo XX, en que se divide en partes, una de las cuales es adquirida por el Sr. Marqués de Santa Coloma, con la que funda su ganadería, como veremos posteriormente.

   De esta raíz saltillo parten numerosas ganaderías, tanto en Mejico (Piedras Negras, San Mateo, La Laguna, Garfias, etc.) como en Colombia (Mondoñedo) y España (Santa Coloma, etc.). El fenotipo puro de estos toros da ejemplares elipométricos, no muy grandes, no exagerados de pitones, pero astifinos y veletos. En cuanto a su comportamiento para la lidia no son muy bravos pero sí encastados, con no mucha fijeza y humillación y con «picante», como decimos los aficionados. Actualmente el hierro y nombre de Saltillo lo ostenta D. Joaquín Moreno Silva.

   2. Ibarra. En 1840 aproximadamente, Dª Isabel, viuda de Lesaca, antes de cederle la ganadería a su hijo, como ya hemos explicado, vendió parte a D. Manuel Suárez Cordero, que a su muerte en 1850 lo dividió entre sus hijos Manuel y Manuela Suárez Jiménez. Un año más tarde, en 1851, D. Manuel vendió su parte a Dª Dolores Monge, viuda de D. Francisco Murube Alvarez. Esta señora, que fue una magnífica ganadera, aumentó su vacada el 10 de junio de 1863, comprando la tercera parte de la ganadería (200 vacas de vientre y 50 machos) de D. José Arias de Saavedra y Ulloa, yerno del Barbero de Utrera, ya mencionado antes, que era pura procedencia Vistahermosa, al igual que la parte lesaqueña que ya tenía. Es decir, refrescar pero con la misma raíz. Para dar una idea de cómo eran los murubes, baste decir que el toro «Marismeño», lidiado en Ronda en 1864, tomó 58 varas y mató 9 caballos, él solito.

   Dª Dolores cedió la vacada a su hijo D. Felipe Murube, quien a su vez vendió parte a su hermano D. Joaquín Murube y parte a otro gran ganadero, Don Eduardo Ibarra, en 1885, que darán origen a diferentes ramas, una de ellas, la que nos ocupa aquí, para formar la de Santa Coloma.

   Los toros ibarreños, se supone que son los precursores del toro moderno (no olvidemos que una de sus ramas fue adquirida por D. Fernando Parladé, origen de la mayoría de las ganaderías de la actualidad) y son negros, con mayor volumen, más bravos y con mayor fijeza que los saltillos.

   3. Santa Coloma. El Sr. Conde de Santa Coloma fué uno de los más prestigiosos, inteligentes y voluntariosos criadores de reses bravas que han existido y formó su ganadería entre 1905 y 1908, uniendo la rama lesaqueña de Saltillo con la murubeña de Ibarra. Sus reses han conservado hasta nuestros días, en sus distintas derivaciones, la legendaria bravura y la pureza de su casta, gracias a la cuidadosa selección realizada personalmente por el Sr. Conde. Dirigía todas las operaciones y tenía tres cerrados con abundantes pastos en la llamada Isla del Guadalquivir (Sevilla), denominados Los Cesteros, La Compañía y La Cascajera. En esos mismos pastos se habían criado los saltillos y los ibarra desde finales del siglo XIX.

   Esto dio como consecuencia un toro extraordinariamente bravo y encastado, que acometía de forma exhaustiva hasta que moría, prácticamente de pie. Era además muy inteligente, con ojos de gran vivacidad y fijeza y mirada inquietante y agresiva, genio vivo y gran prontitud en su embestida, con lo que no daba mucho tiempo para pensar a los toreros. Todo ello, como puede fácilmente deducirse, es muy molesto para realizar el toreo que se estila en estos tiempos, lo que está llevando a su cada vez más escasa aparición en las plazas. La raíz ibarreña aumentó el volumen general y la de saltillo proporcionó el fenotipo de mediano esqueleto, degollado de papada y las caras chatas con hocico afilado ("cara de rata").

   La ganadería de Santa Coloma fué vendida en 1932 a D. Joaquín Buendía Peña, que disminuyó volumen y pitones, sin menoscabo de su casta y bravura, que siguieron siendo sobresalientes y se mantiene hasta hoy por sus herederos.

   De Santa Coloma derivan las ramas del Marqués de Albaserrada (hermano del Conde) -y de ésta la actual de Victorino Martín - así como otras (Félix Suárez, Algarra, Coquilla, y de la rama ibarreña con Urcola la onubense de Celestino Cuadri, etc.).

   Estos son los precedentes cuando aparece en escena el ganadero de Salamanca Don Graciliano Pérez-Tabernero Sanchón.

   Genealogía del encaste Graciliano.- Todo empieza cuando en 1884, D. Fernando Pérez-Tabernero (padre de D. Graciliano), vecino de Villar de los Alamos (Salamanca), funda una ganadería con 25 vacas del Duque de Veragua y un semental de D. Antonio Miura. Tras varias ampliaciones con reses de su suegro D. Casimiro Manuel Sanchón, con más sementales del Duque y vacas de Biencinto (procedencia Tres Palacios), pasó todo a su viuda Dª Lucía Sanchón a la muerte de D. Fernando. En 1911 se reparte la vacada entre sus hijos D. Graciliano, D. Argimiro y D. Alipio, al renunciar el cuarto hijo, D. Antonio, a su parte al haber adquirido éste la ganadería portuguesa de Gama para seguir de forma independiente (como Antonio Pérez de San Fernando, los famosos AP). D. Alipio también fue por separado.

   Las partes de Graciliano y Argimiro permanecen unidas y el 27 de marzo de 1913 lidian en Madrid con Rafael «El Gallo», Cástor Jaureguibeitia Ybarra «Cocherito de Bilbao» y Curro Martín Vázquez.

   En el año siguiente (1914) D. Argimiro adquiere la ganadería de Dionisio Peláez (de origen Santa Coloma) y D. Graciliano se hace con la parte de su hermano, quedando como único propietario del hierro y debutando en Madrid el 1 de junio de 1916. Después de varios años en busca de su ideal de toro, D. Graciliano compra, en 1920, al Conde de Santa Coloma, 130 vacas y dos erales elegidos en tienta - Cristalino y Mesonero - para sementales, eliminando todo lo que tenía de Veragua y Miura. La mayoría de las vacas eran de procedencia ibarreña. Comienza así la historia de su propia ganadería, partiendo prácticamente de cero. El semental Mesonero ligó extraordinariamente, dando un gran número de toros bravos. Murió a los 18 años, en agosto de 1936, habiendo engendrado 1150 crías. Eran otros tiempos. No existía aún la inseminación artificial ni las pajuelas. ¿Cuál hubiese sido el futuro de esta ganadería con los medios actuales?. Ni lo podemos imaginar.

   Al final de la guerra, en 1939, vende D. Graciliano la mayor parte de las reses a D. José Escobar Barrilaro, reservándose solamente 25 vacas y un semental, así como el hierro y la divisa, comenzando a formar una pequeña nueva ganadería. Y de ella se lidiaron los primeros ejemplares en la corrida de la Asociación de la Prensa en San Sebastián, el 25 de julio de 1943, con los diestros Pepote Bienvenida, Rafael Ortega «Gallito» (sobrino de «Joselito») y Antoñito Bienvenida. Poco a poco, modestamente, volvió a situarse de nuevo en un lugar privilegiado. A finales de 1949, D. Graciliano, ya mayor y cansado, cedió la ganadería a sus hijos, D. Casimiro, D. Fernando, D. Graciliano y D. Guillermo, quienes a partir de 1950 lidiaron bajo el nombre de «Sres. hijos de Don Graciliano Pérez Tabernero». En estos toros predominaban las capas negras y cárdenas y pastaban en varias fincas (Matas Altas, San Pedro Acerón, etc.) sitas en El Villar de los Alamos, Matilla de los Caños, Aldehuela de la Bóveda y Carrascal del Obispo (Salamanca).

   Tras la muerte de D. Graciliano, en 1957, se hicieron 5 lotes, uno para la viuda Dª Trinidad Nogales y cuatro para los hijos. El lote de Dª Trinidad pasó, tras sucesivas cesiones - Javier Sánchez Ferrero, Germán Pimentel Gamazo y Matías Sanromán Fraile - a ser propiedad de D. Juan Luis Fraile Martín, en 1973, que es quien lo posee actualmente, con toda su pureza, sin cruces. El lote de D. Casimiro, tras el paso por su primo Alipio, que lo juntó con lo recibido de su abuelo, llegó finalmente a la esposa de Alipio Dª Mª Lourdes Martín y al parecer terminó desapareciendo prácticamente. El lote de D. Graciliano (hijo) pasó, en 1969, a ser propiedad de Palomo Linares quien, al parecer, sigue manteniéndolo por separado de los otros ejemplares que posee de procedencia Núñez. El lote de D. Fernando, tras sucesivos pasos -Ventura Márquez de Prado, Pedro Gandarias Urquijo y Martín y García "El Tomillar" - también desapareció en la práctica, asi como el de D. Guillermo.

   Según nuestras difíciles investigaciones, pues todo esto queda un poco como los secretos de los cocineros, aún podrían quedar genes gracilianos en alguna de estas ganaderías que hemos mencionado, e incluso en algunas otras ya extinguidas (como Bernabé Fernández de Martihernando o Carmina Ordóñez), pero claro esto son solo lucubraciones filosóficas.

   En definitiva, los ganaderos que poseen actualmente encaste graciliano, con toda seguridad, son pues los Sres. Herederos de D. Jose Escobar (que los tiene en la Isla Menor del Guadalquivir), D. Juan Luis Fraile (¿en peligro?) y D. Sebastián Palomo Linares, que posee además el hierro, la divisa (celeste, caña y rosa) y la antigüedad (17 de febrero de 1895) originales de los antiguos gracilianos.

   Por lo tanto, aún se pueden ver gracilianos, aquellos toros que, por su origen, tienen características de vistahermosa, lesaqueñas, asaltilladas, murubeñas, ibarreñas, santacolomeñas, etc. ¿Pero, por cuánto tiempo aún?. Dense prisa, por favor, antes que desaparezcan, por falta de demanda. Dios y el futuro del toro de lidia nos lo dirán.

   TOROS CÉLEBRES

   Si Ud. consulta esa Biblia de la Tauromaquia que es el Cossío, verá que una de las ganaderías con más toros famosos es la de Graciliano. Por ello, no queremos extendernos en la cantidad de ejemplares que han pasado a la historia, por haber sido premiados en diferentes plazas importantes, españolas y extranjeras de forma reiterada y nos remitiremos a unos pocos toros de bandera, a título de ejemplo, aunque mencionando de paso a Fandanguero, tristemente célebre, pues corneó gravísimamente a Curro Vega de los Reyes - el primer «Gitanillo de Triana» - (el 31-5-31) falleciendo pocos días después. Es una más, de las tristes e inevitables páginas negras de la historia de la fiesta.

   Segador.- Madrid (17-6-26). Tomó 6 varas.

   Lisito, Rompelindes, Trompetero.- Tomaron cada uno 5 varas. Madrid (11-6-25) y Barcelona (29-6-25). El último, novillo, (Madrid, 14-8-32) tomo también 5 varas.

   Ligero, Gorrión.- Vuelta al ruedo en Madrid y Valencia, años 25 y 32, respectivamente.

   Nevadito.- Ganó el toro de oro de Benlliure en San Sebastián (1929).

   Perdigón.- Ganó en Méjico (6-3-38) el trofeo a la bravura.

   ANECDOTARIO

   Vamos a hablar finalmente, como colofón, de dos famosos gracilianos: Corchaíto y Capuchino.

   Jueves, 24 de mayo de 1928. Madrid (Plaza antigua de la carretera de Aragón, donde hoy se encuentra el Palacio de los Deportes). Así lo cuenta Pepe Alameda en "El hilo del toreo": A Manuel Jiménez «Chicuelo» le corresponde la lidia del tercer graciliano de la tarde, de nombre Corchaíto. Actuaban con él Vicente Barrera y Joaquín Rodríguez «Cagancho». Según Federico M. Alcázar, en la crónica del día siguiente en El Imparcial, realizó Chicuelo la faena precursora del toreo moderno, del de nuestros días. Había empezado con dos tandas de naturales y siguió con 4 redondos, ligando los pases en un palmo de terreno, describiendo el toro dos círculos a su alrededor para completar los redondos con lentitud. Nadie, hasta entonces, lo había realizado así. Los espectadores se volvieron locos, se abrazaban, cada muletazo era un alarido. Antes de entrar a matar, la plaza se llena de pañuelos. Pincha, vuelve a ligar cuatro naturales. Vuelve a pinchar, otros dos naturales y finalmente coloca media que hace caer a Corchaíto sin puntilla. Dos orejas y el delirio.

   Sin embargo, para que nos hagamos una idea de aquellos tiempos, Gregorio Corrochano, que escribía para ABC y no era muy partidario de Chicuelo, destacó a Cagancho en el 2º de la tarde, resaltando que Corchaíto solamente tomó dos varas, saliendo suelto y se salvó de banderillas negras por muy poco, siendo un toro manso para el ganadero en varas pero muy noble y sin agotarse para el torero en la muleta. Solo le gustó al crítico el final de la faena. Como esta crónica desató mucha polémica, Corrochano, que era muy inteligente sobre todo, hizo unos días después otra crónica, con motivo de la corrida siguiente, en la que no toreaba Chicuelo, alabando el monumento al toreo al natural que había levantado éste el jueves anterior.

 

   A partir de este día el público empezó a exigir que se torease así, pero el toro hasta entonces no lo había permitido. Había que empezar a ver cómo se podía llegar a obtener ese toro, que llegase al último tercio de forma diferente, con nobleza, repitiendo las embestidas, con fijeza en el engaño, sin mirar al torero, etc. Esa es, a nuestro criterio, la aportación de Corchaíto, negro, calzón y coletero, marcado con el nº 49, de la ganadería de D. Graciliano Pérez-Tabernero.

   Jueves 3 de junio de 1948. Madrid (Plaza de Las Ventas del Espíritu Santo). Confirma la alternativa Manolo González, de manos de Antonio Bienvenida y con Pepín Martín Vázquez de testigo. En el último de la tarde, Capuchino, negro mulato, de Hijos de Graciliano Pérez-Tabernero, Manolo González, que había estado bien en el de la confirmación, dando la vuelta al ruedo, hace una faena para no olvidar, cortando las dos orejas. Uno de los miembros de nuestra Asociación, Félix, asistió como espectador, acompañado de su sargento de la «mili», que estaba entonces realizando. Nos relata que ha sido de lo mejor que ha visto en su ya veterana afición a los toros.

   Se confirma así que entonces ya se habían conseguido los toros para llevar a cabo el toreo moderno, veinte años después de Corchaíto. ¿Influencia de éste?. ¿Quién puede saberlo?. Por cierto, como anécdota, nos comenta Félix que la policía («los grises» de entonces) prohibieron por vez primera (y única) la salida a hombros por la puerta de la calle Alcalá de Manolo González, con lo que el follón que se organizó fue considerable, no volviendo ya a prohibirse jamás. Ello fue debido a que un mes antes había salido a hombros Raúl Ochoa (o Acha) Rovira y le dieron de beber de innumerables botas y garrafas, con lo que cogió "una" de campeonato y al parecer terminó dando vivas a lo que no debía. La Dirección General de Seguridad conoció los hechos y dio la correspondiente orden de prohibición. En aquellos tiempos, casi todo estaba prohibido. (Menos en los toros. ¡Hasta ahí podíamos llegar!).

 

 

Colectivo de la Asociación el Toro de Madrid

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