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El encaste de Hidalgo-Barquero

La Casta de Vistahermosa, eje central de la actual cabaña brava en España y el resto del mundo taurino ha contribuido también a la creación de otros encastes mediante cruces con ejemplares de Casta Vazqueña, que se conservan en la actualidad en algunas ganaderías españolas, aunque de forma minoritaria. Estos encastes son los de Hidalgo-Barquero, Vega Villar y Villamarta.

El encaste de Hidalgo-Barquero deriva de una base de vacas de Casta Vista-hermosa, sobre las cuales se utilizaron sementales de Casta Vazqueña, procedentes de la propia ganadería de Vicente José Vázquez.

El encaste de Vega Villar procede de un cruce llevado a cabo justamente a la inversa, mediante la utilización de vacas de Casta Vazqueña, procedentes de la ganadería del Duque de Veragua y un semental del encaste Santa Coloma, derivado de la Casta de Vistahermosa.

La influencia de la Casta Vazqueña en el encaste de Villamarta es mucho más limitada que en los anteriores y se ciñe únicamente al empleo de vacas del hierro de Patricio Medina Garvey, que procedían directamente de Hidalgo-Baquero, con lo cual ya estaban cruzadas con sangre de Vistahermosa. Las restantes procedencias utilizadas por el Marqués de Villamarta en la creación de su ganadería descendían directamente de varias ramas de esta última casta (Murube, Urcola, Santa Coloma e Ibarra-Parladé).

 

ORÍGENES DEL ENCASTE DE HIDALGO-BARQUERO

Se trata de uno de los encastes minoritarios de la actual cabaña brava, presente en un número escaso del millar de ganaderías de lidia existentes en España, pero que tiene fijada una morfología y un comportamiento característicos, donde se aprecian las influencias recibidas de las Castas Vistahermosa y Vazqueña, de cuyo cruce deriva.

Diego Hidalgo y Barquero, creador del encaste que lleva su nombre, era un canónigo sevillano que decidió hacerse ganadero de bravo a finales del primer tercio del siglo XIX.

Siguiendo la línea habitual de los criadores de reses de lidia de su tiempo buscó la fórmula para dar un sello diferencial a su vacada, a base de realizar un cruce entre ejemplares de distintas procedencias.

Como punto de partida adquirió reses de Giráldez, procedentes de una de las partes en las que se fragmentó la ganadería del Conde de Vistahermosa, y más tarde consiguió hacerse con dos machos del hierro de Vicente José Vázquez, el creador de la Casta Vazqueña.

Para obtenerlos recurrió al general Quesada, encargado de la testamentaría de Vázquez y, gracias a la intervención de éste, consiguió que le fueran adjudicados dos utreros que al parecer tenía preparados el propio Vázquez para utilizar como sementales.

Los dos novillos eran de pelaje berrendo en negro y fueron cruzados con las vacas de Giráldez, infundiendo en la ganadería la característica de su pinta, que hoy se reconoce como la más significativa de este encaste.

Como ya hemos indicado, en 1841, Hidalgo Barquero vendió la mayor parte de la vacada a Joaquín Jaime Barrero, reservando para sí otro lote de cuarenta y una vacas y varios machos, a las que después les agregó más reses de origen yazqueño.

El canónigo mantuvo la ganadería hasta 1850, vendiéndola ese año a Ramón Romero Balmaseda. Posteriormente pasó a la familia Laffitte y luego quedó en poder de distintos propietarios, entre los que destacó el Marqués de Guadalest, que la mantuvo entre 1906 y 1933, consiguiendo éxitos considerables.

La ganadería perdió prestigio en manos de sus sucesivos dueños y las reses que la integraban acabaron por extinguirse. Hoy tan sólo se conserva el antiguo hierro de Hidalgo Barquero en propiedad de Manuel Prado y Colón de Carvajal, que mantiene reses de origen Torrestrella y que utiliza para su vacada la denominación de "Guadalest".

Los vacunos que hoy configuran el encaste Hidalgo-Barquero derivan por tanto de la primera porción de la ganadería vendida por el canónigo a Barrero. Entre los propietarios sucesivos de la divisa destacaron José Antonio Adalid, aún en el siglo XIX, y Carlos Otaolaurruchi, a caballo entre el XIX y el XX.

Posteriormente adquirió la vacada Adolfo Gutiérrez Agüera y tras varios cambios en su propiedad quedó extinguida durante la Guerra Civil.

Las únicas reses derivadas de la ganadería de Hidalgo Barquero que aún se conservan son las descendientes de aquellas que en 1910 compró José Domecq a Gutiérrez Agüera y que cruzó con vacas de Surga (cruce de Casta Vazqueña y Murube) y varios sementales de Tamarón, que imprimieron sus características diferenciales a los productos de la vacada.

Antonio Peñalver y los hermanos Pallarés fueron los sucesivos dueños de la divisa hasta que en 1935 pasó a José Benítez Cubero, que la seleccionó y la llevó a sus mayores etapas de éxito. Actualmente todas las ganaderías que mantienen reses derivadas de este encaste, se han creado a base de reproductores adquiridos a Benítez Cubero.

 

El prototipo del encaste de Hidalgo Barquero

Los ejemplares procedentes de Hidalgo Barquero presentan una morfología muy típica, donde se aprecian rasgos de su doble origen (Vistahermosa-Vázquez). Aunque la aportación vazqueña ha sido considerablemente menor, limitada solamente a los dos sementales con que en su día el canónigo Hidalgo Barquero cruzó las vacas oriundas de Giráldez, y a las hembras de Surga adicionadas por José Domecq, es la más evidente en la morfología de estos vacunos.

De hecho se trata de reses de tamaño más bien grande, aunque en ningún caso lleguen a ser longilíneas. Son altas de agujas y largas. Su volumen es considerable y les permite adquirir pesos elevados, por encima de la media de la raza. Además, su conformación torácica, con el pecho ancho y los costillares largos, profundos y considerablemente arqueados les confieren un aspecto cilíndrico que contribuye a crear un prototipo cercano a la hipermetría.

Su perfil puede ser recto o un poco acarnerado (subconvexo) y tienen en conjunto un aspecto algo destartalado y generalmente poco vistoso, que resulta menos lúcido cuando no están cebados.

Al margen del perfil cefálico, su cabeza es considerablemente voluminosa, alargada y variable en anchura, de modo que coexisten los ejemplares anchos de sienes con otros que son bastante más estrechos y característicamente cariavacados. Los ojos tienen tamaño grande y un aspecto poco agresivo.

Con frecuencia son bastante carifoscos, sobre todo en las carrilladas, y tienen el morro ancho y reluciente. Las encornaduras suelen presentar una apreciable variedad siendo gruesas en su base y de longitud variable. Por lo general el pitón es poco fino y más bien corto. De forma más minoritaria se dan ejemplares algo más finos de mazorca, que suelen ser cornalones y de más pitón que la media del encaste. También aparecen toros cornicortos, condición que se acentúa más a la vista de su gran tamaño corporal.

Predominan los ejemplares anchos de cuna, astiblancos y con los cuernos dirigidos hacia arriba, siendo frecuentes los bien armados y corniveletos, que evidencian en este aspecto la influencia recibida de la sangre de Tamarón. También se dan astisucios y astinegros, mientras que los astiacaramelados son más minoritarios.

El cuello suele ser un poco corto, rizoso y con el morrillo bastante prominente, ancho y abultado, de forma que se dan muchos ejemplares un poco "montados". La papada, considerablemente desarrollada, contribuye a embastecer el tipo de los ejemplares.

La línea dorso lumbar puede ser recta o algo ensillada, el tórax es largo, ancho y cilíndrico, el vientre bastante abultado, la grupa redondeada y la cola larga mas bien gruesa y de borlón poblado, mientras que las extremidades son anchas y fuertes, provistas de pezuñas grandes.

La pinta que se asocia más típicamente con los vacunos del encaste Hidalgo Barquero es la berrenda en negro de tipo aparejado, aunque no sea tan abundante como la negra. También se dan ejemplares colorados, tostados y castaños y, con menor frecuencia, cárdenos, berrendos en colorado, berrendos en castaño y hasta berrendos en cárdeno. Excepcionalmente aparecen algunos ensabanados y salineros.

En los ejemplares berrendos los accidentales más característicos son el aparejado y el botinero, aunque en la ganadería de Jódar y Ruchena es frecuente encontrar reses capirotas, alunaradas, remendadas y mosqueadas.

En las restantes capas pueden apreciarse con más o menos frecuencia otras particularidades, como el chorreado en verdugo y en morcillo, entrepelado, lavado, salpicado, bociblanco, bocidorado, bocinegro, ojo de perdiz, ojalado, llorón, gargantillo, axiblanco, listón, rabicano y las más comunes, bragado, meano y bragado corrido.

 

LAS VACAS DEL ENCASTE DE HIDALGO BARQUERO

Las vacas del encaste Hidalgo Barquero presentan los mismos pelajes que los machos y tienen también un tamaño considerable, que las sitúa entre las más grandes de la raza. Son altas de agujas y muy largas, exhibiendo mayor finura de tipo que los toros, aunque presenten un aspecto más recio y menos estilizado que las hembras de la mayoría de las restantes procedencias.

Sus encornaduras adquieren buen tamaño y son menos gruesas de mazorca que las que lucen los machos. La línea dorso lumbar suele aparecer ensillada con mayor frecuencia y la ventral es igualmente abultada. Las extremidades son anchas y la grupa amplia, aunque más angulosa e irregular que la de los toros. Las ubres alcanzan buen grado de desarrollo y son más prominentes que la media de la raza, denotando su origen vazqueño.

 

El comportamiento del Encaste de Hidalgo Barquero

Lejos de la agresividad habitual en la mayoría de los encastes, los toros de origen Hidalgo Barquero suelen ser más apacibles y algo menos complicados de manejo. Por lo general suelen ser bastante gregarios y muestran un menor grado de violencia con sus hermanos de camada y con las personas encargadas de su cuidado.

Su docilidad y su carácter bonachón se aprecian cotidianamente, rodeándose tranquilamente y sujetándose con la ayuda de un solo caballo en el lugar del cercado donde se les sitúa para poder mostrarlos a cualquier visitante. Igualmente permiten acercarse a unos pocos metros de distancia sin hacer extraños, ni manifestar un nerviosismo apreciable.

Estas pautas de conducta reducen la frecuencia y gravedad de las peleas que mantienen con sus hermanos de carnada, de forma que el número de bajas en cada carnada es menor que las se producen en otras procedencias ganaderas. En el caso de las hembras, la pauta general de comportamiento es semejante, predominando sobre todo su carácter gregario.

En cuanto a su comportamiento durante la lidia todos los ganaderos que crían reses de este origen saben que las principales virtudes de sus animales se manifiestan en la muleta y que salvo excepciones no cabe esperar una pelea muy brillante en el tercio de varas, donde suelen pecar de blandura e incluso de mansedumbre, destacando poco en esta faceta de la lidia. Así su principal rasgo característico es la nobleza, ramificada en una serie de factores tales como la suavidad y el temple de sus embestidas despaciosas, la fijeza y la docilidad.

No suelen ser agresivos con los toreros y sus principales dificultades en el último tercio pueden venir derivadas de una cierta falta de bravura, de fuerza, o de ambas a la vez, que les lleven a pararse, quedarse cortos en la muleta o defenderse, pegando cabezazos, resultando muy deslucidos en tales casos.

Este proceso degenerativo se ha producido ya en bastantes ocasiones en las ganaderías de origen Hidalgo Barquero y siempre ha estado motivado por la búsqueda de una dulzura extrema, olvidando la importancia que tiene el tercio de varas para conservar el caudal de bravura y casta. Además, el proceso degenerativo ha venido acompañado muchas veces por una falta de fortaleza muy acusada en estos casos.

 

El Encaste Hidalgo Barquero en la actualidad

Pasadas sus mejores épocas de esplendor, el encaste Hidalgo Barquero se conserva en la cabaña brava española de forma minoritaria y, salvo excepciones, ausente de las principales plazas y ferias. Al día de hoy tan sólo se mantienen reses de esta procedencia en nueve ganaderías del millar que existen en España.

De este modo los principales núcleos derivados de este encaste se encuentran en poder de José Benítez Cubero, Jódar y Ruchena y Lora Sangrán. Con todo el número total de reproductores derivados de este encaste y presente en el conjunto de las ganaderías citadas apenas llega al millar, una cifra muy baja para poder asegurar su supervivencia.

No obstante, el encaste Hidalgo Barquero cuenta con una ventaja que no debe olvidarse y es que se trata de animales poco agresivos por lo general, de forma que aunque ya no están entre los favoritos de los toreros, tampoco les molesta su existencia.

Merced a estas circunstancias el riesgo de extinción de esta línea ganadera no es muy grande en los momentos actuales y cabe la posibilidad de recuperación. No obstante es difícil que vaya a extenderse más puesto que ninguna ganadería de nueva creación o que esté en proceso de remodelación parece interesarse por la adquisición de efectivos de este encaste, a diferencia de lo que ocurriera en épocas anteriores.

 

Del libro "Prototipos raciales del toro de lidia"  del Ministerio de Agricultura.

 

Enlaces relacionados:

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