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TITULAR

 

EL ENCASTE SANTA COLOMA

ORÍGENES

El Conde de Santa Coloma compró en 1905 la mitad de la vacada que fuera de Eduardo Ibarra. Esta adquisición se realizó a través de Manuel Fernández Peña, que como ya hemos indicado apenas tuvo la vacada en su poder durante un par de años.

El Conde de Santa Coloma planificó lo que en el futuro sería su ganadería y, para ello, compró vacas y sementales del Marqués de Saltillo, procedentes también de pura casta Vistahermosa pero que ya en los comienzos de este siglo mantenían acusadas diferencias con las reses derivadas de Ibarra, tanto en el comportamiento durante la lidia, como en lo que se refiere a su morfología.

La idea del Conde de Santa Coloma consistía en aunar las mejores características de una y otra procedencia, consiguiendo integrar en un mismo animal la calidad, buena clase y regularidad que caracterizaban a los ejemplares procedentes de Ibarra, con la espectacular bravura y casta típicas de los toros de Saltilb. Al mismo tiempo trataba de evitar los principales inconvenientes de las dos líneas ya que, en las reses ibarreñas, había un mayor porcentaje de toros " man-sotes" y con tendencia a apbomarse durante la lidia, mientras que los "saltillos" eran mucho mas irregulares y solían resultar más difíciles para los toreros, por ser demasiado encastados, acusando con frecuencia exceso de genio y tendencia a desarrollar sentido.

El cruzamiento entre los reproductores derivados de -Saltillo e Ibarra ha sido negado sistemáticamente por numerosos autores, que han venido insistiendo en que el Conde de Santa Coloma mantuvo unas y otras reses por separado. Esto es absolutamente incierto como lo prueba el hecho de que el tipo de los toros del Conde de Santa Coloma es muy diferente al de sus primos-hermanos derivados de Parladé, igual que ocurre con sus pelajes, ya que los primeros suelen ser cárdenos y negros, mientras que entre los "Parladés" abundan los colorados y castaños, junto a los negros.

El experimento llevado a cabo por el Conde de Santa Coloma dió excelentes resultados en cuanto a comportamiento y sus toros se situaron en la cima de la cabaña brava española, despertando la admiración de los aficionados y contando entre los ejemplares que las principales figuras del toreo, como Joselito y Belmonte, lidiaban en las plazas más importantes.

Donde no resultó tan positivo el cruce fue en los aspectos morfológicos, que siempre son secundarios con respecto a la bravura en el toro de lidia, pero tienen también bastante importancia, ya que actualmente la presencia de los ejemplares, su trapío, es fundamental para poderlos lidiar en las plazas más relevantes.

El toro de Santa Coloma perdió parte de las buenas características morfológicas de los ejemplares de Ibarra y recibió una influencia poco positiva por parte del toro de Saltillo, más fino, pero peor conformado en líneas generales y casi siempre de menos trapío.

Por eso y por su mayor irregularidad, el Conde de Santa Coloma limitó la influencia de Saltilbo y prefirió mantener un equilibrio en la ganadería, con predominio de la sangre ibarreña. Esta idea le llevo a ceder en 1913 los ejemplares más asaltillados a su hermano, el Marqués de Albaserrada, que formó otra vacada de la cual deriva el encaste que lleva su nombre.

Los toros de Santa Coboma gozaron de un cartel extraordinario hasta finales de los años veinte y la ganadería se convirtió en un vivero de bravura, siendo una de las mas influyentes en la constitución de la cabaña brava española y americana.

Con posterioridad, el Conde de Santa Coloma enfermó y no pudo ocuparse personalmente de la vacada, cuyos productos empezaron a perder cualidades a pasos agigantados de modo que la divisa acabó por hundirse. Ante esta situación e imposibilitado para dirigir la explotación, el Conde, decidió deshacerse de la misma vendiéndola en 1932 al ganadero sevillano Joaquín Buendía, creador de la principal rama derivada del encaste de Santa Coloma.

La rama Buendía

En el momento en el que Buendía compró la divisa, los "santacobomas" se hallaban muy desprestigiados y no contaban con las preferencias de los toreros, ni las de los aficionados, circunstancias que obligaron al nuevo propietario a enviar al matadero varias camadas de toros completas y a practicar una selección muy rigurosa que, poco a poco, dió sus frutos y permitió la rehabilitación de la ganadería a base de sustituir el genio y el comportamiento agresivo por la nobleza, sin perder buena casta y movilidad.

A partir de este momento Buendía, fue modificando el tipo de toro del Conde de Santa Coboma, yéndose más a la línea asaltillada y haciendo un ejemplar con menos trapío, reduciendo las encornaduras de las reses, suavizándolas de temperamento y aquilatando ab máximo la calidad de éstas, sin perder su fondo de casta. En definitiva, intentó que las figuras del toreo aceptaran sus toros a base de que les resultaran agradables de presencia, para no tener que renunciar a sus principales virtudes de comportamiento.

Durante este tiempo, Joaquín Buendía, consolidó su ganadería y la convirtió en una de las fundamentales, base de la creación de otras muchas, mediante la venta de reproductores para rehacer o mejorar éstas. Así se creó la primera rama, la línea central de las tres principales que derivan del tronco de Santa Coloma.

En los setenta años que la ganadería lleva en manos de la familia Buendía, ésta ha definido un prototipo de animal más asaltillado que ibarreño en cuanto a su morfología; encastado y, al mismo tiempo con calidad para el torero, en el que predominan la regularidad de los productos y el carácter muy definido, por encima de las restantes virtudes.

La línea Buendía constituye la rama central de las que derivan del encaste de Santa Coloma y también la más extendida, pero, junto a ella hay otras dos importantes, las de Coquilla y Graciliano Pérez-Tabernero, que proceden de distintos lotes de reproductores vendidos por el propio Conde de Santa Coloma antes de deshacerse de la ganadería, ya que durante los años en los que el Conde disfrutó de su vacada efectuó varias ventas de vacas y sementales y algunas de éstas tuvieron gran importancia porque dieron lugar a ganaderías punteras, sobre todo a las ya citadas de Coquilla y Graciliano, y también al encaste de Albasenada.

La rama Coquilla

La primera cesión importante de reproductores llevada a cabo por el Conde de Santa Coloma se produjo en 1913, cuando transfirió a su hermano el Marqués de Albaserrada la mayor parte de los ejemplares procedentes de Saltillo y también otros oriundos de Ibarra, marcados ya con el hierro del propio Conde.

La selección llevada a cabo en el hierro del Marqués de Albaserrada dió lugar a un ejemplar de características étnicas y de comportamiento muy similares al toro de Saltillo, ya que dicha sangre fue la imperante en la ganadería, aunque en algunas ocasiones aparezcan rasgos más próximos a los de las reses de Santa Coloma. A pesar de su parecido con los "saltillos", los "albaserradas" tienen habitualmente mayor peso, tamaño y desarrollo córneo que aquellos y una cierta tendencia a presentar perfiles inversos a los de los "santacolomas", es decir, acarnerados o ligeramente convexos, característica mas apreciada en los ejemplares veletos, cornipasos y cornivueltos.

A través del Marqués de Albaserrada, su hermano, el Conde de Santa Coloma vendió en 1916 un lote importante de reses de ambos hierros al ganadero salmantino Francisco Sánchez de Coquilla, popularmente conocido como Paco Coquilla y creador del encaste que lleva su nombre.

Entre los reproductores adquiridos figuraba el semental "Jabato", que dió un excelente resultado y que infundió a la ganadería las mejores características de bravura, calidad y buen estilo, que le proporcionaron grandes éxitos en todas las plazas importantes entre 1920 y 1934.

Durante este periodo los toros de Coquilla fueron los más cotizados entre las figuras del toreo, especialmente por su calidad, convirtiéndose en el prototipo del toro comercial de aquella época. Tanta fue la fama que alcanzaron que, en el "mundillo de los toros" se hizo popular una frase del torero Manuel Jiménez "Chicuelo" referida al comportamiento de estos ejemplares durante la lidia:

"Los Coquillas son dulces como rosquillas, o picantes como guindillas".

Aunque la ganadería de Coquilla derivase directamente de la del Marqués de Albaserrada, su nuevo propietario realizó una selección más próxima a recuperar el prototipo ibarreño, que es el que está presente actualmente en las reses derivadas de esta rama.

Hay que tener en cuenta que en el momento en que Paco Coquilla adquirió los reproductores, el cruce con Saltillo era aún muy reciente y no estaba demasiado fijado en la vacada por lo que el ganadero limitó su influencia en la nueva divisa.

Esta circunstancia explica el predominio de las reses negras, tostadas e incluso castañas y coloradas sobre las cárdenas y las diferencias morfológicas que se aprecian en las mismas, con respecto a las de la línea de Buendía.

La ganadería de Coquilla se vendió en cinco lotes durante el año 1935, que pasaron a ser propiedad de José María López Cobos, Hermanos Villagodio, Santiago Ubago, Alfredo Corrochano y Justo Sánchez-Tabernero, todos estos núcleos están extinguidos en la actualidad salvo el último.

Justo Sánchez Tabernero, de Salamanca, fue el comprador de la quinta porción de la ganadería de Coquilla, que puso a nombre de sus hijos, los hermanos Sánchez-Fabrés, quedando posteriormente a nombre de Alfonso Sánchez-Fabrés y ahora de sus herederos, quienes han efectuado un refrescamiento de sangre en la ganadería con sementales procedentes de la línea de Buendía, marcados con el hierro de Martínez Elizondo.

Previamente, a partir de los reproductores de la ganadería de Sánchez-Fabrés, se han creado las ganaderías de Sánchez-Arjona (Coquilla de Sánchez-Arjona), que mantiene pura la línea de Coquilla, y José Matías Bernardos, hoy desaparecida.

En la actualidad, estas ganaderías y las que derivan de el(as constituyen la línea de Coquilla, segunda de las ramas derivadas del encaste de Santa Coloma.

La rama Graciliano Pérez-Tabernero

La tercera línea, correspondiente a Graciliano Pérez-Tabernero, de Salamanca, fue creada por este ganadero en 1920 cuando adquirió del Conde de Santa Coloma 140 vacas y los sementales "Mesonero" y "Cristalino". La mayoría de estas reses pertenecían a la línea ibarreña del encaste.

El semental "Mesonero" dió excelente resultado y en sus 18 años de vida engendró más de mil crías, constituyendo la base de la nueva ganadería e imprimiéndole la mayor parte de sus características diferenciales.

En manos de Graciliano Pérez-Tabernero y posteriormente de sus hijos, las reses de la divisa adquirieron gran prestigio entre los aficionados por su espectacular bravura, siendo ésta su característica mas acentuada en lo que a comportamiento para la lidia se refiere.

Morfológicamente, los ejemplares responden al prototipo ibarreño, siendo de capas negras y más finos que los toros de Parladé. Son los más grandes de talla dentro del encaste Santa Coloma, algo más altos de agujas y mejor encornados que los restantes.

Su principal inconveniente arranca del mismo punto que sus virtudes, la bravura y la casta que, en algunas ocasiones degeneran a un genio excesivo y propician la aparición de reses difíciles y que desarrollan sentido en la plaza.

A pesar de ello, durante las dos etapas en las que Graciliano Pérez-Tabernero y sus hijos mantuvieron en su poder la ganadería, ésta contó entre las más bravas de todas las existentes en España y acaparó premios y galardones en todas las plazas donde se lidiaron sus reses.

Hemos hablado de dos etapas en la ganadería de Graciliano Pérez-Tabernero y es que en 1939 vendieron la mayor parte de la vacada a José Escobar, reservándose solamente 25 vacas y un semental, a partir de los cuales la rehicieron y volvieron a colocarse en un lugar privilegiado como ganaderos.

Más tarde se dividió la divisa en cinco lotes que fueron, para la viuda de Graciliano Pérez-Tabernero, Trinidad Nogales, y para sus cuatro hijos, Graciliano, Fernando, Guillermo, y Casimiro. Esta partición marcó la última época de la ganadería.

El lote de Trinidad Nogales es hoy propiedad de los herederos de Juan Luis Fraile, que mantienen el mismo encaste. La parte de Casimiro pasó a María Lourdes Martín, que la aumentó con reses de la misma procedencia, marcadas con el hierro de su suegro, Alipio Pérez-Tabernero Sanchón.

Los lotes de Fernando y Casimiro Pérez-Tabernero acabaron desapareciendo y el de Graciliano consiguió los últimos éxitos de la ganadería y, tras una época de ostracismo, se vendió en 1968 a Palomo Linares y los hermanos Lozano. En la actualidad, Palomo, mantiene algunas reses de esta procedencia, pero la mayor parte de su vacada deriva de Carlos Núñez.

Con la excepción que suponen las ganaderías de Juan Luis Fraile y José Escobar, el mayor número de ejemplares procedentes de Graciliano Pérez-Tabernero existentes en la actualidad derivan de la vacada su hermano Alipio, quien en 1925, compro 130 hembras y varios sementales del hierro de Graciliano y luego en 1933, el semental "Hornero", de la misma ganadería y que ha sido el principal raceador de la divisa.

Durante muchos años, Alipio Pérez-Tabernero Sanchón crió toros de excelente juego, bravos y encastados, aunque menos espectaculares y complicados para el torero, que los de su hermano Graciliano. De la ganadería de Alipio Perez-Tabernero derivan actualmente las que se anuncian a nombre de sus nietos Alipio Pérez-Tabernero Martín, Hijos de Ignacio Pérez-Tabernero, Hermanos Clemares Pérez-Tabernero, José Juan Pérez-Tabernero y sus nueras, María Lourdes Martín de Pérez-Tabernero y Pilar Población del Castillo.

En resumen, el encaste de Santa Coloma da lugar a tres ramas principales, que son las que se encuentran presentes en mayor número de ganaderías la actual cabaña brava, la rama de Buendía, la rama de Coquilla, y la de Graciliano, englobadas las tres en dos prototipos distintos, uno ibarreño y otro "asaltillado", aunque también mantienen numerosas señas de identidad comunes.

PROTOTIPOS RACIALES DEL ENCASTE DE SANTA COLOMA

Los ejemplares de la línea Santa Coloma presentan en su morfología una serie de características étnicas comunes, que están muy fijadas, de modo que contribuyen en gran medida a definir el prototipo del encaste, que resulta completamente diferente al de los restantes vacunos de la raza de lidia.

Puede decirse que el Santa Coloma es un toro que tiene una marcada personalidad, y esta afirmación no se concreta solamente en sus aspectos morfológicos, sino también en sus características para la lidia.

Si existen términos adecuados para definir el prototipo del encaste Santa Coloma, éstos son sin duda la armonía y la proporción de sus líneas. Efectivamente, los "santacolomas" son ejemplares generalmente muy bien hechos, reunidos, bajos de agujas y extremadamente finos, que responden a un estándar elipométrico o de bajo peso, subcóncavo en cuanto a su perfil y brevilíneo, o de talla pequeña, por sus proporciones corporales.

Los individuos pertenecientes a este encaste son pequeños, muy bajos de agujas, mas bien cortos y de hueso fino,. Sus extremidades van en relación con el resto de su esqueleto, manteniendo la proporción con el mismo. No son largas pero tampoco resultan paticortos como suele ocurrir en muchos ejemplares derivados de Parladé y especialmente en los de las líneas Domecq y Núñez, en los que el cuerpo del animal alcanza mayor desarrollo en relación con las extremidades, que son más pequeñas. Es decir, el toro de Santa Coloma es verdaderamente bajo y mantiene el equilibrio en toda su morfología, en tanto que los derivados de Domecq y Núñez algunas veces lo son, pero otras son cortos de patas y aparecen desproporcionados en la relación existente entre el cuerpo y las extremidades.

Aunque existen diferencias considerables dentro de las líneas derivadas de Santa Coloma. una observación detallada de las características morfológicas obliga a fijar la atención en el conjunto del ejemplar y en su cabeza. En ésta resulta especialmente llamativo el justo desarrollo de la encornadura, con predominio de cornicortos y con la presencia de numerosos ejemplares gachos.

Los "Santacolomas" puros casi nunca son cornalones y los pocos que presentan dicha característica aparecen al exacerbarse la influencia de la sangre de Sal-tillo en el animal, o en la ganadería de que se trate. Así, los toros prototípicos de este encaste suelen ser recogidos de cuerna, presentando ésta un desarrollo discreto y dirigiéndose hacia delante en su trayecto, o dando lugar a ejemplares capachos, en el mejor de los casos. Las astas suelen tener mazorcas más bien gruesas y una tonalidad grisácea oscura, entrando dentro del grupo de los astisucios.

Sin lugar a dudas, la pobreza de las encornaduras típica de los toros de Santa Coloma constituye el principal punto negativo en la conformación de los mismos, inconveniente que se va acrecentando si tenemos en cuenta que en la mayoría de las plazas se está exigiendo cada día en mayor medida un ejemplar más aparatoso de cuerna. Esta circunstancia ha llevado a muchos ganaderos a seleccionar ejemplares más desarrollados de pitones, cuyo resultado en la lidia no suele ser muy brillante.

La frente de los vacunos derivados de este encaste tiene una anchura media, más estrecha en los prototipos asaltillados que en los derivados de las líneas ibarreñas, aspecto que entre otros contribuye a dotar de mejor trapío a estos últimos.

Los ojos de los "Santacolomas" son grandes, saltones y muy expresivos, dotados de mayor viveza que los de los restantes vacunos de lidia, de modo que dan una imagen de listeza natural y agresividad, intimidando a los toreros.

El hocico es generalmente fino, respingón y reluciente, existiendo numerosos ejemplares que, por influencia de la sangre Saltillo, lo presentan afilado constituyendo el llamado hocico de rata. Éste no suele aparecer tanto en las líneas ibarreñas, cuyos ejemplares suelen presentar el morro de mayor anchura.

En conjunto la cabeza suele ser chata y adquiere una expresión característica influida por la concavidad del perfil fronto-nasal y la agresividad de la mirada.

El cuello es ancho, poderoso, bien musculado y con una longitud media, mayor en las líneas ibarreñas y que, en ocasiones, puede parecer mas corto de lo que es en realidad como consecuencia del buen tamaño que adquiere el morrillo. Este efecto se ve compensado por el escaso desarrollo de la papada que resulta casi imperceptible en muchos animales, los cuales reciben la denominación de "degollados".

La papada, al ser tan poco marcada, afina considerablemente las líneas morfológicas del animal y contribuye considerablemente a mantener el conjunto estilizado de la res, aunque algunos interpretan erróneamente esta característica étnica del encaste como factor negativo a la hora de valorar el trapío de los toros.

El tronco es mas bien corto, ancho, armónico con el conjunto de la res, presentando una forma cilíndrica, con buen desarrollo de las masas musculares y aspecto compacto. La línea dorso-lumbar es recta ó ligeramente ensillada, y el vientre se corresponde con la línea del pecho, sin llegar a sobresalir de ésta.

La grupa es redondeada y amplia, con excelente desarrollo de las masas musculares y buena conformación. La cola suele ser muy fina y alcanza una longitud normal, con borlón bien poblado en las líneas ibarreñas, mientras que en las asaltilladas los ejemplares son colicortos con relativa frecuencia y su borlón bastante más pobre.

Las extremidades, como ya hemos indicado antes, son finas y proporcionadas con el resto del esqueleto, contribuyendo a reforzar la imagen característica de los "santacolomas", como ejemplares dotados de una gran belleza en conjunto a pesar de su pequeño formato.

A la afirmación de esta idea contribuyen también los pelajes característicos del encaste, especialmente el cárdeno en toda su variedad cromática, y el negro. También se dan capas tostadas y más raramente berrendas en cárdeno o en negro, castañas y coloradas. Estas dos últimas son las menos frecuentes y su aparición se limita a algunas ganaderías de las ramas de Coquilla (Sánchez-Fabrés sobre todo) y en el caso del colorado, a la de José Escobar (derivada de Graciliano Pérez-Tabernero) una y otra pertenecientes a la línea ibarreña del encaste.

Las referidas pintas se ven acompañadas por una serie de accidentales entre los que destaca el entrepelado, siempre presente en todos los encastes en los que predomine la capa cárdena y que puede darse de forma generalizada por toda la superficie del animal, o limitarse a algunas zonas de la misma, especialmente la región de la grupa. Además del entrepelado destaca la presencia de salpicados y nevados, mientras que los chorreados en morcillo pueden aparecer en las líneas ibarreñas pero son bastante raros y los chorreados en verdugo son

verdaderamente excepcionales, aunque pueda darse alguno en las líneas Iba. rreñas.

En la cabeza de los "santacolomas" son más frecuentes el caribello o carjnevado y otros accidentales en forma de manchas blancas, como el lucero, estrellado, facado y careto. Alrededor de los ojos pueden apreciarse accidentales ojalados y en torno a la boca, bocinegro y bocidorado.

En el tronco se encuentran las particularidades más abundantes en todos los vacunos de lidia, la mayoría presentes también como manchas blancas constituyendo el bragado, bragado corrido, meano y axiblanco. Asimismo son relativamente frecuentes el girón, el aldiblanco y el listón.

Las extremidades pueden presentar los accidentales calcetero y botinero, siendo mucho más raro el denominado calzón. Mientras que en la cola destaca la presencia del rebarbo, rabicano y coliblanco.

LAS VACAS DE SANTA COLOMA

El prototipo racial de las hembras pertenecientes a la línea de Santa Coloma resalta sus aspectos femeninos en mayor medida que en otros encastes, debido fundamentalmente a su finura, viveza y reducido tamaño. Las vacas de Santa Coloma responden a las mismas características de peso, perfil y proporciones corporales que los machos, aunque algunas de éstas peculiaridades resulten más acusadas en aquellas.

Así, por ejemplo, la concavidad del perfil es más marcada en las vacas, cuya cabeza es muy estrecha de sienes y presenta con mayor frecuencia el típico hocico de rata, incluso en las derivadas de las ramas ibarreñas.

Los ojos son igualmente característicos, grandes, saltones y muy móviles, y las encornaduras, finas en su base, alcanzan un desarrollo medio. Existe variedad en cuanto a la dirección que las astas adoptan, siendo frecuentes las encornaduras abrochadas, gachas, corniapretadas y capachas, apareciendo también las cornidelanteras y veletas, y siendo mas raras las cornipasas, que se aprecian esporádicamente en las ganaderías asaltilladas.

El cuello es largo y fino, resultando muy degolladas, al ser la papada menos perceptible aún que en los machos.

El dorso suele ser recto o ligeramente ensillado, acompañado de una caja torácica de tamaño pequeño, pero siempre armónica con el resto del esqueleto. El lomo aparece bien constituido y la grupa resulta amplia en relación con el conjunto de la res, mientras que la cola es muy fina. Las ubres alcanzan buen desarrollo, sin exageraciones, globosas y provistas de pezones de tamaño medio. Habitualmente son excelentes criadoras en condiciones medias de mantenimiento.

Las extremidades y las pezuñas son muy finas y tienen la longitud acorde con el resto de su anatomía.

En conjunto las vacas de Santa Coloma resultan muy bonitas, vivaces y armónicas, aunque las más vistosas de todas suelen ser las asaltilladas, que son mas finas de cabos aún y a las que sus habituales pelajes cárdenos, dotan de mayor personalidad.

LOS PROTOTIPOS IBARREÑO Y ASALTILLADO DEL ENCASTE DE SANTA COLOMA

Todos los ejemplares pertenecientes al encaste Santa Coloma se corresponden con un prototipo elipométrico, por ser ejemplares de peso bajo; subcóncavo, en atención a su perfil fronto-nasal y brevilíneo, por tratarse de animales de talla pequeña. No obstante, al estar creado el encaste sobre la base de un cruce (Ibarra y 5 altillo), dependiendo de cual sea la sangre imperante en el mismo pueden aparecer una serie de variaciones, que no afectan al mencionado estándar, pero. que suponen algunas diferencias y que dan lugar a un prototipo Ibarreño y a otro prototipo Asaltillado.

En el prototipo Ibarreño predominan en gran medida las capas negras. También se dan pelajes tostados y más raramente cárdenos que, cuando aparecen, casi siempre son cárdenos oscuros. Además, sólo en la rama Coquilla, pueden aparecer algunas reses castañas e incluso coloradas.

Los accidentales más frecuentes son el entrepelado, el bragado, el meano, el rabicano y el listón. También se dan luceros, estrellados, facados, caribellos, ojalados, bocidorados, axiblancos, girones, aldiblancos, chorreados, calceteros, coliblancos y rebarbos con mayor ó menor grado de frecuencia aunque, en todo caso la presencia de particularidades en las capas de las reses es menor que en el prototipo asaltillado.

En conjunto los ejemplares ibarreños suelen presentar mayor desarrollo corporal, mejor conformación y también más trapío.

La cabeza es siempre pequeña, más ancha de sienes que en los asaltillados y con forma de trapecio invertido. Las encornaduras, a pesar de ser reducidas, tienen mejor disposición y mayor grado de desarrollo, dándose muchos ejemplares cornidelanteros y capachos.

Los ojos, siempre saltones, tienen mayor viveza y un brillo especial, mientras que el llamado "hocico de rata" aparece con menor frecuencia en éstos ejemplares.

El cuello de los toros ibarreños es generalmente un poco más largo, y el tronco más desarrollado, produciendo una sensación de mayor hondura.

La grupa alcanza mayor grado de desarrollo y las extremidades son un poco más largas, al igual que la cola.

Las hembras ibarreñas suelen ser también un poco más grandes y más hondas que las asaltilladas y están mejor encornadas, pero sin perder la finura propia del encaste.

En lo referente al prototipo asaltillado, la característica más llamativa es la que se refiere a los pelajes, que son principalmente cárdenos en toda su gama, desde los más claros hasta los más oscuros. También se dan reses negras y más raramente pueden aparecer berrendas en cárdeno ó en negro y tostadas. No hay ejemplares castaños y mucho menos colorados.

Los accidentales que acompañan a las capas son más variados que en los ibarreños, dándose entrepelados, bragados, meanos, axiblancos, girones, listones, nevados, salpicados, luceros, estrellados, caretos, facados, caribellos, ojalados, bocinegros, calceteros, botineros, aldiblancos, coliblancos, rabicanos, y rebarbos.

El formato de los ejemplares asaltillados suele ser más pequeño que el de los ibarreílos y su conformación más angulosa y menos armónica que la de éstos, pareciendo menos corpulentos y más desiguales de trapío.

Su cabeza es más estrecha de sienes, más fosca y exhibe con mayor frecuencia el morro afilado (hocico de rata). Las encornaduras son generalmente más pobres de longitud, dándose muchos ejemplares gachos y pudiendo aparecer también reses corniveletas.

El cuello es algo más corto que el de los ibarreños y son más degollados aún que éstos. La grupa es un poco menos redondeada y las extremidades más cortas e igualmente finas, mientras que la cola es también más corta su borlón menos poblado.

Las hembras son aún mas finas y armónicas que las ibaneñas, luciendo unas y otras un aspecto de viveza realmente espectacular.

EL COMPORTAMIENTO DEL ENCASTE DE SANTA COLOMA

Los ejemplares derivados de este encaste tienen muy definidas sus características de comportamiento, que se aprecian no sólo en lo que se refiere a su respuesta frente a los estímulos que supone la lidia, sino también en el campo, en las relaciones con sus hermanos de carnada para el caso de los machos o con sus compañeras de piara para lo que se refiere a las hembras, o su actitud ante cualquier circunstancia que modifique su hábitat natural.

Al llegar a adultos los toros de Santa Coloma suelen acentuar su agresividad, se vuelven más peleones y mantienen los enfrentamientos durante todas las épocas del año, de modo que las bajas que se producen en cada carnada suelen ser considerables y, en la mayoría de los casos, superiores en porcentaje a las que padecen ganaderías que crían ejemplares de otros encastes.

Una agresividad tan acusada hace que su manejo, siempre complicado en todos los ejemplares de la raza, acentúe más las dificultades en este caso. Al ser tan competitivos, los ejemplares de este encaste tienen los nervios a flor de piel, parecen permanentemente dispuestos al enfrentamiento y se hermanan menos que otros toros.

Las peculiaridades de los vacunos derivados de Santa Coloma quedan también patentes en las reacciones que ofrecen en las plazas de toros, donde su respuesta natural a los estímulos suele estar presidida por la viveza y en ocasiones por la agresividad.

Son ejemplares por lo general muy encastados, que embisten fuerte y no se entregan con facilidad. Rara vez dan lugar a que tengan que correr detrás de ellos y, por el contrario, muchas veces pueden asustar a los toreros, a quienes cuesta entender su forma de embestir y a quienes agobian sus embestidas repetidoras, que pueden acabar por desbordarles.

Al toro de santa Coloma hay que entenderlo desde el principio de la lidia y no equivocarse con él, pues su listeza natural les lleva a aprender rápidamente de los errores de los diestros, con lo que pueden desarrollar sentido con facilidad.

Junto a la viveza que transmiten en todas sus reacciones, ofrecen una marcada característica a venirse arriba, sobreponiéndose al castigo que hayan recibido en el tercio de varas, donde suelen dar buena prueba de su casta.

Son toros muy temperamentales y por ello sus principales virtudes son la transmisión, el galope y la repetición de las embestidas, que llevan la emoción a los tendidos y que en los mejores ejemplares deben ir acompañadas por la fijeza, el desplazamiento y la capacidad para humillar.

Por el contrario los inconvenientes más acusados de su forma de embestir derivan de su facilidad para aprender, para darse cuenta del engaño, lo cual puede llevarles a quedarse cortos o reponer en la muleta. Otro defecto que pueden acusar con cierta frecuencia es el de embestir con la cara a media altura y el peor de todos, cuando aparece, es la falta de fijeza que puede hacerles salir con la cara alta de los muletazos, como despistados y mirando al público o al cielo, unido a una sosería impropia de los vacunos de este encaste y que ha comenzado a aparecer en aquellas ganaderías que han pretendido dulcificar la embestida de sus reses.

Estas pautas de comportamiento pueden aceptarse de forma común para todo el encaste de Santa Coloma, aunque existen diferencias cualitativas más o menos marcadas entre los ejemplares derivados de cada una de las líneas de éste. Así los ejemplares ibarreños suelen presentar mayor uniformidad mientras que los asaltillados son más desiguales. Dicho de otra forma, los primeros resultan mejores en conjunto, mientras que los asaltillados destacan más como individualidad. No obstante, los mejores de todos suelen ser los prototipos intermedios, que se encuentran a caballo entre una y otra rama y que aúnan las mejores características de ambas.

Aunque el número de ganaderías derivadas de Santa Coloma que existen aún en España es bastante estimable, la realidad es que va descendiendo rápidamente y su futuro es poco claro al tratarse de un encaste que es objeto de una verdadera persecución por parte de los profesionales del toreo, que no soportan un tipo de toro tan encastado y que no perdona los errores que se cometen en su lidia, y por ello resulta cada vez más escaso en el campo y más raro de ver en las plazas.

 

Del libro "Prototipos raciales del toro de lidia"  del Ministerio de Agricultura.

 

Enlaces relacionados:

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