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GANADERÍAS

Casta Vistahermosa.

 

ORÍGENES

De las cinco primeras Castas Fundacionales con excepción de la Jijona subsiste un mayor o menor número de ejemplares, bien en pureza, bien cruzados con otras castas, pero la inmensa mayoría de las actuales vacadas bravas deriva exclusivamente de la creada por el conde de Vistahermosa.

En los dos últimos siglos y sobre todo en los últimos cincuenta años, el toro de lidia ha experimentado una importante evolución adaptada a la del propio toreo, de modo que la actual concepción de éste no tiene nada que ver con la que existía en el siglo XIX o en los primeros años del XX, por lo que el actual toro bravo es diametralmente opuesto al de aquella época.

El toro ha evolucionado tanto en lo morfológico, como en los aspectos de producción referidos a su bravura y esta evolución se ha debido a la selección practicada por los ganaderos en su intento de conseguir una mayor uniformidad en la bravura, una mayor calidad en las embestidas y una mayor duración de la acometividad, adaptando los caracteres morfológicos con los funcionales, es decir, buscando la morfología mas idónea para conseguir la bravura y la calidad de los animales. Esta se corresponde con animales bajos de agujas, cortos de manos, descolgados, con el cuello largo y fino, dentro de una acusada variedad que se manifiesta en las distintas Castas Fundacionales y en los encastes derivados de la Casta Vistahermosa.

La evolución experimentada por el toro de lidia ha sido también radical en su Sistema de crianza y explotación, habiendo perdido la situación privilegiada de la que disfrutaba antaño en las dehesas, ante el empuje de la agricultura, de otros tipos de ganaderías mas rentables, o de las propias actividades urbanísticas y especulativas, que le han obligado a adaptarse a terrenos de valor residual en muchos casos, donde sigue dando buena prueba de su rusticidad desenvolviéndose la perfección en las zonas más desfavorecidas, que no tienen otro tipo de aprovechamiento o utilidad.

La Casta Vistahermosa es la más importante de todas, por cuanto da lugar a la mayoría de las ganaderías actuales. Constituye hoy la base de la cabaña brava, no solo en España, sino en los restantes países que se dedican a la cría de vacuno de lidia.

Actualmente la casi totalidad de las reses de lidia descienden en pureza o proceden de cruces realizados con ejemplares oriundos de Vistahermosa, con las únicas excepciones de las ganaderías de Miura, Pablo Romero, Concha y Sierra, Prieto de la Cal, algunas otras de origen vazqueño y la decena escasa que mantienen efectivos de la casta Navarra.

La preponderancia de la Casta de Vistahermosa se explica simplemente por el hecho de que las reses de este origen reunían condiciones para la lidia mucho mejores que las de las restantes ganaderías del siglo XVIII, razón por la que han respondido mucho más al tipo de selección practicada por los ganaderos y han acabado por imponerse de forma casi absoluta.

La Casta de Vistahermosa arranca de la segunda mitad del siglo XVIII, concretamente en el año 1770 cuando Pedro Luis de Ulloa, Conde de Vistahermosa, compró la ganadería de los Hermanos Rivas que pastaba en el término sevillano de Dos Hermanas.

El Conde trasladó las reses a su finca de Utrera y empezó a practicar en las mismas una selección muy rigurosa mediante tentaderos a campo abierto (acoso y derribo) enviando al matadero todos los ejemplares de nota desfavorable.

En poco tiempo el proceso selección dio sus frutos y la ganadería alcanzó su máximo esplendor en los cincuenta y tres años en que se mantuvo en poder de los sucesivos Condes de Vistahermosa. Durante este periodo fue considerada como la mejor divisa de todas las conocidas en su tiempo y creó el prototipo precursor del toro de lidia moderno.

Los ejemplares de Vistahermosa eran morfológicamente de talla media, presentando una constitución robusta, cabeza pequeña y recogida, con la piel, cola y extremidades finas. El conjunto era proporcionado, armónico y de buen trapío, a pesar de que resultaban mucho más finos y de menor tamaño y peso que los restantes de su época.

Las capas características eran predominantemente negras y también se daban ejemplares cárdenos, colorados y castaños, siendo frecuentes los accidentales chorreados, listones y lombardos.

Con todo, la principal "revolución" llevada a cabo por los Condes de Vistahermosa en su ganadería no radicaba en la morfología de los ejemplares, sino en su comportamiento para la lidia, donde resultaban mucho más bravos que los restantes, con alegría, docilidad y nobleza, siendo ésta su principal aportación a la tauromaquia de entonces. No obstante, hablar de caracteres como docilidad y nobleza apreciados en ejemplares de los siglos XVIII y XIX puede resultar discutible, ya que aquellos toros tenían una afinidad muy escasa, en lo que se refiere a su comportamiento durante la lidia, en relación con los que hoy vemos en las plazas.

A pesar de esto hay que reconocer que ya por entonces el toro de Vistahermosa presentaba la ventaja de mantener la codicia y la viveza a lo largo de toda la lidia, llegando a la faena de muleta en buenas condiciones, en lugar de aplomarse o volverse bronco, como los de la mayoría de las restantes ganaderías. Lógicamente, estas características le colocaron a la cabeza de las preferencias de los aficionados, toreros y empresarios e hicieron que con el paso de los años la ganadería de Vistahermosa se convirtiera ella vacada matriz de la actual cabaña brava. Es decir los vacunos derivados de Vistahermosa tenían, al menos en embrión, unos genes que luego, la larga y constante selección ganadera, ha podido hacer aflorar y generalizarse para crear el toro moderno.

Y precisamente ese patrimonio genético de mayor caudal ha sido el que ha permitido a la Casta de Vistahermosa imponerse a las restantes de su época. Gracias a su más amplia capacidad para evolucionar y adaptarse a los cambios experimentados por el toreo en los últimos siglos ha logrado sobrevivir sin problemas y extenderse más que ninguna otra.

 

LAS RAMAS DE LA CASTA DE VISTAHERMOSA

A la muerte del tercer Conde de Vistahermosa, ocurrida en 1821, sus herederos decidieron deshacerse de la ganadería, que se vendió en cinco lotes distintos dos años después.

Los compradores de la vacada fueron Juan Domínguez Ortiz, más conocido como el" Barbero de Utrera ", Salvador Varea Moreno, Femando Freire, Antonio Melgarejo y Francisco Giráldez. De éstos, sólo los dos primeros tuvieron importancia en el futuro de la divisa, ya que el lote de Melgarejo se extinguió, el de Freire fue cruzado con reses de los frailes Cartujos y acabó por desaparecer, y la parte de Giraldez pasó a su hijo Joaquín siendo cruzada con reses de Cabrera y Vazqueñas y finalizó con la formación de la ganadería de Hidalgo y Barquero. Esta, con el paso de los años, dió lugar a una línea ganadera que tiene alguna importancia y que aún se conserva, dando base a las divisas actuales de Benítez Cubero, Jódar y Ruchena, Diego Garrido, Lora Sangrán, María Palma y Eloy Jiménez Prieto.

Los dos lotes principales de la ganadería de los Condes de Vistahermosa son pues los del Barbero de Utrera y Salvador Varea.

 

1. LA LÍNEA BARBERO DE UTRERA

La ganadería adquirida por el "Barbero de Utrera" pasó por herencia a poder de su yerno, José Arias de Saavedra, que configuró un tipo de ejemplar muy característico, hondo, acarnerado y brocho de cuerna, que se conserva en la actualidad en el encaste de Murube. A pesar de ello, los tratadistas indican que Arias de Saavedra mostró muy poco interés por la ganadería y, en su poder, ésta perdió muchas de sus virtudes, atravesando por un periodo de decadencia que culminó con la venta de la vacada entre 1863 y 1868.

La ganadería se dividió entonces en tres partes, una de las cuales integrada por doscientas vacas y cincuenta machos fue adquirida en 1863 por Dolores Monge, Viuda de Murube, quien la fusionó con las reses que poseía, también de Vistahermosa, pero derivadas de la parte correspondiente a Salvador Varea.

Las dos terceras porciones restantes de lo que fue la ganadería de Arias de Saavedra pasaron en 1868 a Ildefonso Núñez de Prado, que seleccionó y mejoró la calidad de las reses. Posteriormente la divisa pasó a ser propiedad de José Antonio Adalid y luego se dividió en dos ramas. La primera es la correspondiente a Félix Urcola y que da lugar a uno de los encastes presentes en la actual cabaña brava española, mientras que la segunda quedó en poder de Francisco Taviel de Andrade y posteriormente de la familia Pérez López de Tejada, cuyas reses han desaparecido ya.

 

2. LA LÍNEA DE SALVADOR VAREA

Salvador Varea adquirió en 1823 una de las cinco partes en que se dividió la que fuera ganadería del Conde de Vistahermosa. Este ganadero tan sólo conservó las reses un par de años e inmediatamente se las traspasó a Ignacio Martín, quedando más tarde en poder de la familia Picavea de Lesaca, que consiguió darles mucho prestigio a sus toros que fueron conocidos como "lesaqueños".

Tras El fallecimiento de Pedro José Picavea de Lesaca, la ganadería se dividió en dos partes, quedando una de ellas en poder de su viuda, Isabel Montemayor y pasando la otra a su hijo, Pedro José Picavea de Lesaca. Este la mantuvo hasta 1854 en que fue adquirida por el Marqués de Saltillo, quien afinó considerablemente la línea de su ganado y produjo un tipo de ejemplares bravos y con mucha casta, con predominio de las capas cárdenas y negras y que por lo común tenían menos trapío de lo habitual en aquella época. El Marqués de Saltillo no sólo creó uno de los actuales encastes dentro de la cabaña brava española, sino que también contribuyó a la génesis de otros dos, los de Santa Coloma y Albaserrada, íntimamente relacionados con el suyo.

La parte de la ganadería de Picavea, que quedó en poder de Isabel Montemayor fue adquirida más tarde por Manuel Suárez y luego se dividió entre sus hijos, Manuel y Manuela. La parte correspondiente a esta última pasó a lidiarse a nombre de su marido, José Anastasio Martín y actualmente se lidia a nombre de la nieta de ambos, Dolores Rufino Martín.

Mucha mayor importancia tiene el lote heredado por Manuel Suárez, que se lo vendió más tarde a Dolores Monge, Viuda de Murube, quien incorporó a la ganadería una tercera parte de la vacada de Arias de Saavedra, derivada de la del "Barbero de Utrera" y también de origen Vistahermosa. Con estos ejemplares, la familia Murube, no sólo fundó el encaste que lleva su nombre, sino que también propició la creación de la inmensa mayoría de cuantos hoy configuran la actual cabaña brava.

 

DEL LIBRO "PROTOTIPOS RACIALES DEL VACUNO DE LIDIA"  Del Ministerio de Agricultura.

 

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