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El Toro de Lidia

LA PSICOLOGÍA DEL TORO

En todos los animales existen fenómenos tales como los digestivos o los respiratorios, que se efectúan pasando inadvertidos para el ser: son los fenómenos orgánicos. En contraposición existen otros, tales como los efectos de un toxico o las reacciones ante la luz, el sonido u otros agentes exteriores, que impresionan indudablemente al animal, que tiene conciencia de estos, y que pertenecen al orden de los psíquicos. . Como quiera que en el toro, al igual que en todos los animales superiores, se dan fenómenos de esta naturaleza, queda explicado el titulo de este apartado, que es, en realidad, el de una rama de estudios muy en boga y de creciente interés.

Toda conciencia supone un sujeto que percibe o siente, un yo, pues no puede hablarse de conciencia sin que se suponga conciencia de alguien. Las propiedades de este yo o sus reacciones especiales es, precisamente, lo que llamamos carácter.

Pero la conciencia no solo siente, sino que, previamente conoce y posteriormente, quiere; y de aquí una primera división de los hechos o fenómenos psíquicos que a continuación considero por separado: conocimientos, afectos y movimientos.

Los rumiantes en la naturaleza. Mas, para patentizar y puntualizar como y cuales de estos fenómenos psíquicos se presentan en el toro, debe estudiársele en la naturaleza. Los animales carnívoros, guiados por su instinto de conservación, buscan la presa viva que les alimente, dispuestos siempre a atacarla y matarla; están dotados de acometividad, permanente y siempre prontos a la lucha. Sus facultades mentales se adiestran en esta forma, haciéndoles sagaces, astutos y maestros en el acecho o en la caza por sorpresa.

Los rumiantes, y entre ellos los toros, par el contrario, de alimentación herbívora, no necesitan atacar a nadie, y como ello seria absurdo y en la naturaleza no existen fenómenos de esta clase, el toro no ataca a ninguna clase de animales, ni al hombre. Solo hace el animal herbívoro defenderse de los carnívoros; y como quiera que el toro y demás rumiantes constituyen presas codiciadísimas, dada su calidad y volumen, si estas facultades defensivas no fueran también grandes, carecerían de condiciones de vida y desaparecerían. Por ello todos los bovinos tienen potentísimas reacciones defensivas y son recelosos y asustadizos. Tan recelosos que ya en el siglo XVI observaba don Diego Ramírez de Haro que el toro pace generalmente andando hacia atrás. Esperan siempre el ataque, sobre todo cuando se encuentran aislados de la piara o cuando tienen que defender su prole que, de continuo, le espera en el mismo sitio elegido de cama o nido. En tales circunstancias arremeten sin reparar en su embestida la superioridad que pueda tener el enemigo v. siempre en forma ciega e irrefrenable.

Estas cualidades, juntamente con la agudeza del instinto que les hace buscar alimento (que el hambre despierta el ingenio), a veces recorriendo grandes distancias, como en las emigraciones de los bisontes americanos, y teniendo que contentarse en muchos casos con solo las ramas o pajas de árboles y matas, les hace duros y bastos de esqueleto y conformación, cuando este régimen se impone. Las reservas que a veces almacenan en las gibas dorsales son consecuencia de la intermitencia alimenticia.

Por lo demás, los rumiantes son tranquilos, porque esa función que les da hombre requiere largo rato de reposo después de las comidas para volver a mascar e insalivar los alimentos depositados en la panza, haciéndose tan solo inquietos y luchadores haciéndose tan solo inquietos y luchadores cuando al despertar la primavera los alimentos abundan y los ardores genésicos aparecen. Con el celo luchan los machos por la posesión de la hembra y estas por el mas arrogante y valiente de los que por ellas disputaron.

La defensa contra los carnívoros y el hombre, la busca de la alimentación y la selección sexual son los tres impulsos matrices esenciales que determinan la clase de vida y la psicología de los bovinos salvajes, a mas de la defensa contra las inclemencias atmosféricas, que les hace refugiarse bajo los árboles o en los accidentes del terreno.

Conviene exponer aquí las conclusiones a que han llegado en la consideración de la psicología del toro el jesuita padre Laburu y el director del matadero de Madrid, señor Sanz Egaña.

Las investigaciones del padre Laburu

En una conferencia del primero, que pronuncio en el teatro Coliseum el 28 de abril de 1935, estudio la Psicología del toro de lidia en el campo, tanto considerando al animal aisladamente como estudiándole en colectividad. Consideraba el orador la acometividad del toro como un instinto existente en todo animal, que acomete para defenderse, como el león para coger su presa, y, como todos, en época de celo. El becerro, a las pocas horas de nacer, ya muestra el instinto de acometer aun sin poder sostenerse apenas. En las pinturas rupestres, decía el conferenciante, ya puede observarse el primer instinto del hombre para someter al toro, que le es útil por su carne, su piel y sus astas. La selección artificial del ganadero crea en el una hipersensibilidad para la acometida, llegando a hacer del toro bravo un ser anormal, un verdadero enfermo nervioso. Sin embargo, el toro no embiste siempre; en manada, huye.

La acometividad del toro parece estar sometida a reglas fijas, es algo estereotipado según las ganaderías, y la base del arte del buen torero es el conocimiento de tales modalidades de la res. En las ganaderías, los conocedores han puesto en práctica inconscientemente los más modernos procedimientos de la biología para seleccionar su ganado, especialmente con la tienta, que puede decirse que es un método de valoración de los instintos por la sensación del dolor, que es base para la prueba de la bravura del toro.

Concede el padre Laburu gran influencia a la clase de pastos en relación con la acometividad del toro, llegando a la conclusión de que esta aumenta con los pastos frescos y abundantes y disminuye con los secos.

En la vida del toro en colectividad, el toro verdaderamente bravo no acomete a los demás y, consciente de su poder, aparece pacifico y tranquilo; lo contrario del toro débil, que carga y desafía y se rodea de un gran aparato amenazador antes de acometer. Toros que tal hacen suelen ser mansos. Estudiando las costumbres de los toros, describe el toro mandón, como le llaman los ganaderos, que pretende siempre imponerse con sus flamenquerías análogas a las humanas. Trata, finalmente, del lenguaje del toro. Este muge de distintas formas y expresa distintamente su estado de animo: muge por celos, por pelea, demandando ayuda, y muge en la huida. En este ultimo caso, el mugido time dos modalidades perfectamente diferenciables, según que huya desafiando o totalmente vencido.

En cuanto a los problemas de la orientación y de las querencias, los considera reglados por motivos de recuerdos y afectividad.

Los estudios de Sanz Egaña.

El señor Sanz Egaña ha dedicado al estudio del toro de lidia fecundas vigilias. Fruto de ellas ha sido su conferencia La tienta del toro de lidia, profesada en el Ateneo de Internos de Veterinaria, de Madrid, el 30 de noviembre de 1935.

En ella, y como base previa de su tema, resume sus conclusiones sobre la psicología del toro de lidia. He aquí las mas importantes: La bravura es un instinto defensivo, o, mejor aun, un instinto de liberación. «EI proceso psicológico debe considerarse como epifenómenos de la actividad psicológica del sistema nervioso, que se desarrolla en impulsos de estímulos exteriores. El instinto de defensa representa un reflejo con dos componentes distintos: uno de excitación y otro motor, acusado por reacciones exteriores precisas y ordenadas. Hay un fondo innato impuesto por la biología como base del instinto de defensa, pero en el toro [no bravo], durante la época de su lactancia, por variaciones psíquicas motivadas por adiestramiento continuado, crea un factor de inhibición que anula por completo el estímulo sin despertar ninguna reacción; en cambio, en el toro de lidia acusa una reacción tan rápida como en el caso de los reflejos simples.» Por la plasticidad del instinto, se ha conseguido desarticular en los bóvidos mansos la correlación entre el agente de excitación y la reacción del toro, mientras el bravo ha sufrido una selección en sentido contrario.

«En el cuadro de la zoología -según Sanz Egaña- el toro aparece como animal cobarde, animal mal dispuesto para la lucha; su defensa es huir, siempre y cuando el medio se lo permita; acosado, cercado, se apresta al combate utilizando las únicas armas de que dispone: las astas, y recurriendo a un mecanismo muscular fijo: el derrote...»

Una hipótesis aventura el distinguido escritor digna de tomarse en consideración, aunque no aspira a que pase de mera hipótesis. Aunque se sabe muy poco de la influencia de las secreciones internas en el psiquismo del animal, incluido el toro de lidia entre los tipos hipertiroideos «de exaltada función oxidante y vivir acelerado», por otros signos coadyuvantes de su conducta lo incluye Sanz Egaña entre los temperamentos esquizotimicos. Característico de estos temperamentos es el autismo, o sea, el no permitir que nadie se adentre en su ser; tal carácter cree descubrirlo en el empeño del toro, pese a su instinto gregario, de aislarse, de separarse en el campo, y «cuando una res nueva entra en la piara es recibida con hostilidad y los primeros días la hacen (las demás) victima de golpes y pernadas, hasta que se amadrinan, según la expresión pastoril; el toro bravo rechaza la res desconocida, le molesta la presencia de un extraño, incompatible con su aislamiento individual». Otra propiedad específica del temperamento esquizotímico es la timidez, y aunque Sanz Egaña no se atreve a aceptar en el toro semejante sentimiento emotivo, piensa que «la timidez resbala fácilmente al miedo y el toro es un animal miedoso, reacción de defensa que se traduce por signos exteriores manifiestos al observador».

Otras características del mismo temperamento encuentra en el toro de lidia, principalmente en la psicomotilidad «y en la estructura somática; en el toro de lidia encontramos que las reacciones, y el caso concreto, la bravura, son inadecuadas al estimulo; acude con intensidad al engaño; solo cede ante agotamiento físico a la fatiga muscular, es inflexible en el derrote; el toro tiene constitución atlética con manifestaciones de displástica mixta; despajes de todo lo dicho, fácilmente llegamos a esta conclusión: el toro de lidia de bravura definida puede incluirse entre los temperamentos esquizoides».

Cierra el señor Sanz Egaña estas consideraciones con la de observaciones de la conducta del toro. Los dos estímulos de excitación mas frecuentes son el movimiento y el color: «En resumen, el toro acomete a los objetos o seres movibles por miedo; el toro ante un móvil, repara, se espanta...; en ocasiones, el miedo es superlativo, y se desmanda huyendo sin dirección; el toro acomete a la muleta roja porque le molesta a la vista, fatiga la retina, le ocasiona dolor y quiere librarse del sufrimiento.»

Tales son las apasionantes conclusiones que me complazco en divulgar, y que pienso han de ser tema polémico de interés para los amantes de estos estudios.

Vida representativa o del conocimiento

El aparato activo de las funciones psíquicas mentales es el cerebro, cuya complicación es tan grande en los rumiantes como en el hombre, a excepción del desarrollo de la sustancia cortical, asiento de las células piramidales, así como de los lóbulos frontales, en donde se encuentran los centros nerviosos superiores de asociación, origen de los actos inteligentes en grado elevado y, por tanto, de las ideas generales y abstractas que, representadas por sonidos diferentes, originan el lenguaje. La experiencia de cada hombre ha podido aprovecharla la humanidad entera, mientras que los seres sin lenguaje no tienen otra experiencia que la propia, y si su vida es corta y aislada como en el toro, su desarrollo psíquico será forzosamente muy exiguo.

En el toro, a quien por conveniencias se le tiene recluido y en calma para que no aprenda a defenderse del hombre, no es posible encontrar mas que eso que llamamos nobleza o inocencia, facilidad para ser engañado con el trapo. Los cabestros, en cambio, o los toros que andan por los pueblos de capea en capea, ya no son tan inocentes> ya tienen mas sentido. Se ha negado al toro y demás animales, de modo rotundo, todo acto inteligente. Pero en el mundo taurino se concede inteligencia al toro, toda vez que se habla de toros de sentido, entendiendo por tal el que distingue al torero del engaño y prescinde de este.

Ahora bien, lo que debiéramos es ponernos antes de acuerdo, precisando el sentido de lo que llamamos inteligencia. Si es inteligencia la facultad de efectuar actos cognoscitivos, todos estaremos de acuerdo en que la tienen todos los animales superiores; pero si distinguimos dos clases de conocimiento, los que se refieren a objetos materiales y concretos y los que tocan a sujetos inmateriales o a los materiales en forma general o universal, surgen las divergencias profundas entre sensistas e intelectualistas; los primeros sostendrán que tal distinción es puramente accidental y los segundos propugnaran que es esencial, que con solo imágenes materiales no podemos llegar al conocimiento intelectual.

No es este lugar indicado para tratar tales cuestiones, de las que, por otra parte, puede prescindirse, pues podemos explicarnos todos los actos cognoscitivos del toro con la sola consideración de estos conocimientos sensitivos, asociados, recordados y combinados en forma que constituyan inteligencia elemental, que nadie tratara de negar al noble bruto, conforme voy a tratar de exponer.

La sensación

El fenómeno psíquico elemental y primordial es la sensación o estado primario de conciencia, consistente en la representación o conocimiento que sigue inmediatamente a la acción de los excitantes externos sobre los órganos sensoriales, siendo factores de la misma la atención y la expectación.

Por imaginación entenderé la capacidad de reproducir conocimientos en ausencia del excitante; y por imagen, a todo acto de imaginación, siempre de contorno mas borroso que las sensaciones. Percepción es la resultante de una sensación actual, de un conjunto de imágenes, más que asociadas, fundidas y adjetivadas como fruto de experiencia.

Las sensaciones en el toro son muy intensas, especialmente las del olfato y oído. En el lugar en que haya muerto un toro y se haya dejado corromperse, pasan tres y cuatro años y todas las reses que por allí transitan huelen y muestran darse cuenta del hecho. El menor ruido que se haga en la dehesa o en la plaza pone en guardia a la res, cuya actitud expectante demuestra su inquietud. Cualquier objeto brillante o de colores vivos le asusta o espanta, si bien la vista no esta muy desarrollada en el toro como en otros animales salvajes, y es muy propenso a los defectos de ella. Tampoco son muy agudos los sentidos del tacto y del gusto, aunque saben al pacer distinguir perfectamente las hierbas mas tiernas y apetitosas. No impresionan con igual energía al toro los distintos colores, pues los grises, verdosos y azules pálidos hieren su sensibilidad mucho menos que los rojos y amarillos. Las capas de los caballos le afectan de muy diversa manera, excitando su acometividad, en primer término, los blancos, después los negros y por ultimo los castaños y alazanes, que son los pelajes del caballo y de casi todos los animales salvajes. Como regla general puede sentarse que los colores corrientes en la naturaleza son los mejor tolerados por el toro, como por todos los animales no anormales.

El frió y el calor hacen también fuerte impresión en el toro, que busca la sombra y lugares frescos en el verano, escarbando la tierra húmeda, que se echa sobre el lomo. Cuando hace frío escogen los sitios mas soleados y resguardados, y cuando llueve se cobijan en los lugares altos o cubiertos de arboleda.

Los actos de la imaginación y percepción son fenómenos psíquicos que el toro efectúa, pues si no, no serian posibles otros superiores que mencionaré.

Facultad asociativa

Existe también en el toro la memoria o facultad asociativa de imágenes o estados de conciencia, y en general, de toda clase de fenómenos psíquicos, ya sean conocimientos, sentimientos o tendencias. La complejidad de esta función puede hacer suponer en el toro la inteligencia en grado superior. Pero tales fenómenos pueden interpretarse suficientemente en el toro de sentido porque asocie la idea del hombre a la del castigo en la dehesa por algún pastor, y ello le decide a atacar a este y no al trapo.

También estos hechos demuestran en el toro la existencia de recuerdos o actos de la memoria, que es la facultad de evocar conocimientos pasados, como demuestra igualmente su capacidad para la atención.

La mencionada facultad asociativa obedece a determinadas leyes, como son las de semejanza, contraste y continuidad. El tener los toros mayor sentido o nobleza, que es el carácter opuesto, puede interpretarse como una mayor o menor agudeza en esta ideación sensitiva para resolver nuevas cuestiones que le ofrezcan las circunstancias en que el toro se desenvuelva, rapidez en la sensopercepción, en la extensión y fidelidad de la memoria.

Así pues, el animal realiza verdaderos juicios comparativos entre representaciones o recuerdos que la memoria asociativa le facilita unidos, y entre ellos su egoísmo elige aquel que le proporciona mas agradables sensaciones. Este grado de inteligencia llega a su máximo en los cabestros, por el grado de adiestramiento y educación a que están sometidos, porque es muy natural que, como todas, esta facultad no se desarrolle ni aparezca si no se ejercita, al presentarse ocasión para ello, siendo, por tanto, una capacidad o una cualidad en grado potencial, mas bien que una realidad necesaria

Vida afectiva

Emoción es el fenómeno psíquico subjetivo que afecta al animal de manera agradable o desagradable y que acompaña a todo conocimiento o tendencia. Es un fenómeno afectivo primario, espontáneo y convencional

Los toros son animales bastante emotivos; cualquier fenómeno les irrita, como les sucede hasta con las moscas, que a veces les hacen estar con la cabeza metida entre la hierba o salir corriendo ciegamente con el rabo erecto.

La codicia en el toro es también originada por la excitación o irritabilidad que le produce el engaño constante del torero, el cual le exaspera cada vez mas y a lo cual aquel reacciona comiéndole el terreno. La cualidad opuesta es la incertidumbre, la indecisión, la perplejidad en acudir al engaño queriendo atacar a todo y no haciéndolo a nada o quedándose en la suerte por falta de hostilidad hacia quienes le rodean.

Siente el toro simpatía o antipatía por pastores y lugares (querencias), en los que encuentra sensaciones gratas, llegando a dejarse acariciar hasta por niños. No ha sido este caso infrecuente, y es digno de recordarse el del toro Civilon, de Cobaleda, que tanto dio que hablar y que tan mediano juego dio en la plaza. Les agrada no variar de cama, comen en el mismo sido siempre y, recordando los lugares vividos por ellos, recorren distancias enormes, volviendo a sus dehesas, cuando son separados de ellas y pueden hacerlo, con una facilidad para recordar y reconocer caminos y sendas que el hombre no tiene.

En la vida sexual ya quedan reseñadas sus costumbres mas características, y en busca de emociones agradables luchan unos toros con otros, dándose frecuentes casos de chulería propios del hipergenitalismo.

Lo mismo que en la percepción, los sentimientos en el animal serán tanto mas ricos en combinaciones de elementos emocionales cuanto el animal sea mas viejo y experimentado y haga vida mas varia e intensa.

Las emociones son exteriorizadas por el toro por medio de las actitudes o gestos que constituyen una forma especial de expresión (mímica), a la que aluden palabras como: estampía, encampanarse, extraño, respingo, cernerse, amusgar, ventear, etc. El mugido o bramido del toro, en sus múltiples modalidades de intensidad y tono, expresa lo mismo el amor maternal de la madre que llama al ternero, que la ira de un toro que huye o que desafía a su contrincante o que el dolor físico que una herida les produce. Cuando con-templan en corro los toros una pelea, comentan sus incidentes en forma de rumor o verraqfueo que anima a los toros luchadores. Cuando alguna victima surge, la plebe taurina rodea al muerto dando muestras de horror y a la vez de complacencia.

Vida activa

Las emociones o afecciones originan las tendencias o inclinaciones y aversiones, según los casos, y son causas de movimientos que pueden ser reflejos, habituales, instintivos y volitivos.

El movimiento reflejo es involuntario y sucede inmediatamente a la excitación de un nervio periférico. Son muchos los actos reflejos que pueden citarse y que evitan, por su eficaz rapidez, graves accidentes. Tales son el pupilar, que hace que se contraiga la pupila al aumentar la iluminación, o el palpebral, que obliga a cerrar los parpados cuando algún objeto se dirige hacia el ojo. El movimiento instintivo es también automático, como el reflejo y el habitual (el engendrado por la costumbre), y el animal no muestra iniciativa alguna, la conciencia no interviene mas que en forma pasiva o representativa. El instinto, fruto del hábito y la adaptación, es hereditario y va unido a la especie, no al individuo.

Por ultimo, cuando el animal se ve forzado entre dos tendencias, forzosamente necesita elegir (ejercer una volición) la que mas le atraiga en presencia de percepciones y sentimientos recordados y asociados. Si una vaca come y oye la voz de la cría, elige entre ir o seguir pastando.

Los movimientos de todas estas clases son en el toro de gran energía, ya que la falta de ideación superior le hace obrar en el sentido egoísta que de momento le atrae con mayor fuerza: el hambre, la emoción sexual, etc.

Los instintos obran también en forma imperativa y violenta, como recuerdo de la vida salvaje apenas modificada, puesto que la domesticación y la doma, que es la educación de los animales, no existe en el toro de lidia. Son estos instintos principales el de asociacion, imitación y conservación de la especie y del individuo.

Por el instinto de asociación, los toros gustan de vivir en manadas y se enfurecen y excitan al verse solos, atacando a todo cuando se les pone por delante. Por el de imitación andan tras los cabestros tranquilamente, y por el son domados los bueyes domésticos.

Por el instinto de conservación de la especie, los toros ejecutan cuantas lides amatorias se han descrito, y por el y el de conservación individual luchan las reses de la manera tan diestra que queda referida anteriormente. La vista de la sangre solivianta a los toros (de aquí el color rojo de las capas), porque les recuerda la lucha y a ella se aprestan nerviosos y crueles, pegando todos al que resulta vencido y acatando vasallaje al vencedor según los casos. Este instinto de lucha es la acometividad o bravura tan característica del toro y cuya mayor o menor carencia constituye la mansedumbre.

El toro vencedor asocia la idea de la victoria a las agradables de dominar a sus semejantes, que le ceden por terror la comida y las vacas que prefiera en la ganadería. Y este recuerdo asociativo, que muchos consideran el principio de la inteligencia, le hace insistir en la pelea con quien osa discutir su primacía o su puesto de mandón, según le llaman los vaqueros. Esta acometividad seguramente será consecuencia del mayor o menor grado funcional endocrino de las glándulas genitales masculinas, activadas por las suprarrenales hasta originar el hipergenitalismo. En las hembras no existe el hiperovarismo, sino más bien el hipervirilismo.

Demos, pues, la principalísima parte que en el dinamismo psicológico del toro toman los factores inconscientes habito e instinto, como en todos los animales, y es que la conciencia solo aparece cuando lo hace preciso el cambio de las circunstancias ordinarias de vida. En los seres que viven en un medio poco diferenciado, el acto consciente es la excepción y el automatismo lo ordinario. Resulta también que la conciencia se debilita aun para los actos un tanto complicados cuando la respuesta esta establecida en forma adecuada o perfecta por el habito o el instinto.

Temperamento y carácter

Como resultante de la constitución orgánica mas o menos desequilibrada del animal o biotipo (tipos constitucionales como linfático, respiratorio, digestivo, muscular y cerebral de Sigaud) de la herencia y del habito, así como de la constancia mayor o menor de la facultad volitiva, aparece el carácter, la individualidad o forma reaccional especial del ser ante Coda clase de estímulos o acciones del medio en que vive.

Este temperamento es consecuencia, a su vez, del predominio de los dos aparatos o sistemas mas esenciales del organismo, puesto que son reguladores o armonizadores de todos los demás: el sistema nervioso y el sistema endocrino.

El primero, con su mayor o menor desarrollo en volumen y diferenciación estructural y con su excitabilidad y agudeza variables, determina de modo indeleble características orgánicas y psíquicas inconfundibles. En los machos, el peso del encéfalo es un 10 por 100 mayor, aproximadamente, que en la hembra; pero si tenemos en cuenta que el peso medio de esta es también menor, desaparece tal desigualdad, o mas bien resulta la hembra con mayor cantidad referida a la unidad de peso. En los animales salvajes es también mayor el peso del encéfalo que en los domesticados, ya que en estos sufre algo de atrofia por falta de ejercicio.

En la conformación, tipo constitucional y temperamento animales timen gran influjo las glandular endocrinas, principalmente el tiroides y la hipófisis, que son la glándula de la agilidad y la esbeltez, la primera, y la glándula de las grandes dimensiones y de las formas pesadas, la segunda. Los individuos expresivos, delgados, de gran vivacidad, son hipertiroideos, sin llegar al caso patológico; los apáticos, de vientre abultado, inexpresivos, son animales hipotiroideos.

Los animales de cabeza voluminosa y ancha, de mandíbula saliente y grandes extremidades son hiperpituitarios; los individuos de cabeza chica, boca pequeña y escaso desarrollo pueden ser hipopituitarios. Los dientes y mandíbulas bien colocados (ni deprimidos ni prominentes) y el pelo abundante y con brillantez (buen pelo) indican un funcionamiento endocrino normal. Las alteraciones ováricas tardías de las hembras producen alteraciones de conformación, acercando esta a la del macho, con amplio cuello, debilitación del tercio posterior, cuernos fuertes, etc.

El animal hipertiroideo es excitable y nervioso, como igualmente el hipergenital, y ello produce reses de mucha sangre y acometividad, pero no de dureza, que exige más equilibrada constitución para no agotarse rápidamente. Por el contrario, el individuo hipogenital o hipotiroideo es cobarde y tardo en sus movimientos y ordinariamente con insuficiencia hepática y suprarrenal; es un intoxicado, gotoso o artrítico, con escasas defensas orgánicas que le preserven de posibles infecciones. Las glándulas suprarrenales obran de manera análoga al tiroides, comunicando irritabilidad y agresividad al animal.

Otro de los temperamentos clásicos, tipos o estados constitucionales es el linfático, caracterizado por hiperplastias o hipertrofias de las formaciones ganglionares del animal (amígdalas, ganglios cervicales e inguinales, bazo, etcétera). Por otra parte, el sistema endocrino sufre alteraciones de gran importancia, siendo general que el timo se hipertrofie en contraposición con la hipoplastia tiroidea, hipofisaria, suprarrenal y genital. Hay también atrofia cardiovascular, con vasos estrechos y de paredes delgadas, con hipotensión, generalmente, y con intensa linfocitosis. Conocidos los efectos de las alteraciones funcionales endocrinas, se comprende fácilmente que los animales linfaticos se caractericen por una gran tendencia a la obesidad (fofos), presentando abundante grasa hipodérmica, que determina formas bastas de cabeza empastada y un animal lento, pesado, apático, tardo, con tendencia a la huida, sin acometividad, bravura ni energía. Tampoco se encuentra en estos animales nervosidad, vigor genésico ni desarrollo, aunque todos estos caracteres pueden verse muy variados, ya que las alteraciones originarias del linfatismo son tan numerosas y pueden presentarse en su totalidad o solo parcialmente. En el terreno patológico, el linfatismo es predisponente de la tuberculosis, escrofulismo, raquitismo, etc., además de las enfermedades endocrinas propiamente dichas.

En las vacas, y como consecuencia del sexo, falta la bravura o acometividad y sobra codicia y sentido, por lo cual son menos apropiadas para la buena lidia.

Dada la importancia y característica de la vida instintiva, bien se comprende que, admitido el concepto de carácter en su forma restringida o de constancia en el obrar, reaccionando siempre de igual manera ante estímulos iguales, lo que se llama fuerza de carácter o de voluntad, en el toro se encuentra en grado muy desarrollado, si bien, para diferenciarlo del que es obra de la voluntad superior del hombre, debiéramos llamarle carácter instintivo. Para terminar, insistiré en que la vida psíquica del toro es bastante elemental, como consecuencia del escaso desarrollo del sistema nervioso mental, de la vida tan poco intensiva y variada y de los instintos que obran en era vida tan monótona que no necesita apenas de los actos inteligentes ni aun para buscar el alimento con que siempre cuenta abundantemente. La vida paradisíaca es cada vez mayor en las ganaderías, y la selección de sus cualidades, menos ásperas y duras, va convirtiendo al toro en ere toro tonto comercial que hace posible los alardes y gallardías de la lidia actual, pero que, a la larga, restándole interés y patetismo, pone en riesgo de desvirtuación la fiesta y aun de hacerla desaparecer, al menor como espectáculo que responda a una tradición de lucha y riesgo preponderantes.

Extraído de "El Cossío" la enciclopedia de la fiesta taurina de Espasa- Calpe.

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