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El Toro de Lidia

EL RECONOCIMIENTO

 

La apreciación del tamaño del toro, y no de su trapío, es algo relativo y subjetivo porque depende de muchos factores y no se puede medir como en otro animal cualquiera.

Antes de comentar algunos de los factores que intervienen en la apreciación del tamaño, es preciso decir que es ciertamente difícil preparar una corrida para que los espectadores y aficionados no pongan reparos a su presentación. Es muy difícil preparar una corrida pareja, igualada, porque el toro en el campo tiene muchas vistas, muchas actitudes que dependen de los factores anunciados y que a continuación vamos a analizar.

 El toro en el campo

1.- El pelo. Los pelos, las capas negras hacen que los toros parezcan más pequeños porque no rompen su silueta contra la luz del sol. En cambio, las capas claras hacen que los toros parezcan mayores de lo que son por el efecto óptico al difuminarse su color con la luz del sol.

2.- La gordura. Los toros gordos parecen más grandes porque, inconscientemente, las personas que los ven confunden la gordura con el tamaño.

3.- La cara. Este factor es el que más confunde, el que más interesa y más se relaciona. Cuando un toro infunde respeto, da la impresión de estar más cuajado, más hecho, de ser más toro y en definitiva de ser más grande. El respeto de un toro está en función y deriva de tres factores: la forma de la cara, su expresión y la encornadura.

Los que más aparentan son los de cara corta y ancha, de forma triangular y acarnerada, con el hocico remetido hacia adentro. Infunden menos respeto los de cara larga y estrecha.

La expresión la da la mirada, que puede ser agresiva, dulce, apacible. Cuando la mirada es seria hace aparentar más edad.

La encornadura tiene una importancia excepcional y no hay mejor adorno para el toro que una buena cabeza. Aunque el toro sea bonito, si la encornadura es fea, el conjunto se desgracia y afea completamente. Aparentan más los veletos, cornivueltos, apretados arriba o los brochos. Y aparentan menos los muy abiertos, los gachos y los bizcos.

Los toros delgados, o muy delgados, aparentan más cuerna. Y aparentan más cuanto más delgados son; en cambio los gordos aparentan al revés, y por supuesto los cornicortos.

4.- Las hechuras. Están relacionadas con la gordura y con el tamaño; o sea, con la conformación muscular y con la localización de las adiposidades. Llena más el ojo el toro aleonado, aunque sea almendrado, o "culipollo".

5.- La longitud de las extremidades. Es un carácter interesantísimo para calificar el tamaño de un toro; hay que fijarse muy bien si un toro es pequeño porque efectivamente lo es, o porque lo parece al ser más bajo de agujas. Aquí están los murubes y santacolomas. El tipo y la finura suelen corresponder a toros terciados, o que son francamente pequeños, pero ésto no es raro porque significa una depuración de la especie.

6. El temperamento. También influye en la apreciación del tamaño, generalmente para confundir, porque no es igual el toro que se alegra, que se estira, que se engalla, que amaga, que ese otro que está tranquilo, que anda despacioso, que no hace caso, que anda encogido. El primero parecerá siempre más toro que el segundo.

Todo esto referido al toro en el campo y aún hay que decir que el ganadero también tiene sus trucos para que los toros abulten más, como es el colocarlos en un lugar más alto, en un lugar despejado, sin hierba alta, sin ningún objeto que sirva de referencia. También prefieren enseñarlos cuando están bien comidos, después de beber, cuando les da el sol de lleno_ y como cada maestrillo tiene su librillo, pues además de lo dicho cada ganadero tiene su cartilla, sus maneras, sus formas y... su retranca.

 El toro en los corrales

En los corrales también influye el pelo, el tipo, el respeto, las hechuras, la alegría, la gordura...

Aquí influyen las circunstancias del lugar, porque en los corrales los toros aparentan mucho menos que en el campo. Y esto ocurre porque como en los corrales se ven con mucha más comodidad que en el campo, pues parecen una manada de burros. Además en los corrales han perdido la prestancia que tienen en el campo, porque se le ve encogidos, acobardados, y además de ésto el viaje les influye muchísimo y los estropea a pesar, o quizá por eso mismo, de los tranquilizantes.

En los corrales se aprecia muy bien si la corrida está igualada porque es fácil entrever cuáles son los más grandes, pero siempre dentro de la dificultad que entraña calificar a un toro de grande o pequeño.

Pasan mejor seis toritos iguales que no algunos más pequeños al lado de otros más grandes.

¿Y en el ruedo...?

También influyen, y mucho, la capa, el tipo, las hechuras, la seriedad, la encornadura y el ser más o menos zancudo_ En la plaza también se producen cambios en la estimación del tamaño del toro, porque no es lo mismo la estimación que hacemos a su salida que la estimación que hacemos más adelante en el transcurso de la lidia. Aunque no lo queramos reconocer, es así de cierto: hay varias estimaciones y sobre todo al barbear las tablas se nos hace más pequeño. Y es que, efectivamente, el toro se nos va achicando a lo largo de la lidia porque va humillando y perdiendo prestancia, pero no tamaño.

Todas estas apreciaciones se olvidan y se absuelve al toro de escasa presencia si es bravo y se mueve. Y además es lógico que así sea, porque en la bravura se apoya la razón de ser de la Fiesta, aunque para que la bravura se manifieste en toda su intensidad debe ir soportada por el poder, que es lo primero que debemos exigir al toro, y que es la característica por la cual el toro resiste la lucha hasta el final y que se adquiere con la edad, con la alimentación y con la gimnástica funcional.

Porque a pesar de todo hoy el toro sigue siendo bravo y además se mueve. Lo que esta pasando es el cambio de la conjugación de tres verbos regulares terminados en "ar", o sea de la primera conjugación, que son: parar, templar y mandar por otros tres de la segunda conjugación, por lo tanto terminados en "er", que son: saber, querer y poder. El que sea cofrade que tome vela porque, a pesar de todo, yo sigo en mis trece: ¡¡Siempre sobra toro!!

 

José Mª Cruz Ruiz es veterinario y socio fundador de la Asociación Nacional de Veterinarios de Espectáculos Taurinos (ANVET).

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